«Mi llegada al palco de prensa molestó un poco»

«Mi llegada al palco de prensa molestó un poco»

Sara Estévez fue la primera cronista deportiva. Con 92 años, cree que en el deporte ellos son aún «los mandamases»

ISABEL IBÁÑEZBilbao

En el franquismo, las nadadoras no respiraban a pleno pulmón antes de lanzarse a la piscina, la gestualidad debía ser ‘femenina’. Las deportistas no podían entrenar duro, demasiado para el sexo débil. Un cuerpo musculado era de ‘marimacho’. Hoy... hay campeonatos donde los premios para ellas son la cuarta parte de los masculinos; el 1% de los patrocinios va al deporte femenino, que obtiene el 5% de cobertura mediática. Dicen que el deporte es el ámbito que más discrimina...

Su madre, con tono irónico, solía decirle que «la mujer es la última palabra del credo», es decir, amén. Siempre le animó a no ser ama de casa por obligación. Y Sara Estévez (Bilbao, 1925) se lo tomó al pie de la letra, atreviéndose con una disciplina que en aquellos años era coto cerrado de hombres: el periodismo deportivo, llegando a ser la primera cronista de fútbol del país. Porque pese a haber hecho de todo en la radio, «atentados de ETA, la explosión de Ortuella...», se la liga al Athletic de sus amores. Empezó trabajando en una fábrica donde los obreros hablaban de fútbol, y aprendió mucho. Se ofreció a hacer crónicas en Radio Juventud de Vizcaya... pero no firmaba como Sara los textos que escribía -y que luego leía un locutor-, sino como Maratón.

- ¿Por qué un seudónimo que llevaba a creer que era hombre?

- Porque era tímida. Y porque pensé que los futbolistas del Athletic podían opinar que no tenía capacidad para juzgar su actuación...

Sara, menuda ella, se sentaba al principio en las gradas de San Mamés rodeada de aficionados tomando notas con su bloc sobre las piernas. «Creerían que era una chiflada», dice. Es posible, aunque si hubiera sido hombre simplemente creerían que era periodista. Durante 20 años los oyentes supusieron que Maratón era él y no ella. Hasta que se descubrió el pastel. Se cuenta así en esta entrevista de principios de los 60 en el diario ‘Hierro’ titulada ‘Y es una mujer’: «Pero una mujer que tiene la rara habilidad de entender el fútbol como el más apasionado de los devotos del popular deporte...».

«¿Qué supone que lo hayamos descubierto?», le preguntaban. Y ella respondía: «No creo que me favorezca. Más bien creo que me perjudica. Quisiera no decepcionar a los que confiaban hasta ahora en mí. No creo que tenga mayor importancia que una mujer hable de fútbol. Es algo tan popular e intrascendente que todo el mundo puede opinar. No es raro que me haya atrevido. ¿No te parece?». «Claro que no. Eres mujer…», contestaba de forma enigmática el preguntador preguntado.

Recuerda Sara la primera vez que acudió al palco de prensa: «Creo que mi llegada les molestó un poco. Eran mayores, fumaban mucho, decían palabrotas y yo les iba a amargar la vida. Me senté, me miraron todos a la vez, y dije en voz alta: ‘Soy de Radio Juventud y creo que mi sitio es este’. No tuve más problemas».

«Los dueños de la barraca»

Peleó para que las mujeres tuvieran los mismos derechos que los hombres en el club, ellos eran socios y ellas, por el mismo precio, abonadas... «La mayoría de los socios se negaba a aceptarlas sobre todo porque iba a afectar a la numeración del carné...». Ahora defiende que se pague al Athletic femenino un sueldo de profesional, «porque, si no, muchas deben dejarlo para trabajar en otra cosa, y así el fútbol femenino no llega a nada. Y que las dejen jugar en San Mamés los partidos importantes. Cuando ganaron la Liga pensé que no había que sacar la gabarra, pero cambié de opinión al ver el recibimiento masivo que tuvieron».

- Dice Matilde Fontecha, doctora en Filosofía y licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, que este es el ámbito que más discrimina a la mujer.

- Puede que sea cierto. En el tenis de las estrellas las chicas se quejan de que sus salarios son más bajos. Y los logros masculinos siempre se han valorado más. Incluso los premios son más altos para ellos (en una prueba de surf los chicos ganaban 2.000 euros y ellas solo 500).

En México, las periodistas deportivas denuncian que se cuestiona con insultos su valía y que las usan como floreros. Aquí sorprende que en la tele las periodistas sean jóvenes y guapas mientras que ellos... «Son los dueños de la barraca y las elijen por el físico, sin dudar de su capacidad. Ellos pueden ser viejos, feos y con barriga».

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