El juez envía a prisión al padre de los niños asesinados en Godella

Los padres con los dos niños. / lp

Los vecinos aseguran que los progenitores vivían «en un mundo #muy raro de creencias religiosas entremezclado con consumo de drogas»

E.C.

El titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Paterna decretó este sábado el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza para el padre de los niños muertos en Godella (Valencia) por dos presuntos delitos de asesinato. El sospechoso, que permaneció casi toda la jornada en dependencias judiciales, se acogió a su derecho a no declarar.

El esoterismo, la magia, la reencarnación y los delirios religiosos acompañaban la rutina diaria de los progenitores de los menores. Vecinos cuentan que el deterioro mental de María se había acentuado acompasado por las locuras esotéricas y delirios de Gabriel. «Te quiero, te amooo», proclamaba hace dos semanas en una red social en mensajes supuestamente dirigidos a su compañero. «A ella se le iba la pinza con ideas de fantasmas y alienígenas», le describe una vecina.

Las extrañas creencias y conductas marcaban, según los vecinos de Rocafort, la personalidad de Gabriel, de 32 años. Irene, otra vecina, lo recuerda en la calle con sus dos perros y tocando la guitarra. «Fumaba porros todos los días», asegura. Según cuenta, el padre tenía la costumbre de hacer «círculos esotéricos, como de magia negra, en un parque». Vivía, según ahonda la mujer, «en un mundo muy raro de creencias religiosas entremezclado con drogas».

«Tenían que resucitar»

Algunos residentes le definen como «introvertido», aunque tampoco tenía reparos en 'colgarse' en YouTube tocando con su guitarra piezas de temática religiosa. «El no pecar te da la magia, el no pecar te da la gracia, el no pecar te da el café. Los cuentos siempre acaban bien, pero la magia está en no pecar», cantaba hace dos semanas.

El día del crimen, María, que será interrogada hoy por el juez, fue hallada por un perro de la Guardia Civil desnuda, en posición fetal y la mirada perdida. Sus palabras fueron confusas para los agentes: los niños «tenían que resucitar».