Vascos de altos vuelos

«En Japón existe una actitud más sumisa hacia el Gobierno»

Thomas Trincado ha vivido en un pueblo del «Japón profundo» y en la superpoblada Tokio./E. C.
Thomas Trincado ha vivido en un pueblo del «Japón profundo» y en la superpoblada Tokio. / E. C.

Este sopeloztarra llegó al país nipón en 2015 y el año pasado cofundó una startup que utiliza el arte japonés 'aizome' para hacer sábanas

LAURA A. IZAGUIRRE

Después de Alemania, Francia y Reino Unido, Thomas Trincado aterrizó en Japón. Licenciado en Traducción e Interpretación «con un enfoque hacia Derecho y Administración de Empresas», trabajó en la Embajada de España en Londres y en el sector de la tecnología médica en Múnich hasta que en octubre de 2015 le asignaron un proyecto en Japón gracias al cual se mudó a Tokio. «En abril de 2017 empecé a trabajar para una compañía japonesa que desarrolla productos de ingeniería eléctrica». Un país y una cultura que no eran desconocidos para él ya que «en la universidad estudié dos semestres de japonés y en 2014 pude visitar el país nipón. Fue cuando realmente me di cuenta de lo mucho que me gustaba», explica este emprendedor -de 27 años, nacido en Sopela y de ascendencia británica-, que hace un año lanzó junto a un amigo la startup Aizome Bedding.

Desde que llegara al país asiático, su periplo le ha llevado a vivir en dos zonas completamente diferentes: en Ueda, una ciudad de la provincia de Nagano, «un pueblo en lo que los japoneses llaman la 'inaka' (algo así como 'el Japón profundo')» y en Tokio, el área metropolitana más habitada del mundo. Y eso le ha servido para darse cuenta de la gran diferencia en el modo de vida dentro del propio país. «Tokio es internacional, moderno, impaciente, colorido, rápido, joven, 'guay', innovador... En contraste, en la 'inaka' todo parece ir muy despacio y apenas se aprecia que sea un país tan aparentemente abierto al resto del mundo». No en vano, para Thomas «Japón es un país de contradicciones». Por un lado, es el más innovador de todo el continente, tal y como lo demuestran su cotidiano y avanzado uso de la tecnología y su cultura pop y, sin embargo, se aferra fuertemente a su cultura tradicional. «No es raro ver a los estudiantes ponerse kimonos para ir a los templos durante los fines de semana y pedir a los dioses locales buenas notas, cosa que no ocurre en otros países asiáticos», destaca este vizcaíno para el que «aprender el idioma es probablemente la parte más difícil e importante de vivir aquí, ya que apenas se habla inglés».

Diferencias y similitudes

Las diferencias entre Japón y Euskadi saltan a la vista. «Algo que me fascina de los japoneses son los modales y el respeto por la propiedad pública. Las calles están impecables y libres de basura, las estaciones de tren más ajetreadas tienen colas organizadas y, en general, existe una atmósfera de respeto al prójimo que muchos otros países envidiarían». Ejemplo de ello es que en una ocasión perdió el móvil en un tren. «No habían pasado ni 10 horas cuando me llamó la policía diciéndome que alguien lo había encontrado y lo había devuelto. Rara vez me ha pasado en Occidente».

«Los trámites aquí son bastante rígidos»

La carencia de productos orgánicos animó hace un año a Thomas y a su socio a poner en marcha su propia línea Aizome Bedding, una startup textil que confecciona sábanas utilizando algodón orgánico no tratado, tinte natural y agua a través del tradicional arte japonés 'aizome' de teñir tejidos con el colorante que se saca de la planta índigo. «Los trámites en Japón son bastante rígidos. Hay que aprender japonés y tener buenos contactos locales. Tienen una manera muy particular de hacer negocios y, para ello, tienes que contar con gente que entienda la cultura desde dentro», asegura este vizcaíno.

Por el contrario, «Euskadi tiene una participación política y democrática mucho más desarrollada. Cuando la sociedad vasca ve algo injusto sale a protestar y aquí existe una actitud más sumisa hacia el Gobierno y las estructuras de poder», asegura Thomas, que confiesa que una de las cosas que más echa de menos es la gastronomía vasca y la cultura que la rodea. «Sobre todo, el hecho de compartir comida mientras se socializa. En Japón se va al restaurante solo e, incluso, muchos tienen cabinas individuales».

Los japoneses, además, tienen una manera muy metódica de hacer las cosas, «lo cual tiene puntos muy positivos, pero también algunos negativos. Porque cuando las cosas funcionan, no hay problema, pero cuando surge una situación nueva, hay poca capacidad de reacción y se pierden muchas oportunidades», detalla este joven emprendedor. «Encontrar el balance correcto entre un proceso claro y una flexibilidad positiva ha sido el reto más importante de mis años trabajando en Japón», destaca Thomas, a quien su experiencia le ha hecho darse cuenta de que «se nos olvida que somos más similares de lo que creemos». «Los japoneses, tanto como los vascos, se preocupan por sus amigos, familia, trabajo, por su salud y su felicidad».