A Jamie Oliver se le atraganta su propia cadena de restaurantes

Jamie Oliver, en uno de sus retaurantes. /Reuters
Jamie Oliver, en uno de sus retaurantes. / Reuters

El popular cocinero británico tendrá que cerrar su negocio, en el que trabajan 1.300 personas, si no encuentra un nuevo comprador

EL CORREO

Tener un nombre en el mundo de la cocina no es sinónimo de nadar en dinero. El último y más claro ejemplo de ellos es el de Jamie Oliver, el 'enfat terrible' de la cocina británica. Se dio a conocer muy jovencito -ahora tiene 43 años- y montó un emporio: restaurantes, libros, programas de cocina... Todo el mundo quería contar con él.

Conquistaba con su manera fácil -y un tanto bruta- de acercar recetas de la cocina mediterráneo, primero más densas, luego, cuando se puso serio con las grasas, más light. Sin embargo, ahora, su cadena de restaurantes (que manejan unos administradores) está al borde de la quiebra. La firma ha pedido a la auditoría KPMG que se haga cargo de este proceso, cuya misión será la de intentar encontrar un comprador. El negocio incluye 25 restaurantes, 23 se llaman Jamie Oliver y los otros dos son Barbecoa y Fifteen.

«Estoy profundamente triste por este resultado y quisiera agradecer a todo el personal y a los suministradores que han puesto el alma y el corazón en este negocio durante más de una década. Me doy cuenta cuán difícil es esto para todo el mundo afectado», ha señalado el propio cocinero. «También quisiera agradecer a todos los clientes que han disfrutado y nos han apoyado en la última década, ha sido un placer servirles», ha subrayado

La cadena fue puesta en marcha con la intención de servir platos hechos con ingredientes de calidad y sus problemas vienen de lejos. A principios de 2017, el chef ya había anunciado el cierre de seis establecimientos. Entonces, acusó al 'Brexit' de haber encarecido los precios -debido a la depreciación de la libra esterlina desde el referéndum de junio de 2016- de los ingredientes utilizados para preparar sus platos italianos. El año pasado echaron la persiana otros doce. Y el propio Oliver tuvo que aportar 14,82 millones de euros de su propio bolsillo para salvar el negocio. Ahora, si esta operación no encuentra quien la lleve a buen puerto, se quedarán en la calle 1.300 personas.