Y todo el instituto se plantó ante el profesor machista

Y todo el instituto se plantó ante el profesor machista

Andrea (17 años) y sus compañeros lograron una multitudinaria movilización del alumnado contra un docente por sus comentarios sexistas

MARÍA JOSÉ TOMÉBilbao

¿Eres igual de pesada en la cocina?». «Os voy a dividir en dos grupos, en uno los chicos y en otro las chicas y los maricones». «Igual tiene que venir vuestra madre a limpiar eso» «¿Y ese escote?». «Llevas los labios pintados... ¿Qué pasa, tienes guerra en casa?»

Las ‘perlas’ no están extractadas del ‘Manual del perfecto machista’ ni han sido pronunciadas por un macho-alfa del siglo pasado con sobredosis de testosterona: lo grave del asunto, lo que clama al cielo, es que han salido hace escasas semanas por boca de un profesor de Bachillerato en un instituto de Bilbao ante una clase de alumnos a los que, en teoría, debería educar en valores, entre ellos, la igualdad. «Eso es lo más tremendo de todo, que tuviésemos que escuchar esas frases por parte de una persona que debería ser un modelo a seguir, un referente», asegura Andrea, una alumna que, harta de las faltas de respeto, decidió un día junto con un grupo de compañeros (la mayoría, chicas) que había que pararle los pies.

Andrea (nombre ficticio) tiene 17 años, está en 2º de Bachillerato y prefiere no mostrar su verdadera identidad; teme que su beligerancia le pase factura por parte de un claustro que no estuvo a la altura y al que un grupo de adolescentes supieron sacar los colores. Porque el runrún venía de atrás, todo el mundo sabía que ese profesor era de todo menos feminista. Era algo que se esperaba, que nunca fallaba, como la sirena a la hora del recreo o el examen sorpresa de ‘mates’: tarde o temprano el docente acababa soltando en clase la broma casposa o el comentario sexista del día. «Me tenéis hasta los cojones; perdonad, chicas, por la expresión».

Pidió perdón...a su manera

Ya el curso pasado, los alumnos de una clase se plantaron un día ante su actitud y una alumna le afeó su comportamiento en el aula. «La sacó fuera y le dijo que solo eran bromas, que llevaba muchos años en esto y que no tenía miedo porque no le podían hacer nada», cuenta Andrea. Llegaron a escribir una carta a dirección, pero la respuesta no era la que esperaban: «Dijeron que le quedaba poco para jubilarse y que una medida disciplinaria podría estropear su retiro». Una excusa que a Andrea le duele aún más por un significativo detalle: el centro está dirigido por una mujer. «Esperábamos algo más de solidaridad, de empatía».

Este curso, las quejas por las groserías insultantes del profesor fueron a más, hasta el punto de colmar la paciencia de Andrea y sus compañeros. Un día, tras otra salida de tono, convocaron una improvisada asamblea y, con ayuda de las redes sociales, llamaron a todo el alumnado a manifestarse en una sentada: en cuestión de horas, más de 200 alumnos ocuparon los pasillos y las escaleras del centro, con la advertencia de que no se moverían de allí hasta que la dirección tomase cartas en el asunto.

«Conseguimos que el profesor se reuniese con los delegados y delegadas. También la dirección habló con él pero, una vez más, lo dejó pasar». En algunas clases, el docente pidió perdón a su manera, justificando sus salidas de tono machistas por su edad y una educación patriarcal. Lo cierto es que, de momento, las quejas por sus comentarios ofensivos han cesado.

Andrea nunca olvidará la sensación que le embargó al ver aquella multitudinaria concentración: se sintió poderosa. «Demostramos que la cuando la gente se une por algo que le parece injusto es posible cambiar las cosas. Aunque a veces te sientas impotente, se puede», insiste la joven, que hoy se sumará a los actos organizados en su instituto y secundará la huelga feminista.

Paradójicamente, la campaña diseñada por Emakunde apela este 8-M a la responsabilidad de los adultos, desde padres a profesores, para acabar con el sexismo. ‘La igualdad se aprende, enseña igualdad’ es el lema institucional de la jornada. El caso ocurrido en e l instituto de Andrea demuestra queda aún mucha pedagogía por hacer dentro de las aulas... y no solo con los alumnos.

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