¿Te imaginas que tu jefe te abrazara al llegar al trabajo?

Empleados de una multinacional estadounidense trabajan en un ambiente relajado./AFP
Empleados de una multinacional estadounidense trabajan en un ambiente relajado. / AFP

JAVIER GUILLENEA

Llegas una mañana a la oficina, se te acerca el jefe y te da un fraternal abrazo. Así, por sorpresa, como quien no quiere la cosa. Otro día quizá te invite a desayunar para hablar de todo un poco en tono distendido, nada oficial, o puede que asome de algún despacho una bandeja de pasteles para toda la plantilla. Son cosas que pasan y que, dicen quienes promueven este tipo de sorpresas, contribuyen a crear en las empresas un ambiente positivo.

La búsqueda del bienestar ha hecho su aparición en el mundo laboral de la mano de una nueva figura que ha surgido en la gestión de los recursos humanos: los 'chief happiness' o directores de felicidad. Son profesionales que se encargan de que los empleados de una compañía sean felices en su trabajo y, en consecuencia, produzcan más, mejor y con una sonrisa en los labios.

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Esta tendencia, que nació en Estados Unidos, ha propiciado la aparición de consultorías especializadas en crear entornos laborales felices. Una de ellas es Aeía, dirigida por el conferenciante y escritor Pablo Claver, que ocupa en su empresa el cargo de 'gestor de sueños'. «Hasta ahora las compañías han puesto el foco en cuestiones extrínsecas como los salarios, los complementos o las dietas, pero tiene que haber emociones positivas como el reconocimiento del trabajo o el compañerismo», afirma Claver, que ha vertido sus experiencias en libros como '¡Por fin es lunes!'.

Aeía plantea a las empresas actividades como generar cadenas de favores entre los compañeros o llevar un diario colectivo de los hechos positivos que suceden cada día en la empresa. Según sus promotores, esta actividad «sirve para entrenar y reprogramar nuestro cerebro para focalizar en lo positivo y valorar más lo que se tiene».

También se pueden organizar comidas entre compañeros que no se conocen o se conocen poco, intercambiar durante horas o un día el trabajo con otro colega o realizar actividades sorpresa como repartir abrazos, llevar zumo de naranja para todos o incluso echar unos bailes. «Si tienes un plan de felicidad en marcha, a los seis meses los indicadores de negocio mejoran», garantiza Pablo Claver.

El gestor de sueños de Aeía no comparte la visión de quienes advierten sobre los riesgos de la 'tiranía de la felicidad'. Él prefiere hablar de «una oportunidad maravillosa» que no podemos desaprovechar. «No se le obliga a nadie a ser feliz, eso es una decisión mental de cada uno, pero en los últimos veinte años la ciencia de la felicidad ha avanzado tanto que el que no quiera modelar su cerebro en este estilo de vida va a ser el analfabeto del siglo XXI», previene.

La mejor de todas

Un ejemplo de empresa feliz es Ciberclick, un grupo especializado en marketing y publicidad digital que durante varios años ha sido designado como la mejor pyme para trabajar en España. David Tomás, CEO de la compañía y autor del libro 'La empresa más feliz del mundo', sostiene que sí, que en la organización que ayudó a fundar se vive bien. «Eso no significa que estemos todo el día de cháchara ni tomando copas. Lo importante es cómo te sientes con tu trabajo y tus compañeros», asegura.

En 2003, los responsables de Ciberclick iniciaron un proceso de cambio. «Empezamos a preguntar a la gente si estaba contenta en el trabajo; es una manera de que se den cuenta de que no se les trata como a números», recuerda Tomás. Los treinta empleados de la empresa rellenan cada tres meses una encuesta en la que se les plantean cuestiones como si creen que tienen un salario justo, si se sienten valorados o cómo se llevan con sus compañeros. Las respuestas sirven para medir el grado de bienestar en el trabajo y corregir las disfunciones que puedan detectarse. El CEO de Ciberclick pone un ejemplo: «Había un compañero que se dedicaba a revisar tablas en un ordenador. Era una tarea muy pesada que no le aportaba nada, por lo que creamos un 'software' para hacer ese trabajo. Esta persona dedica ahora su tiempo a lo que más le gusta».

¿Y los resultados? «Desde que hemos hecho este cambio cada año nos ha ido mejor. No sabemos si hay una correlación, pero es de sentido común. Nuestros clientes nos dicen que habitualmente no trabajan con gente como nosotros, que somos más creativos», asegura David Tomás. «Aquí no solo vienen cuerpos a trabajar, también vienen mentes abiertas», recalca.