El humo de la marihuana llega al Congreso

En marzo se discutirá el primer proyecto de ley para la legalización integral del cannabis, mientras grandes empresas se preparan para entrar en este gran negocio

Invernadero de una trasnacional del cannabis. /Efe
Invernadero de una trasnacional del cannabis. / Efe
Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

El Congreso español discute en marzo el primer proyecto de ley para la legalización integral del cannabis, tras la iniciativa presentada por Podemos. Un análisis de los cinco vértices que tiene esta polémica planta, desde su uso medicinal hasta su lado más oscuro, pasando por el negocio, da una idea de la complejidad de un asunto que, por primera vez, llega al debate político.

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Medicinal

Un refugio contra el dolor

Cuando tenía once años, Carola Pérez se cayó patinando. Un juego de niños que acabó en tragedia. Se rompió el coxis. Los médicos intentaron salvarle el hueso, pasó desde entonces por varias rehabilitaciones. Ocho años después, con el final de una niñez marcada por un accidente crucial para el resto de su vida, la operaron para extraer la parte afectada. «No se puede quitar hasta que termina de crecer», explica Carola Pérez, que ahora preside el Observatorio Español del Cannabis Medicinal (OECM). «Quedó peor. Tengo fuertes dolores neuropáticos, que son los peores y que tienen mala respuesta farmacológica». Desde entonces, ha pasado trece veces por el quirófano, incluyendo estos últimos dos años. La última cirugía, hace seis meses. Para soportarlo y mantener una vida activa, necesita los sedantes más efectivos.

Para «engañar» al dolor, Carola Pérez asegura utilizar dos fármacos: fentanilo y diazepan, ambos sintéticos. El primero, un opioide, cien veces más potente que la morfina; el segundo, un relajante derivado de las benzodiazepinas. Aunque los dos calmantes se prescriben con un estricto seguimiento de las autoridades sanitarias, el fentanilo, sobre todo, se encuentra en el ojo del huracán por el incremento de consumo y muertes por sobredosis en Estados Unidos. El uso del cannabis ayuda a Carola Pérez a restringir esas drogas químicas que causan una mayor dependencia, mientras aprovecha las ventajas ofrecidas por los derivados de la marihuana. «Prefiero llamarlo cannabis, para evitar la estigmatización. Ayuda a dormir bien, a que la herida cicatrice, a quitar el dolor, sube el estado de ánimo y aumenta el apetito».

En efecto, los elementos que contiene la planta de la marihuana, que ya se empleaban con fines medicinales en el siglo XIX, funcionan para controlar náuseas, paliar el dolor neuropático y otros dolores crónicos, aporta espasticidad en la esclerosis múltiple y sirve en la atención paliativa del cáncer y en la epilepsia infantil intratable, según evidencia científica recopilada en el reporte de diciembre de 2018 'Uso medicinal de cannabis y cannabinoides', del Centro Europeo de Monitoreo de Drogas y Adicción a las Drogas de la Unión Europea.

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Policial

El lado oscuro que la hizo ilegal

El lado oscuro de la marihuana, ilegalizada recién en 1961 cuando se incluyó como droga sin usos médicos en la Convención Única sobre Estupefacientes, se asienta en el mismo lugar donde actúan sus beneficios: el cerebro. «Hay evidencias científicas de que el consumo de cannabis deteriora la memoria y podría producir anemia», alerta el neurocientífico Diego Redolar, profesor de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). «Algunos de sus principios activos, como el THC o el cannabinol tiene efectos muy negativos sobre la plasticidad sináptica, modifica las conexiones de las neuronas, afecta el aprendizaje. Hay pruebas moleculares en animales. En personas jóvenes sus efectos serían más marcados».

Cada día el dos por ciento de la población española fuma porros, pero los 120.000 pacientes que utilizan cannabis con fines terapéuticos, según datos del OECM, lo consumen en vaporizadores, aceites y cremas con el principio activo THC. Sin importar la finalidad del consumo, su adquisición debe hacerse en el mercado negro, siempre en la ilegalidad.

Más de 10.000 individuos han sido detenidos por tráfico de cannabis en 2017, según estadísticas del Consejo General del Poder Judicial, y han sido decomisados 34 millones de gramos de marihuana y 335 millones de gramos de hachís. También se incautaron productos medicinales como los aceites de cannabis (6.000 gramos, un 60% más que el año anterior), utilizados con fines paliativos por pacientes como Carola Pérez. Mientras tanto, la legalización de la marihuana se debate en el Congreso.

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Legislación

Una propuesta para su regulación integral

En un país donde casi la tercera parte de la población ha fumado hachís alguna vez en la vida, la política obvió el tema hasta finales del año pasado, cuando Podemos avanzó los lineamientos de un proyecto de ley para su legalización «integral». «Una regulación en todas sus fases para todos sus usos», explica Txema Guijarro, secretario del grupo parlamentario de Podemos. «El enfoque de partida es de salud pública, porque la lucha contra las drogas no ha sido eficiente: aumentan los niveles de consumo en todas las edades».

A pesar de que el objetivo de Podemos es «abrir un debate público que culmine con una regulación integral y responsable», como dice un documento interno, otros actores prefieren que no se mezcle el uso medicinal con el recreativo. «Regular el cannabis medicinal sólo conlleva ventajas, como la seguridad para el usuario, la creación de empleo y los impuestos que genera», advierte Carola Pérez. «Pero el uso lúdico es otro tema, más complejo, que tendría que cambiar leyes y tratados. En el medicinal, no».

Los efectos benéficos del cannabis se comenzaron a estudiar en los años noventa, cuando se demostró cómo los cannabinoides actuaban en el cerebro para controlar el dolor crónico y los trastornos neurológicos. «El cannabis también puede ayudar a personas con condiciones clínicas, pues resulta útil para contrarrestar los efectos de enfermedades crónicas y de otras drogas como la cocaína pero la cuestión es debatir para qué vamos a legalizar el cannabis», advierte Redolar. «Hay que tener presentes tanto los beneficios como los efectos adversos, como la alteración del hipocampo y la pérdida de memoria».

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Político

La postura de otros países

El mismo día que se entregaba a la policía el jefe del Clan de los Castañitas, Isco Tejón, responsable del 70% del tráfico de hachís del Estrecho de Gibraltar, por donde se mueve casi la mitad de la droga que ingresa en España, se realizaba el foro 'Hacia la regulación integral del cannabis', organizado por Podemos. «Después de la salud pública y la protección de la infancia, insistimos en otros efectos positivos de la regulación integral, como la recaudación o la investigación», sostiene Guijarro, quien participó en el foro. «La propuesta se basa en el propio modelo productivo español, con un sistema de licencias para la producción, distribución, consumo y publicidad».

En la Unión Europea, hoy en día no existe ninguna autorización de comercializacióna nivel continental para productos que contengan cannabinoides, aunque se permiten autorizaciones de «uso compasivo» para recetar o comercializar medicamentos no aprobados, según el más reciente reporte de la Unión Europea sobre cannabis. Entre los países que ya han dado el paso de legalizar el consumo de la marihuana, sea medicinal o recreativa, se cuentan Uruguay, Colombia, Alemania, Portugal y Canadá, que demoró 17 años en ampliar la regulación de lo medicinal a lo recreativo. En otros países, como Estados Unidos, la legalización es materia federal.

En España, el Ministerio de Sanidad ni siquiera incluye el uso medicinal del cannabis en su 'Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España' del periodo 2017-2018 y aseguran que «la legalización del cannabis no está en la agenda» de la ministra María Luisa Carcedo. Catalogada en ese informe como la «sustancia ilegal más consumida en la población española», estima que en un solo año empezaron a consumirla 223.000 personas, la mitad era menor de edad; y que la consumen 647.000 personas (519.000 hombres y 128.000 mujeres) cada día.

Carola Pérez.
Carola Pérez. / Virginia Carrasco

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Comercial

Un negocio multimillonario

La iniciativa internacional más reciente para despenalizar el cannabis ha sido de Israel, que aprobó la exportación de los productos medicinales de la marihuana, con lo que se espera aumentar el cultivo local e incrementar la industria de esta planta y sus derivados. Cuando comenzó la venta legal de marihuana recreativa en Canadá, en octubre de 2018, el gobierno de Trudeau calculó que unos 5.000 millones de euros anuales, hasta ahora opacos, entrarían dentro del sistema financiero legal.

Algunas provincias canadienses eligieron la vía del libre comercio, que abría el negocio también a pequeños proveedores; otros, como la de Ontario, eligió suscribir acuerdos para el suministro de las flores (que es lo que se fuma), el aceite y las semillas (para cultivo casero) a grandes productores como Canopy, Aurora Cannabis, Aphria, Hydropothecary, Tilray o MedReleaf. Un gran negocio planetario estimado por el centro Havocscope en 125.000 millones de euros anuales. La cuarta que más factura con 180 millones de consumidores, después de la falsificación de medicamentos, la prostitución y el contrabando de electrónicos.

En un documento interno, Podemos hace una «estimación tentativa» de unos 1.500 millones de euros el primer año, para por encima de los 2.000 millones anuales un lustro después. «Hemos tirado del ejemplo de Colorado (EE UU) que tiene ya varios años con una regulación del cannabis», explica Guijarro. «No nos oponemos al negocio de las trasnacionales, que ya se está dando sin regulación, pero queremos evitar que desplace a los pequeños productores rurales».

En el sector existen las fusiones y las compras de las compañías grandes a las pequeñas, buscando mejores posiciones en un mercado que crece cada año con las tendencia regulatoria. Lejos queda la imagen de pequeños productores en el patio de su casa y con pequeños negocios, como el de la serie 'Descolocados' de Chuck Lorre, protagonizada por Kathy Bates. O la idea asociativa en el mundo rural que idealiza Podemos. Aunque el cannabis medicinal termine siendo un gran negocio de empresas trasnacionales, como ha sucedido con los opioides, el debate de fondo es cómo proveer de seguridad jurídica y sanitaria a los consumidores que la necesitan como parte de una terapia. «Se trata del bienestar de personas que están sufriendo», mantiene Carola Pérez, con su testimonio en primera persona. «Es injusto. Bastante dura es nuestra vida para además estar en un sistema ilegal».

 

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