A fichar todo dios en el trabajo

La ley que entra en vigor el domingo genera tantas preguntas como debate

A fichar todo dios en el trabajo
JON UARIARTE

Este domingo toca fichar. No se escapará nadie. Eso dicen. Si no lo hacemos, la multa oscilará entre los 626 y 6.250 euros a las empresas no cumplidoras. Hay polémica y no es para menos. Sobre el papel queda tan bonito que dan ganas de enmarcarlo. Evitaría el exceso de horas de trabajo sin remunerar. Y a su vez detectaría a los empleados que son más habilidosos en lo de desaparecer del lugar de trabajo que el gran Houdini. Pero la vida no es tan sencilla. Tiene más flecos que una alfombra. Llevo fichando desde hace años. Siempre dicen que es por mi bien. Pero lo odio. Y eso que me permite contar, si hiciera falta, con la prueba de que meto más horas que Alfredo Landa en «Vente a Alemania Pepe». Pero siempre he pensado que fichar supone aceptar que todos mentimos. Empleados y jefes. Y que la responsabilidad no existe. Lo que, llámenme raro, confirma que no hay remedio. Creemos a la máquina y no al hombre. Cosa que nos hemos ganado a pulso. Para comprobarlo, basta con hacer un poco de memoria.

Recuerdo una empresa pública en la que, sin ningún pudor, un trabajador fichaba por el resto, tanto al entrar como al salir, mientras los dueños de las tarjetas estaban en casa o trabajando en otro lugar. Hablo de fichar por una docena de compañeros. A veces más. Y cuidado con largar por esa boquita y contar lo que pasaba, porque la reacción podía ser más contundente que la de los Corleone. Además, esto es lo grave, los jefes estaban allí de paso y puestos a dedo, así que no querían problemas. Total, el dinero era público... Pero también en la privada he conocido, seguro que ustedes también, a gente que no morirá de estrés ni ahogados en sudor. Que el resto tenga que trabajar el doble por ellos es algo secundario. Pasa mucho en las empresas grandes, donde esconderse y no hacer nada es más fácil. También hay quien cree que, por ser grande, la empresa será eterna. Que no le pueden echar. Como si llevar muchos años fuera el equivalente a un puesto vitalicio. Y luego vienen los lloros. Suele ser tarde. Cuando la empresa quiebra. O cuando han echado y jubilado a los que valían y trabajaban de verdad. Cosa que también pasa, porque hay gente con mucha cara, en las pequeñas empresas.

El 95% de las españolas tienen menos de cinco trabajadores. Vamos que todos se conocen. Algunas combinan la movilidad laboral y la conciliación, para sobrellevar el asunto. De hecho ya no es tan raro trabajar desde casa. Quizá por ello, la norma solo sienta una base legal, que será desarrollada en los convenios de cada empresa, atendiendo a las particularidades de cada compañía. Vamos que se aplicará según el tipo de trabajo y sus circunstancias. Y esto puede parecer una ventaja, pero hay empresarios con alma de tirano. Tus horas siempre le parecerán escasas. Cuidado con salir un día antes, porque pasas a la lista negra. Conozco también a gente así. O a jefes con alma de «fugitivo del hogar», incapaces de entender que sus empleados y empleadas tengan una vida personal y una familia que les espera. Y por último está quien utiliza la obligación de fichar para amedrentar. Lo que me lleva a una anécdota personal.

Un cretino que espero no siga vivo, lo siento pero en estas cosas siempre soy sincero y jamás olvido, me la jugó por no fichar. Trabajaba una media, siempre fui poco listo, de 11 horas. Pero un día salí una hora antes de lo habitual por asuntos personales. A la mañana siguiente el jefecillo mencionado, que me tenía ganas, me abrió expediente. Como tampoco tengo mano izquierda me planté ante el director y le dije que me largaba. Al final se solucionó, porque sabía de mis largos horarios. Pero cada vez que ficho recuerdo a aquél personaje. Que, por cierto, fumaba. Y mucho. Lo digo porque es un colectivo que las va a pasar canutas. Piensen en su empresa y echen cuentas.

Tengo una compañera que fuma un cigarrillo cada 50 minutos. Como mucho, aguanta una hora. Y la media del tiempo que emplea entre que sale a la calle, lo enciende, pega unas caladas y lo tira es de cinco minutos. Sumado, teniendo en cuenta su horario laboral, hace una media de 45 minutos al día. A ver cómo lo justifica a partir del lunes. Lo que seguro alegrará a algunos compañeros hartos de ver cómo las y los fumadores hacen más paseítos que un jubilado en Benidorm. Y a esta compañera no le bastará ser buena en su trabajo. Incluso excelente. Recordemos que no se valora el ingenio sino el sudor. Fue así y vamos a peor. A los hechos me remito. Por cierto, la decisión la tomó el Gobierno un viernes por la mañana. Antes de comer. Lo que casa con lo anterior. Ese día, a partir de cierta hora, casi nadie está en su trabajo. ¿Lo evitará la nueva ley? Son muchas las dudas. Tantas que tecleo estas líneas en casa, cuando duerme hasta el vecino del 3º que tiene insomnio. Ayer hice una entrevista por teléfono, mientras se me enfriaba el café en un bar. Pena que no hubiera dónde fichar. Ni en casa, ni en ese local. En fin, el lunes pasaré y le preguntaré al dueño si puedo fichar en su bar. Porque hay trabajos, algunos lo olvidan, que no entienden de lugares ni tiempos. La clave está en hacerlo. Y, a poder ser, bien. O así debería ser. Pero, como decía al principio, aquí nadie se fía de nadie. Por eso, desde este domingo, a fichar todo Dios.