«Soy feminista y sería feliz llevando en mi vientre el bebé de otra pareja »

«Soy feminista y sería feliz llevando en mi vientre el bebé de otra pareja »

Una mujer pide la voz en un debate público sobre la maternidad subrogada para ofrecerse a «vivir la experiencia en primera persona»

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

«Sería feliz llevando en mi vientre el bebé de otra pareja. Me encantaría vivir la experiencia en primera persona. Sólo cuando ese milagro de la vida ha llegado a mí, a través de la experiencia de un amigo, me he dado cuenta de lo que supone algo así. Soy donante de órganos, de óvulos y también soy feminista por historia. Pertenezco a una familia de tradición feminista y no dejo de sentirme así por el hecho de querer ser madre gestante. ¿Que si cobraría por ello? Si me pagan, igual que gratifican a las donantes de óvulos, perfecto;pero si no me lo dan, igual de bien. No hay dinero que pueda pagar ese vínculo especial que se llama Humanidad».

Una mujer de 40 años, Txari Rodríguez, pidió la palabra ayer en un debate sobre la maternidad subrogada organizado en Bilbao por el Colegio Vasco de Periodistas para realizar en público este ofrecimiento. El coloquio, con la participación de varios expertos, abordaba el alto precio –económico y emocional– que llega a pagarse por engendrar un hijo en esas condiciones, cuando esta vecinade Barakaldo se dejo oír. «Me ha tocado muy de cerca», explicó a EL CORREO al término del encuentro. «A mí antes también me causaba recelo lo que llaman, de manera insultante, vientres de alquiler, pero estar cerca de mis mejores amigos cuando vivieron el proceso hizo que me interesara por el tema».

La pareja a la que se refiere busco un bebé en Chicago, que resultó ser niña. «De pronto, conocí a una americana que tenía la vida resuelta con su trabajo, su esposo y sus hijos, pero que quería ayudar a mis amigos a tener el suyo. Me pareció algo precioso y pensé 'qué valor tiene esa mujer'». El embarazo, según cuenta, fue para adelante, gestando su conciencia. «Escuchaba a mis amigos negociando cosas como quién de los dos asistiría al parto, quién lo tomaría en brazos por primera vez; y me planteé 'pero, ¿por qué han tenido que irse hasta allí?'. La muerte de su padre por un cáncer de pulmón la convirtió en donante de órganos, luego de óvulos. Yasí hasta ayer.

Cada año, unas mil parejas españolas viajan a países extranjeros para ser padres con esta técnica

El debate sobre la gestación subrogada estará, sin duda, presente en la próxima campaña electoral, especialmente ahora que Ciudadanos ha anunciado una iniciativa para su regularización. Es una práctica que, de momento, no es posible en España, con pocos visos de salir adelante porque lo rechazan las líneas oficiales de PSOE, PP y Podemos, pero que, muy posiblemente, necesita ser atendido. En España, más de mil bebés –serían unos 50 en Euskadi, aunque algunas fuentes creen que no son tantos– nacen cada año en un limbo legal por haberse desarrollado en un vientre distinto al de su madre. La comercialización, incluso explotación sexual, que ha propiciado esta técnica desde su nacimiento en la década de los ochenta llevó a desterrar su uso en la mayoría de los países occidentales.

La experiencia de años de algunos de ellos, en concreto de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, ha cambiado sin embargo el panorama. Ahora, según se puso de manifiesto ayer, se sabe mejor cómo las cosas pueden hacerse bien.

«Para que no sea explotación, la mujer ha de tener libertad para decidir siempre sobre su cuerpo»

Responsabilidad

En medio del debate social, la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) elaboró un documento que sentó las bases para la regulación en España de la también llamada gestación por sustitución. «La Bioética no delimita qué hay que condenar. Lo que dijimos es que clínicos y legisladores han de ser responsable y cuidar a todas las partes implicadas en este proceso», explicó ayer la experta en Bioética y Biología Rocío Núñez Calonge, que dirigió el grupo de la SEF.

La psicóloga social Beatriz San Román, de la Universidad Autónoma de Barcelona, quitó hierro al pago de las mujeres gestantes y sembró la polémica con este planteamiento. «¿Puede convertirse en un servicio remunerado? ¡Pues sí!» se respondió. «Lo mismo que las cuidadoras, que tradicionalmente no percibían por su trabajo y ahora, aunque poco y mal, ya lo hacen», defendió.

Más crítico se mostró el profesor Guillermo Lazcoz, de la cátedra de Derecho y Genoma Humano de la UPV/EHU. «No estaría en contra de determinados supuestos, muy concretos, pero para que no sea explotación, la mujer ha de tener siempre libertad sobre lo que se hace con su cuerpo», defendió y citó como ejemplo del descontrol de las 'granjas' de Ucrania, donde, según un reportaje de televisión, se explotaba a mujeres. «Yo no he visto eso», alzó la voz entre el público la riojana María Jesús R, que busca un hijo en una clínica ucraniana. «Si lo hubiera vivido, no participaría en algo así», aseveró.