El éxito del profesor que da las clases al revés

Marcos Ordiales, con una tablet en la que aperece 'Flipped classroom' (clase invertida), en un aula del Codema./ARNALDO GARCÍA
Marcos Ordiales, con una tablet en la que aperece 'Flipped classroom' (clase invertida), en un aula del Codema. / ARNALDO GARCÍA

El docente Marcos Ordiales García es uno de los cien mejores del mundo en esta metodología, en la que el niño es protagonista de su aprendizaje

ELENA RODRÍGUEZGIJÓN

Podrían aprender los diferentes tipos de climas, el tiempo atmosférico y la historia de la Unión Europea sentados en sus pupitres y mirando a la pizarra. Pero lo harán de otra manera. Su profesor de Science, Marcos Ordiales, les ha propuesto un viaje hipotético por Europa con una duración de siete días. Para empezar, los niños de quinto de Primaria del Corazón de María (Gijón) verán en casa una serie de vídeos, con preguntas insertadas y que ellos contestarán. Las respuestas le llegarán al docente de modo inmediato, pero también otro tipo de información, como si retrocedieron en el visionado porque tenían dudas. Tomarán sus apuntes y, al llegar a clase, se pondrán a trabajar en grupos, con sus ordenadores, para empezar a elaborar el presupuesto, realizar las reservas de los hoteles, preparar el recorrido con etapas de 600 kilómetros para conocer distintos climas y monumentos.... Y haciendo uso del inglés.

Es el cuarto año que Marcos Ordiales (Gijón, 1977, acaba de cumplir 41 años) aplica esta metodología denominada 'flipped classroom' o clase del revés, en la que los niños son los protagonistas de su aprendizaje, más entretenido que el tradicional, y adquieren otra serie de competencias como aportar ideas, respetar la opinión de los demás y saber escuchar. Y esto, dice Ordiales, tiene como resultado que sus relaciones son más fluidas.

Todo comenzó hace cinco años cuando asistió en Oviedo a un curso de creatividad y se habló de este nuevo método, que aún no había llegado a España y aún se veía con escepticismo. Le interesó, empezó a investigar y a intercambiar experiencias con otros compañeros que seguían un camino similar en España. Y así, con constancia, fue cómo este profesor «positivo, cabezota y con sentido del humor» ha ido implantando una metodología en la que está considerado uno de los mejores.

El año pasado, la suya fue elegida la segunda Mejor Experiencia en Primaria en el III Congreso Europeo de Flipped Classroom, celebrado en Madrid. El profesor Raúl Santiago también se hace eco de ella en un libro que recoge los 33 mejores proyectos de clase invertida del país y ahora, hace unas semanas, se encontró con toda una sorpresa: acababa de recibir un correo electrónico en el que se le anunciaba que la asociación americana Flipped Learning Global Initiative, fundada por Jon Bergmann, uno de los pioneros de este método activo de aprendizaje, le había incluido entre los cien mejores profesores del mundo de clase invertida.

Es la segunda vez que se hace esta lista en la que muchos que podrían estar no figuran. «Es todo un reconocimiento», ha dicho este profesor, al que le han llegado muchas felicitaciones, sobre todo de padres de antiguos alumnos.

El colegio, su otra casa

Sobre aquellos que, publicados sus éxitos, han cuestionado la novedad del método, Ordiales apunta que «seguro que hubo profesores que hacían a sus alumnos protagonistas del aprendizaje con transparencias y fotocopias, pero a los chavales los vídeos les motivan más. Y luego hay otro aspecto importante: qué hace el profesor en el aula, si prepara actividades dinámicas y participativas o sigue con sus sesiones tradicionales en clase».

Para él, más que aprobar, lo importante es aprender y por eso apuesta por este método en el que, al final del trimestre, evaluará cinco aspectos: el visionado de los vídeos, las notas que tomaron los alumnos tras su visión; cómo presentan el proyecto y si está completo, las calificaciones de sus propios compañeros de equipo (acerca de su participación, cooperación, aprovechamiento del tiempo y conversación en inglés, en la que los alumnos dicen que no valen amiguismos) y la prueba escrita. De tal modo, que si alguno tiene un mal día en el examen, se valoran muchos más apartados y se da incluso la posibilidad de exponer en clase aquello que no les salió bien en la prueba.

 

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