¿Por qué me duele todo el cuerpo por la mañana?

¿Por qué me duele todo el cuerpo por la mañana?

El dolor suele ser síntoma de un problema de salud, pero el que sentimos al despertar se atribuye a la falta de ejercicio

FERMÍN APEZTEGUIA

A partir de cierta edad, que pueden ser bien los 50 años, uno comienza a despertarse con la sensación de que le duele todo. Aunque haya dormido como un señor, siente las piernas adormecidas, los pies agarrotados, la espalda hecha unos zorros y el cuello como si literalmente se lo hubieran retorcido. Bien podría tratarse de un problema de articulaciones, las agujetas propias de un exceso de ejercicio el día anterior o la natural consecuencia de haberse entregado al sueño en una postura incorrecta.

«Siempre hay una explicación para el dolor, y nuestra obligación como médicos es encontrarla o hacer lo posible por descubrir su origen, pero no siempre se trata de algo patológico», argumenta el responsable de la Unidad de Dolor del hospital Quirónsalud Bizkaia, Fernando Torre Mollinedo, que acudió el miércoles al foro Encuentros con la Salud de EL CORREO para hablar sobre 'Dolor y envejecimiento en nuestra sociedad'. «De hecho -añade- los dolores matinales suelen tener, por lo general, otra explicación mucho más sencilla»: músculos y articulaciones están entumecidos por la falta de ejercicio.

El cuerpo nos recuerda que el envejecimiento, entendido como el deterioro biológico, comienza a los 26 años, aunque algunos autores lo retrasan a los 30. Por eso, cualquier edad es buena para tomarse en serio lo de hacer una hora de ejercicio al día cuando la musculatura comienza a agarrotarse. «Mucha gente comenta que necesita diez minutos o un cuarto de hora para calentar las articulaciones antes de encontrarse mejor», detalla Torre Mollinedo.

Ducha caliente

Con muchísima frecuencia, la ducha matinal de agua caliente, que permite relajar los músculos, o unos simples estiramientos, resulta suficiente para resolver el problema. Más allá de ejercicio para prevenir y calentamiento para mitigar, poco más puede hacerse para combatirlos, porque este tipo de dolores son, en realidad, «innatos con la vida».

El estudio 'Pain in Europe', un amplísimo trabajo que recoge datos específicos de quince países, advierte, sin embargo, que uno de cada seis españoles (17%) sufre dolor crónico. Esa prevalencia es ligeramente inferior a la media europea (19%), pero la falta de una estrategia nacional para la atención del dolor, que genera un gasto social, directo e indirecto, de 16.000 millones de euros, se considera para los autores del informe un problema de salud «preocupante».

Los avances de la medicina han posibilitado un mejor abordaje del dolor, aunque no siempre la medicina ofrece la respuesta que el paciente necesita. «Hay veces en que el malestar se cronifica, aunque lo trates, aunque hayas resuelto la causa que lo generaba», argumenta el especialista, anestesista también del hospital de Galdakao. Así le ocurre al 10% de los pacientes, a pesar de haberse sometido a terapias de rehabilitación. «El ejemplo más significativo es lo que llamamos el dolor fantasma, de pacientes generalmente jóvenes, a los que les amputamos un miembro y sigue molestándoles», explica.

El desafío con los pacientes mayores de 65 años son las enfermedades degenerativas, que prácticamente por definición acarrean dolor. Muchos casos se relacionan con el desgaste de los huesos, especialmente de cadera y hombro, aunque también de espalda. Otro volumen importante de pacientes lo sufren como consecuencia de otras enfermedades, fundamentalmente oncológicas, que fueron las que dieron lugar a las primeras unidades especializadas en el abordaje del dolor.