«La ansiedad y la depresión afectan cada vez a más niños y adolescentes»

«La ansiedad y la depresión afectan cada vez a más niños y adolescentes»

«Hay que enseñar al niño a resolver conflictos por sí mismo y mediante el diálogo, a no ceder a la presión de grupo», dice la psicóloga Begoña Ibarrola

ANE URDANGARIN

No es raro encontrarse con alguno de sus libros de cuentos en las estanterías destinadas al público infantil, narraciones que empezó a escribir para ayudar a niños y adolescentes con problemas cuando ejercía de terapeuta infantil. Begoña Ibarrola es una de las voces más respetadas cuando se habla de educación emocional, una asignatura en la que todos deberíamos esforzarnos más en el arranque de curso. Este lunes habla sobre el papel de la autoestima y la asertividad personal en el Aula DV, en colaboración con los Cursos de Verano de la UPV, a las 19.00 horas en el Palacio Miramar.

- ¿Cómo ve a los niños de ahora, son felices? ¿Y sus padres?

- Depende de lo que se entienda por felicidad. Las investigaciones nos dicen que en los niños y adolescentes está aumentando notablemente la ansiedad y la depresión, de modo que no puedo decir que son más felices. Para mí la felicidad es un estado de armonía y plenitud interior, una actitud personal ante la vida, una forma de vivir y de sentir, que tiñe toda nuestra existencia. Y los padres están preocupados, tienen problemas para conciliar su vida familiar y laboral, tienen mucho estrés, en fin, no va en aumento la felicidad de los padres tampoco, aunque cada vez hay más personas que se están dando cuenta de que la felicidad y el bienestar familiar exige cambios en el ritmo de vida y en los valores y ponen en un lugar importante el objetivo de ser felices. Si los valores del ser se ponen por encima de los valores del tener, iríamos mejor.

- Empieza septiembre, luego vuelve la estresante rutina. ¿Qué hay de cierto en eso de que «más vale calidad que cantidad» cuando nos referimos al tiempo que compartimos con nuestros hijos o es un autoengaño para descargar la mala conciencia?

- Educamos a través del ejemplo, fundamentalmente, y para eso hay que estar tiempo con los hijos, para servir de referentes. Si un padre o madre solo ve a sus hijos cuando ya están en la cama o solo pueden pasar una hora al día con ellos se están perdiendo su maravilloso proceso de crecimiento y tampoco pueden detectar si están teniendo algún problema. Compartir tiempo y experiencias es fundamental para educar bien a nuestros hijos. Por lo tanto calidad y cantidad en armonía, sabiendo que algunos niños necesitan más atención que otros, porque cada uno es diferente, pero todos los niños necesitan pasar tiempo con sus padres.

- ¿El amor incondicional que se presupone a un padre nunca debe estar reñido con establecer normas o precisamente marcar límites es una demostración de ese amor que quiere lo mejor para el hijo?

- En la educación de los hijos no se pueden eludir las normas ni los límites, pero los hijos deben también saber con antelación lo que supone no cumplir una norma o saltarse un límite, así se irán haciendo responsables de su conducta, asumiendo las consecuencias de lo que hacen. Está demostrado que los niños que siguen unas normas y tienen claros los límites crecen más seguros y felices que los que carecen de ellas, por lo tanto es también una forma que tienen los padres de demostrarles su amor, aunque a veces no lo comprendan.

- ¿Cómo se puede establecer límites a un niño de meses o a un adolescente 'que pasa de todo'?

- El adulto debe procurar al niño un entorno seguro, libre de riesgos, pero a la vez debe favorecer la autonomía del pequeño y permitir su exploración. Los límites están marcados por su seguridad, y la autonomía se puede dar en ese entorno preparado para cada momento de su crecimiento. Cuando un niño tiene posibilidades de explorar su entorno y manipular objetos, cuando todos sus sentidos son estimulados y se siente a la vez protegido y amado, mejor aceptará los límites impuestos por el adulto. Lo mismo pasa en la adolescencia, se deben poner unos límites acordes con el nivel de responsabilidad. A mayor responsabilidad, mayor libertad, en eso se basa precisamente la educación de un adolescente, que al igual que un bebé, quiere y necesita también explorar el mundo.

- En su charla va a hablar sobre la importancia de la autoestima. ¿Cómo se construye?

- La autoestima es la capacidad de sentirse bien con uno mismo y esta capacidad es la base de la convivencia. Es uno de los aspectos más importantes en el desarrollo del niño. Un niño que no se quiere a sí mismo, que se ve como alguien que no merece el afecto de los demás, que se compara con otros o que se siente un ser inútil, difícilmente podrá lograr un nivel de desarrollo adecuado en cualquier faceta de su vida y no podrá sentirse feliz. El primer elemento para la construcción de la autoestima pasa por la autoaceptación. Pero en los niños hasta los seis años, esa aceptación de sí depende en exclusiva de la aceptación y valoración de los adultos con quienes convive. El concepto que tienen los padres de sus hijos juega un papel muy importante, ya que un niño se ve reflejado en los ojos y en las palabras de sus padres y creerá firmemente la imagen que proyecten de él.

- ¿Cómo hay que educar a un niño en la autoestima saludable?

- Aprobar las acciones y actitudes positivas de los hijos es una forma de reforzar su emergente identidad y de ayudarles a construir una imagen adecuada de sí mismos, por el contrario, el lenguaje utilizado para una crítica debe cuidarse para evitar que se sientan humillados. Otro aspecto importante es que los padres deben sentirse orgullosos de él, que sienta que confían y valoran sus particulares talentos, aunque no se deben convertir los elogios en algo rutinario, o hacerle ver que no tiene limitaciones o aspectos de sí mismo a mejorar. Supone una gran responsabilidad para los padres proyectar una imagen positiva y realista de los hijos.

- ¿Cómo definiría a un niño asertivo, cómo enseñarle a serlo?

- En la sociedad actual es importante educar niños asertivos que sepan relacionarse con los demás de una forma positiva, que puedan expresar sus ideas, sentimientos, necesidades y opiniones respetando a la vez las de los demás, aunque sean diferentes a las suyas. Niños que no sean pasivos ni agresivos, que se atrevan a decir que no, que no se sientan obligados a hacer algo que no quieren, que se autorrespeten y respeten a los demás. La asertividad se aprende y se desarrolla puesto que es una habilidad, y el primer paso es escuchando al niño, dándole la oportunidad de aprender formas de comunicarse con los demás basadas en el respeto, enseñándole a resolver conflictos por sí mismo y a través del diálogo, enseñándole a no ceder a la presión de un grupo y apoyando sus opiniones y decisiones, permitiéndole discrepar, y desarrollando su autoestima.

- Es autora de muchos cuentos. ¿Qué aporta un cuento contado por el aita o la ama frente a una tableta o el móvil?

- Los cuentos no solo aumentan su imaginario personal y les conectan con el imaginario de la humanidad, sino que les sirve de espejo para conocerse mejor, ya que la lectura refleja de alguna manera lo que llevas dentro. Por eso a veces te engancha y te hace aislarte del mundo real para meterte en otro diferente, del cual regresas después a tu mundo, cambiado. Son un alimento para su alma y su corazón, les aportan valores, estrategias, les amplía su mundo personal y eso les provoca un aumento de la empatía, entre otras cosas. Pero, además, la lectura de un cuento de un adulto a un niño, aunque sepa leer, genera un espacio de encuentro corazón a corazón tremendamente valioso. Los niños son una fuente inagotable de imaginación y, además, tienen una capacidad innata para descubrir tras las palabras mundos mágicos casi siempre inaccesibles e incluso ocultos para los adultos. Por eso, las fábulas bien narradas tienen la gran virtud de penetrar al mismo tiempo en los corazones de los niños y de los adultos. No debemos perder la costumbre de contarles cuentos a los más pequeños.

- ¿Qué papel juegan los cuentos en la educación emocional?

- Para mí los cuentos tienen muchas funciones y en mi trabajo como terapeuta infantil durante muchos años he podido comprobarlo. Tienen una función mágica pues estimulan la imaginación y la fantasía, lúdica porque entretienen y divierten, también ética, ya que transmiten una enseñanza moral y manifiestan valores, y terapéutica, pues permiten ver en los personajes y situaciones, referentes para nuestra vida y encontrar en ellos orientaciones y claves para comprender nuestro mundo interior o nuestros conflictos. A través de los cuentos se pueden desarrollar todas las habilidades emocionales propias de la inteligencia emocional, no hay recurso más polivalente y más asequible para la educación emocional.

- Le oí decir que uno de los hermanos Grimm fue operado sin anestesia mientras su madre le contaba un cuento. ¿Tienen tanto poder?

- Por supuesto, y recientemente la neurociencia ha demostrado los poderes de la lectura en la configuración del cerebro y en el desarrollo de la empatía. La lectura, además de mejorar la empatía y la comprensión de los demás, es uno de los mejores ejercicios posibles para mantener en forma el cerebro y las capacidades mentales, y no lo digo yo sino Ignacio Morgado, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona. Leer cuentos tiene además un efecto importante en la prevención de estrés.

- A su juicio, ¿habría que limitar el uso de las pantallas a los niños?

- Hoy, bajo el dominio de los poderosos estímulos audiovisuales, la habilidad de imaginar a través de la narración oral se convierte más que nunca en una necesidad. Tenemos necesidad de activar nuestro poder de visualización, desarrollar la imaginación, viajar a nuevos mundos soñados por otro, fabular y estimular nuestra creatividad. Por eso yo sí limitaría en la educación de los hijos el acceso a los dispositivos tecnológicos, móvil, tabletas..., según la edad y sus necesidades. Además, el uso de la tecnología sin control expone a los niños y adolescentes a mucha información que a veces no pueden digerir ni contrastar, y les resta tiempo del contacto directo interpersonal, que es uno de los elementos que más ayudan al desarrollo socio emocional.