La dura carta en la que la fallecida Carolina Cerezo pidió ayuda para superar su cáncer

La dura carta en la que la fallecida Carolina Cerezo pidió ayuda para superar su cáncer

La joven, que falleció poco después de la publicación de su carta, quiso transmitir con ella su intención de luchar por su vida hasta las últimas consecuencias

AIDA ORTIZGRANADA

El cáncer es un duro golpe que cada persona afronta a su manera y de la mejor forma que sabe. Algunos se derrumban, otros aceptan su enfermedad y asumen la derrota y otros pelean con uñas y dientes, hasta ganar la batalla o hasta el último aliento. Eso, precisamente, es lo que ha hecho en los dos últimos años Carolina Cerezo, la joven fallecida que pidió en una carta que experimentaran con su cuerpo, asumiendo las consecuencias, con el claro objetivo de hallar una cura para su enfermedad y de no rendirse hasta agotar todas las opciones.

La joven, que falleció poco después de la publicación de su carta en El País, quiso transmitir con ella su intención de luchar por su vida hasta las últimas consecuencias, dejando una dura lección y conmoviendo a todos y cada uno de los lectores.

Experimenten conmigo

«Tengo 25 años. Cansada de escuchar que no tengo tratamiento posible, no he parado de luchar desde octubre de 2017, cuando me diagnosticaron un tipo raro de cáncer. Desde ese día, me he tenido que enfrentar a múltiples recaídas, a priori letales, así como a una radical cirugía reductora en la que perdí gran parte de mis aparatos digestivo y reproductor. Cinco meses después, mucho más débil (con 14 kilos menos), mis pastillas de quimioterapia vuelven a fallar, sin tener más que un último tratamiento al que aferrarme para poder seguir luchando.

Cada día busco en las noticias el hallazgo de nuevos tratamientos, lamentando que ninguno haya sido probado en humanos. Yo quiero que prueben conmigo. Busco alguna vía que me permita seguir disfrutando de la vida. Sé que mi cura está ahí fuera. No me pienso rendir hasta que agote todas las opciones. Hay días en que las fuerzas me fallan y el ánimo se derrumba, Esos días, llamo a mi hermana, nos pintamos las dos de guerreras y nos soñamos invencibles. Después de tocar tantas puertas, alguna seguro que se tiene que abrir.

Con estas palabras, la joven de 25 años lanzaba un último grito de auxilio, que no llegó a tiempo.»

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