Diseñado para triunfar

Kors fue varios años juez en el programa de televisión 'Project Runway', en el que varios diseñadores compiten por participar en la Semana de la Moda de Nueva York, y se hizo muy popular. /AFP
Kors fue varios años juez en el programa de televisión 'Project Runway', en el que varios diseñadores compiten por participar en la Semana de la Moda de Nueva York, y se hizo muy popular. / AFP

Cuando tenía 23 años, Michael Kors convenció a Anna Wintour, la mítica editora de 'Vogue', para que viera su colección de moda. Casi cuatro décadas después, el norteamericano acaba de comprar Versace por más de 1.800 millones

IRMA CUESTA

Es muy probable que a Michael Kors (Nueva York, 1959) le inocularan el amor por la moda horas después de venir a este mundo. De otro modo no se explica que al dueño de Michael Kors Holdings Limited, el grupo de marcas de lujo que acaba de comprar la mítica Versace, se le ocurriera diseñar el vestido de novia de su madre cuando acababa de cumplir cinco años.

Hijo de la modelo Joan Hamburg y de un estudiante sueco, tras aquella boda el chaval al que habían bautizado como Karl Anderson Jr. pasó a utilizar el apellido de su nuevo padre: Kors; y como su madre le dio la oportunidad de cambiar también de nombre, decidió que a partir de aquel momento se llamaría Michael.

La leyenda de este neoyorquino perseverante y comprometido, al que se considera uno de los personajes más influyentes del mundo de la moda, comenzó a escribirse entonces. Poco después de crear el vestido con el que su madre pasaría por el altar por segunda vez, Kors se encerró en el sótano de la casa de sus padres y comenzó a diseñar su primera línea de ropa. Bautizada Iron Butterfly (como la banda de rock psicodélico californiana), el chaval confirmó, siendo aún un adolescente, que dedicaría su vida al diseño. «Prácticamente hiperventilaba cada mes cuando llegaba 'Vogue', y me encantaba ir de compras», dice ahora recordando aquella época.

Cuentan los biógrafos de Kors, quien en 2013 fue considerado uno de los cien hombres más influyentes del planeta por la revista 'Time', que la oportunidad de su vida le llegó cuando, tras dejar el Fashion Institute of Techonology en Nueva York, Dawn Mello se cruzó en su camino. La por aquel entonces directora de modas en Bergdorf, unos almacenes de lujo en la Quinta Avenida de Manhattan, quedó impresionada por aquel chaval que trabajaba y mostraba sus diseños en una pequeña tienda situada justo enfrente. Dawn apenas tardó unas horas en proponerle hacer las maletas y cruzar de acera y allí, en Bergdorf, Michael comenzó a mostrar sus creaciones a los clientes adinerados que cada día aligeraban la cartera en los grandes almacenes. Poco después, en 1981, las creaciones de Michael Kors estaban también en los escaparates de los míticos Bloomingdale's, Lord & Taylor, Neiman Marcus y el Saks. Y un año más tarde logró que su muy admirada Anna Wintour, la legendaria editora de su revista de cabecera, conociera personalmente sus colecciones. El no va a más para aquel veinteañero. Aunque aún tuvo que salvar un bache que en 1993 le dejaría en la bancarrota y fichar por Celine (la marca francesa de artículos de lujo que hoy pertenece al grupo LVMH), un cuarto de siglo después nadie pone en duda su talento. Incluida Michelle Obama, que le encargó el vestido que llevó en su primer retrato oficial.

Un tipo comprometido

La operación de compra de Versace por 1.830 millones de euros ha colocado esta semana a Michael Kors en el punto de mira. No solo porque es una demostración clara de fuerza -antes de zamparse a la casa de modas creada por el añorado Gianni, la corporación Kors se hizo, por 1.159 millones de euros, con la británica Jimmy Choo-, también porque viene a confirmar que el desembarco de manos extranjeras en las grandes casas de la vieja Italia es un asunto serio.

Gucci, Bottega Veneta y Brioni han terminado resguardándose bajo el paraguas del grupo Kering, del supermillonario marido de Salma Hayek, Henri Pinault; pero antes fueron Emilio Pucci, Fendi y Bulgari las firmas que engordaron el nutrido conglomerado de empresas del hombre más rico de Francia -y de la Unión Europea-, Bernard Arnault, propietario de LVMH.

Tampoco le han ido mal las cosas al joven de Nueva York empeñado en escribir su nombre en el olimpo de la moda. Con una fortuna personal cercana a los mil millones de euros, el diseñador es, además de rico, un tipo comprometido.

Nombrado en 2015 Embajador Mundial contra el Hambre por el Programa de Alimentos de las Naciones Unidas, está firmemente comprometido con la causa. «El hambre es un problema complicado, pero si trabajamos juntos podemos solucionarlo. Debería importarle a todo el mundo», dijo hace un par de años cuando lideró una campaña para recaudar fondos contra la pobreza. También parece dispuesto a alinearse en las filas ecologistas. Su marca está comprometida con los derechos de los animales y, a partir de 2019, dejará de usar pieles en sus prendas y complementos.

Por si ser rico, generoso, sensible y talentoso no fuera suficiente, Michael está felizmente casado con Lance Le Pere, el director creativo de las colecciones para mujeres. Llevan juntos veinte años.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos