«La danza fue mi pasaporte a la libertad»

José Manuel Carreño./
José Manuel Carreño.

Nacido en La Habana, José Manuel Carreño, el director del Ballet de Monterrey relata la precaria situación de la danza en Cuba: «Me duele ver una producción de El Quijote con un triste telón de fondo»

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

No lo sacó de Cuba una balsa sino un 'grand jeté', que lo propulsó a la escena internacional. Tras brillar en el Royal Ballet y el American Ballet, después de bailar como invitado del Bolshoi y el Kirov, este habanero dirige a sus 50 recién cumplidos el Ballet de Monterrey en México, el país que acaba de dar un vuelco a su futuro en las urnas.

¿Cómo va su gira por España?

–Perfecta. Acabamos de estar en el teatro Tívoli de Barcelona haciendo El lago de los cisnes y La Bayadera, dos grandes clásicos. De esta gira me llevo la experiencia única de haber bailado por primera vez en mi vida en una plaza de toros. La de Úbeda. Yo, que nunca he visto una corrida...

¿Y le gustaría?

–Pues sí. Quizá sea violenta y sanguinaria, pero me encantaría vivir la experiencia.

–¿Un bailarín a los 50 tiene más 'cornadas' que un torero?

–Estamos con dolorcillos, je, je... Los bailarines siempre tenemos dolores. Y no es que nos curemos es que nos acostumbramos a ellos. Pero en esta etapa en la que me toca enseñar y dirigir me siento muy bien, en plena forma. Me siento muy vivo.

Ha tenido buena maestra: la incombustible Alicia Alonso.

–Yo me gradué en Cuba y formé parte de la compañía durante cuatro años. De Alicia Alonso creo haber heredado la disciplina. Ella la tiene incluso en exceso, para dar y regalar. Hasta tal punto que yo recuerdo alumnos que le venían diciendo que tenían fiebre, que se encontraban muy mal... Y ella siempre respondía: «Pues toma tu clase de ballet y te sentirás mejor».

Y pensar que a los cubanos se les considera indisciplinados...

–Es que lo somos. Yo trabajé cinco años en Londres. Estuve allí dos años con el English National Ballet y tres años con el Royal. Después de eso viví 18 años en Nueva York, de los cuales estuve 16 años con el American Ballet, y cada vez que vuelvo a Cuba me enfado con la gente por la impuntualidad, la irresponsabilidad... Es que no puede ser.

Bueno, en Cuba también hay más alegría de vivir.

–Es verdad. Tanto en Londres como en Estados Unidos se vive para trabajar. Lo ideal es el término medio, el equilibrio... A mí me encanta este 'feeling' de relajación español, con su hora maravillosa del aperitivo, y a la vez su disciplina. Aquí dices a la una y media y es a la una y media, no como en mi tierra.

¿Entre salto y salto le ha dado tiempo a formar una familia?

–Tengo una hija que vive en Nueva York, mientras que mis padres viven en La Habana. Estuve trece años casados y ahora tengo una relación de noviazgo, no me he vuelto a casar.

¿Bailar en Cuba fue su pasaporte a la libertad?

–Salí de Cuba en el año 90, a los 22 años, para irme a bailar a Londres. Y sí, definitivamente fue mi pasaporte a la libertad. Quería ser libre, quería ser un bailarín internacional... Pero si le soy sincero, llegué a Londres y me sentía un poco encarcelado también. Pensaba: «He salido de una isla para entrar en otra y no siento la libertad que yo quería». Los ingleses son muy conservadores y querían que bailara a su estilo, y yo no soy así. Yo no quería ser Nureyev ni Baryshnikov. Yo quería ser yo. De ahí di el salto a Nueva York, y ahí sí me sentí por fin libre.

–¿Cómo fue la peripecia de salir de Cuba?

–En mi caso fue fácil, porque yo fui uno de los pioneros si no el primer artista que en los 90 recibió un permiso para salir de Cuba con un contrato en el extranjero. Ese año gané la competición de Jackson, Misisipi, y unos meses después tenía una invitación para bailar en Londres, así que el gobierno me autorizó a salir.

–¿Pensó en no volver?

–Nunca quise romper mi vínculo con Cuba. Sobre todo con Alicia Alonso, con el ballet. Ellos tenían un festival de ballet cada dos años, me invitaban y yo iba y bailaba. Nunca me impidieron volver.

–¿Sufrió reproches?

–Eso sí, sentí ese reproche por haberme marchado... Pero como decimos allá el sol no se puede tapar con un dedo. Yo creo que si hay talento eso está por encima de todo.

–Ahora cuando regresa a su isla, ¿cómo la ve?

–Cuba, como sabe, tiene grandes problemas económicos. Y eso afecta al ballet. La escuela cubana produce muchísimos bailarines. Da envidia en el mundo entero. Pero cuando pasan a la Compañía Nacional de Cuba ahí se ve el deterioro, la decadencia. No tienen la posibilidad de hacer unas buenas producciones. Cuando estaba con el American Ballet coordinaba con los chicos de producción y me llevaba para Cuba una maleta llena de zapatillas, de mallas... Sentía que contribuía un poquito. Cuando fui un alumno en Cuba remendé muchísimas mallas. En las zapatillas se nos abrían huecos y nosotros las cosíamos.

–El famoso ingenio cubano.

–Exacto. En Cuba aprendes a sobrevivir.

–Pero sobrevivir no es vivir.

–A mí me duele ver una producción cubana de El Quijote con un triste telón pintado de fondo. En eso están muy atrasados. Sin embargo, no descarto volver algún día a enseñar allí si se dieran las circunstancias idóneas de hacer buenas producciones. Hay mucho talento en Cuba para hacer cosas buenas. En el Ballet de Monterrey hay 40 bailarines y de ellos doce son cubanos.

–¿Se nota la huella del narco en Monterrey?

–Ahora está muchísimo mejor. Sufrió ese azote en el periodo de 2009 a 2012, pero cambiaron la policía, y en la ciudad te sientes muy seguro y muy tranquilo. No llevo escolta, ni he visto asaltos. Sí me impresionó llegar a una ciudad en la que ves patrullando por las calles camionetas de los soldados o la policía estatal mostrando la armas, con la metralleta en la mano. Pero ya casi me he acostumbrado.

–¿Qué ambiente se ha respirado durante las elecciones?

–Ha habido mucha tensión. La gente discutía, murmuraba... No sabían quién iba a salir. Había mucha incertidumbre.

–Pues ha ganado López Obrador, aunque El Bronco de Monterrey vaticinaba que iba a juntar «menos gente que un perro atropellado»...

–El Bronco es todo un personaje. Sí, al final ha ganado López Obrador, pero percibo nerviosismo en muchos mexicanos. Temen que convierta México en otra Venezuela.

–¿Cómo vive un cubano que vive en México la política de inmigración de Trump?

–Yo tengo la nacionalidad estadounidense. Pero ahora ese país tiene un presidente que hace atrocidades. No me puedo explicar que haya llegado a gobernar el país.

–¿El Ballet de Monterrey puede tener problemas para actuar en Estados Unidos?

–En este momento diría que no, pero nada es imposible con un presidente así. Para un bailarín latino triunfar en Estados Unidos en este momento es mucho más difícil que antes. Para conseguir el visado tienen que pasar por un proceso horroroso. Lo de Trump nos está afectando a todos. Y para mal.

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