«Entonces criábamos a los niños con la teta»

Durante la sesión fotográfica en los jardines de Casa de Misericordia de Bilbao./YVONNE ITURGAIZ
Durante la sesión fotográfica en los jardines de Casa de Misericordia de Bilbao. / YVONNE ITURGAIZ

Araceli, Umbelina, Carmen y Aurora, cuatro mujeres en torno a los 90 años, comparten vivencias de la crianza de sus hijos y del hambre y las estrecheces que pasaron en una época en la que todo era más difícil

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Presume Araceli con razón de ser «la reina» de la residencia. Que aquí los años le dan a una galones y los suyos serán 95 este mes de mayo. «Es la más guapa de la Misericordia, ¿a qué sí?». Y lo dice de corazón Umbelina, que acaba de hacer 87. Trabajaron juntas de sastras, «picando solapas para los trajes de los hombres», y ahora comparten retiro en la Casa de la Misericordia, que asoma como un vergel en este nudo de tráfico del centro de Bilbao. Con la excusa del Día de la Madre se juntan Araceli Peña, Umbelina Iragorri, Aurora Huerga (83 años) y Carmen: «Yo tengo diecinueve, pero al revés».

Para compartir anécdotas de sus hijos, que han tenido diez entre las cuatro, y vivencias comunes de una generación que lo ha tenido difícil. La mañana, casi veinte grados y un sol que da gloria, está invitadora para la charla. Y los recuerdos salen solos. Entrañables, duros también, atropellados a veces. A las cuatro les tocó vivir la guerra y los años de escasez que siguieron. Y fue en ese tiempo cuando fueron llegando los niños. Tres cada una Umbelina y Aurora, dos en el caso de Carmen y Araceli. «Yo tenía ya dos chicos y con el tercero las vecinas me decían: 'Vas a por la niña'. Pero fue niño también, muy guapo, se parecía mucho al padre, y yo más contenta...».

Carmen: Yo, sin embargo, tuve dos chicas. Me acuerdo bien de cuando nació la pequeña. Estaba tan conmocionada que casi no podía hablar y el médico me dijo: 'Tiene usted una niña'. Me quedé encantada, como un pavo real.

Umbelina: Es que si tienes chico, quieres luego chica. Y al revés. Ahora, sin embargo, la juventud tiene los hijos que quiere.

Ella tuvo todas mujeres, tres, aunque le falta ya una. «Entonces no había pañales como ahora, les poníamos unos picos de tela que había que lavar a mano. Yo iba a la fuente a por agua y tenía que subir 107 escaleras». La vida esforzada, las estrecheces y el hambre son territorio común en la conversación. «Yo soy de Bilbao, pero mi madre era de Burgos y solíamos ir al pueblo porque allí se comía mejor. Recuerdo que la mujer hizo en la gabardina un bolsillo grande para guardar una hogaza, que si la llevabas a la vista igual te la quitaban. Yo era pequeña y tenía un hambre... Así que asomaba la cabeza al arca de las morcillas», recuerda Umbelina. Araceli, navarra de Estella, dice que las comía crudas. «Eran unas morcillas muy finitas. Y la sangrecita, qué rica estaba...».

Aurora: ¡Y las naranjas! Las aplastábamos un poco para que quedaran suaves, y luego les hacíamos un agujerito y por allí sorbíamos el zumo...

Carmen: Solo las había de temporada. Las naranjas, las peras... Porque no había nevera para conservarlas como ahora.

Carmen y sus nueve hermanos eran, dentro de todo, afortunados porque tenían campo que labrar. «Soy de Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca. Lo digo con mucho orgullo porque es un sitio precioso, aunque vine a Bilbao en el 56, cuando me casé». Así que en su casa no faltó de comer. Tampoco en la de Aurora, que nació en un pueblo de Zamora, aunque es «también bilbaína», que lleva aquí 50 años. «Teníamos muchas uvas, mi padre siempre las comía con pan. También hacíamos una especie de tortas dulces».

El pan, aunque fuera «duro», como dice Araceli, quitó mucha hambre durante la posguerra porque la cartilla de racionamiento daba para lo que daba. «En casa recuerdo comer pan con un poco de aceite y azúcar. ¿Y te crees que ahora el pan ni lo prueblo?», evoca Umbelina. Y asienten las demás. «De los 14 a los 18 años trabajé sirviendo en casa de unos señores ricos que tenían criada. Y en aquella mesa había de todo, unos cocidos, un chorizo de bueno... Luego fui empleada a casa de unos farmaceúticos. Limpiaba la farmacia, el almacén y la rebotica, y también les preparaba la comida y sacaba a pasear a la niña. Para el paseo me ponía un traje azul, con cofia blanca y mandil de puntilla».

«Ahora hay mucho vicio. Vas a la farmacia y te dan de todo»

«Ahora hay mucho vicio. Vas a la farmacia y te dan de todo» umbelina

«Mi biznieta Noa tiene 3 años y es el juguete. Está para comérsela»

«Mi biznieta Noa tiene 3 años y es el juguete. Está para comérsela» araceli

«¡Cuántas noches me levanté a acunar a mis hermanos pequeños para que descansara mi madre!»

«¡Cuántas noches me levanté a acunar a mis hermanos pequeños para que descansara mi madre!» carmen

«Yo ya tenía dos chicos y las vecinas me decían: ¡Vas a por la niña! Pero salió niño también. Y más guapo...»

«Yo ya tenía dos chicos y las vecinas me decían: ¡Vas a por la niña! Pero salió niño también. Y más guapo...» aurora

Con menos lujos que aquella niña de los boticarios se criaron todos sus hijos. «A los niños se les criaba a la teta, como las vacas. Tres años les dí pecho a cada uno, los tuve espaciados, uno cada cinco años. Yo tenía mucha leche, parecía una fuente, así que cuando nacía algún niño en el pueblo, decían: 'Llévalo a casa de Aurora a que lo amamante mientras te sube la leche'». Ayudó así Aurora a muchas madres primerizas, porque entonces eso no era excepcional. Araceli también lo hizo. «Amamanté un tiempo a un niño y al cabo de los años una señora me tocó la espalda y me dijo: 'Mira cómo ha crecido ya'. Y era ya un muchacho».

Y del pecho, a comer lo que hubiera en casa, que no era mucho. Un poco de maicena «y papilla de Pelargón, que era muy buena». «Yo pronto empecé a darles sopas de ajo, el médico me reñía, pero yo decía: '¡Cómo va a ser malo si las toma su madre!'. Y también les gustaba chupar la cortecita de pan», se acuerda Araceli. 'Sopa' de gato', que no es lo que parece, les daba Carmen a las niñas: «Se preparaba fácil, un poco de aceite, pan y un poco de azúcar, nada de sal».

Umbelina: No era como ahora, que hay mucho vicio. Las madres van a la farmacia y les dan de todo.

Antes criaban a los hijos como habían visto en casa hacer con los hermanos pequeños. «Nosotros fuimos diez, siete de ellos chicas, y yo la mayor de todas, así que me tocó levantarme muchas noche a acunar a mis hermanos pequeños para que mi madre descansara». Luego Carmen lo hizo también así con sus dos hijas: «He sido siempre desconfiada toda la vida, me levantaba cada poco a ver cómo estaban. Tenía miedo de que se les enredaran las sábanas en las manitas...».

- ¿Qué miedos teniáis entonces? Porque nadie os habría explicado qué era ser madre...

Araceli: Antes tenías miedo de todo. ¡Hasta de casarte! Porque por entonces era la primera vez que estabas con un hombre. Y oías cosas, y pensabas: '¿Hay que hacer eso?'. Yo con la primera hija recuerdo agarrarme a las faldas de mis tías del dolor que tenía.

Aurora: Pues yo al revés, cuando llegaba el médico ya estaba el niño fuera.

Carmen: Antes teníamos los hijos al natural. Era duro, pero también bonito. Y cuando nacían, poco hacía falta. Les poníamos el pico de pañal y poco más.

Araceli: Luego llegaron los picos de franela, ¿os acordáis?

Carmen: Sí, claro. ¡Ah y la envuelta! Porque ante se les envolvía a los bebés de cintura para abajo con un paño blanco duro. Estaban así unos meses, hasta que tenían las piernas formaditas. No había tanta abundancia de cosas como hay ahora.

Umbelina: El que podía les compraba un 'taca-taca' para que aprendieran a andar. Las mías echaron a correr pasado el año.

Carmen: Y polvos de talco para las irritaciones, que entonces no había cremas.

YVONNE ITURGAIZ

¿Los maridos colaboraban en la crianza?

Aurora: Ellos siempre se han apañado peor con los niños.

Araceli: Oía llorar al chiquillo y te decían: 'Está llorando el niño, levántate'.

Carmen: Pero los hemos criado con mucha ilusión.

Ilusión, toda. Lujos, contados por no decir ninguno. «En la casa de Zamora tenemos corral, y en el verano ponía un balde con agua al sol para que se calentara y así bañar a los niños», ilustra Aurora. Y Araceli se acuerda de cuando cogía una caja de cartón, le ataba un cordel para tirar de ella y les decía a los niños que era un camión. «¡Lo pasaba yo casi mejor que ellos!». Tiene dos hijos, ambos varones y uno está de sacerdote en Palencia. «Antes estuvo en México y en Bolivia», cuenta orgullosa, y aprieta una cadenita que lleva al cuello «con la Virgen de Palencia». Hablando de los hijos llegan a los nietos -«¡cómo se les quiere! Yo rezo por ellos todos los días», confiesa Carmen-, y a la biznieta, que solo hay una, la de Araceli. «Se llama Noa, tiene 3 años y está para comérsela, menudo juguete... Va a la ikastola y está aprendiendo inglés».

Ellas aprendieron lo que les dejaron, y la vida les ha ido enseñando todo lo demás. «Estudiamos poco pero tenemos educación, porque ahora los jóvenes pegan cada patada al hablar...», se duele Aurora, que se declara fan del programa 'Saber y ganar'. Umbelina prefiere 'Pasapalabra' y Araceli «cualquier cosa menos la cinco, que siempre están cotorreando».

La tele les entretiene muchos ratos en la residencia. Ahora que tienen tiempo para entretenerse, porque la suya ha sido una vida llena de obligaciones y pocos ratos de asueto. «Nos quitaron mucho de jugar», coinciden las cuatro. Lo dicen sin rencor, con la resignación de quien sabe que no había otra opción, que todas las manos hacían falta. Para levantar los colchones y airearlos «por si había chinches» o para limpiar el suelo de madera «con arena», que la madre de Umbelina la vendía. Y el suelo entonces se limpiaba «de rodillas». Casi todas aprendieron también a coser, que entonces no era un hobbie. «Una vez compré un vestido azul muy bonito y yo misma me hice la chaqueta a juego», cuenta Umbelina. Que había también ocasiones, pocas pero las había, para ponerse de tiros largos.

Umbelina: Íbamos al baile a Etxebarri, a Barakaldo... donde hubiera.

Araceli: A mí me gustaba el vals...

Entona uno mientras la fotógrafa retrata este encuentro generacional. Y ellas hacen como que bailan, las manos agarradas. Como si fuera un juego. Y ellas, otra vez esas niñas que un día fueron. «Si queréis decimos 'patata, patata', como los chiquillos». «¡O perejil, perejil!».

Araceli: ¡Mejor jamón, jamón!

Los datos

Número hijos por mujer Euskadi (2019):
1,34
Edad a la que las mujeres tienen el primer hijo (2019):
31,9 años
Número de hijos por mujer Euskadi (1975):
2,67
Edad a la que las mujeres tienen el primer hijo (1975):
25,4 años
Reproducción asistida:
Un 8,8% de las mujeres de entre 40 y 44 años se han sometido o se están sometiendo a un tratamiento de reproducción asistida.