«Un compañero protestó porque yo cobraba más»

Itziar Lazkano./Fernando Gómez
Itziar Lazkano. / Fernando Gómez

Itziar Lazkano critica que las actrices se vuelvan ‘invisibles’ al cumplir años: «Podemos anunciar pomadas, pero también otras cosas»

CARLOS BENITO

Itziar Lazkano está representando la versión femenina de ‘El florido pensil’, la obra de teatro que explora las barbaridades de la educación española durante la posguerra, así que no le cuesta encontrar ejemplos del discurso que dominó durante décadas la opinión pública de este país. «En el franquismo, los mensajes que se lanzaban hacia la mujer eran aterradores. ‘La vida de toda mujer no es más que un continuo deseo de encontrar a quién someterse’, decía una escritora». Ella nació en Portugalete en 1957 -«soy toda una ‘sexigenaria’», sonríe-, así que no le tocó experimentar de manera directa la fase más tenebrosa de la dictadura, pero sí pudo comprobar sus efectos devastadores en las mujeres de más edad: «Nos vendían la moto; si no a mí, a mi madre, porque yo creo que hay mucha diferencia entre las dos generaciones. Nos decían que ser ama de casa era el sueño de toda mujer».

Desde entonces la sociedad se ha transformado mucho, pero no tanto ni tan rápido como esperaban los jóvenes más concienciados de finales de los 70, cuando Itziar se incorporó a la escuela de teatro de los Cómicos de la Legua. «Estábamos muy comprometidos, había una militancia que buscaba cambiar las cosas, pero hoy seguimos hablando de los mismos problemas. Es verdad que la sociedad ha cambiado mucho y las mujeres hemos cambiado más: hemos aprendido a no tener miedo, a no tener vergüenza... Hemos superado muchas cosas, pero sufrimos aún el modelo patriarcal. Continúa porque entre todos y todas no hacemos lo suficiente. No es un asunto solo de las mujeres, sino también de los hombres: a mí me gusta hablar de personas».

En los últimos años, el gremio de las actrices se ha convertido en un activo motor de la reivindicación feminista, con críticas a las ficciones que consagran los aspectos más discriminatorios de la sociedad, pero también a los engranajes viciados de su propio oficio. «Miras las series, las películas, y el patriarcado todavía existe. En el teatro se da menos, pero está en las grandes industrias de la televisión y el cine, que son medios normalmente dirigidos por hombres. Eso repercute en nuestro trabajo: por ejemplo, a la hora de cobrar un sueldo inferior». ¿Ocurre de verdad? «¡Siiií! Hace bastantes años, coincidí en un trabajo con un compañero y yo cobraba más. Intuyo que era simplemente por quinquenios, pero él lo tomó a mal y protestó. Había una diferencia de edad muy grande, así que le dije: no te enfades, será una cuestión de antigüedad, aunque a mí no me molesta que cobres lo mismo que yo. Me pregunto si eso lo hacen muchos hombres, porque todos defendemos la causa con las palabras, pero donde hay que hacerlo es en la práctica y en el día a día».

Personas chungas

Otra queja habitual es que las actrices ‘desaparecen’ cuando se hacen mayores, como si los años las fuesen volviendo invisibles. «En general hay más papeles para hombres, y no te digo ya cuando tienes cierta edad. La sociedad vende ciertas cosas. La publicidad de colonias y ropa está protagonizada por jóvenes: las mayores estamos para anunciar una pizza o una pomada para lugares... raros. Podemos hacer eso, claro, pero también otras cosas: una mujer madura está en plenitud, es mucho más sabia en su profesión y en su vida. ¡Y también puede ser sexi, por qué no! En la vejez hay cuerpos y caras maravillosos». ¿Qué hay de los abusos sexuales? ¿La ha sorprendido la avalancha de denuncias? «En absoluto, porque ocurre desde siempre. ¡Qué terrible el debate de si es consentido o no! Esas estructuras de poder y esos abusos se dan en cualquier trabajo, no solo en la interpretación, porque vamos a encontrarnos personas chungas en todos los ámbitos de la vida».

Las niñas de hoy no sufren aquel adoctrinamiento desquiciado de la posguerra, pero parece que tampoco van a heredar una sociedad como es debido. «Entre todos y todas podemos forzar el cambio, porque las mujeres hacemos mucho, pero nos falta apoyo de los hombres -plantea la actriz-. Cuando se respeta a las mujeres y se les da libertad para cumplir sus sueños y ambiciones, el mundo se vuelve mejor para todos».

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