Una fragua medieval en la universidad: un grupo de estudiantes vascos consigue reducir el hierro como nuestros antepasados
El equipo, perteneciente a los grados de Fisica, Química y Geología, emula los procesos con los que se obtenía el metal en la antigüedad y la Edad Media casi de manera exacta: «Es sorprendente cómo lo conseguían»
Los métodos que usaban nuestros antepasados para hacer diferentes labores siguen teniendo una parte de misterio todavía ahora. Y no de manera figurada. Algunas son, ... en pleno siglo XXI, difíciles de imitar. Podemos conseguir el mismo resultado, pero no con los mismos procedimientos. Es lo que pasa con la forma en que se obtenía metal en la Antigüedad y Edad Media. «No lo hacían a través de una fundición al uso como podríamos pensar, sino a través de otro proceso que se llama reducción», explica Javier Franco, responsable del equipo de Arqueología del Museo de la Minería del País Vasco. Y pese a que han pasado unos cuantos siglos, intentar emular lo que hacían nuestros antepasados, con los mismos métodos y obtener resultados «no le sale a ningún especialista todavía».
El experto lo sabe bien porque es una de las voces más reputadas en arqueometalurgia del hierro, lleva nada menos que 25 años de investigación y conoce a la perfección todos los intentos que se han llevado a cabo para conseguirlo... hasta ahora infructuosos. Él y su equipo esperan poder hacerlo el próximo año en el Museo Rialia, en Portugalete, en una recreación que llevan tiempo preparando. «Es como una 'carrera'en la que participamos varios equipos de arqueología de toda Europa».
«El carbón con el que hemos alimentado el horno lo hemos hecho nosotros con madera de haya»
Irune Naranjo
Pero mientras eso sucede, un grupo de cuatro estudiantes de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), basándose en estos estudios previos, han dado un paso de gigante en la competición. El grupo LABE, formando por Asier Barco, Irune Naranjo, Sarai Aveleira e Ibai Del Estal, consiguió ayer en el campus de Leioa emular este modelo de trabajo medieval y obtener su primer tocho de metal como en su día lo hicieran los habitantes de esta tierra. La aventura, como el metal, se ha cocido a fuego lento.
Empezaron hace un año, cuando Barco tuvo la idea y la puso en marcha. Y lo de este miércoles ha sido el punto culminante, aunque no final. Desde primera hora de la mañana, los estudiantes se encargaron de preparar todo el material que necesitaban y de construir el horno a base de arcilla con sus propias manos. «Luego lo hemos alimentado con carbón, que también hemos hecho nosotros con madera de haya, y mineral, que en nuestro caso es hematite», explica Naranjo, que está en cuarto de Química.
«El hematite con que hemos alimentado la haizeola lo extrajimos en la corta de Gallarta»
Sarai Aveleira
Fueron cuatro horas de cuidar del fuego en su interior para que se dieran las condiciones ideales en las que ese mineral pudiera transformarse en metal. Un proceso en el que contaron con una ayuda 'moderna', un soplador que no tenían nuestros antepasados. Pero ha sido el único truco, porque hasta el mineral lo «hemos extraído nosotros de la corta que hay en Gallarta», aporta Aveleira, que se está formando como geóloga.
Franco, que ha sido uno de los asesores con los que ha contado el grupo, insiste en lo meticulosos que han sido en todo momento.«Salvo el soplador, los materiales utilizados reproducen cómo se hacía en la antigüedad, aunque sin usar un modelo arqueológico», un proceso que ha llegado a nuestros días «a través de investigaciones y experimentos muy posteriores» ya que nuestros antepasados «no dejaron nada por escrito».
Un resultado «sorprendente»
Con el «tocho» de metal en la mano, el grupo LABE respira más tranquilo. «Es sorprendente cómo conseguían extraer el metal con este método directo antes cuando ahora, con todos los conocimientos que tenemos, no es fácil», explica Barco. Ahora, pese a haber obtenido el 'premio' en forma de metal negruzco, todavía queda trabajo.
Aveleira y Del Estal, que también estudia Geología, analizarán la tierra donde ha tenido lugar el experimento para ver qué residuos ha dejado, algo que en un futuro podría permitir con un simple análisis del estrato de un lugar saber si hubo o no una haizeola allí. Naranjo hará lo mismo con las mediciones de gases, ya que es un proceso altamente contaminante y peligroso en cuanto a riesgo laboral. Y Barco intentará reproducir el proceso de nuestros antepasados llevando a la fragua ese tocho para ver qué utensilio puede hacer con él: «Quiero llegar hasta el final de todo».
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