Descubren en Oregón a la madre de todas las ballenas

Una ballena yubarta se alimenta en la costa pacífica de Estados Unidos./Ari S. Friedlaender / Universidad de California
Una ballena yubarta se alimenta en la costa pacífica de Estados Unidos. / Ari S. Friedlaender / Universidad de California

El cetáceo vivió hace 33 millones de años. No tenía dientes ni barbas y se alimentaba por succión como muchos peces ahora

Luis Alfonso Gámez
LUIS ALFONSO GÁMEZ

¿Cómo pasaron las ballenas de tener dientes a tener barbas? ¿Se transformaron lentamente los primeros en las segundas? ¿O usaron durante un tiempo ambos sistemas para alimentarse hasta que las barbas se impusieron? Un fósil descubierto en Oregón (EE UU) en los años 70 zanja estas tres incógnitas, sostiene un grupo de investigadores en la revista 'Current Biology'. Es una ballena sin dientes ni barbas, que se alimentaba por succión, como muchos peces. «Representa un sorprendente estadio intermedio entre las ballenas filtradoras modernas y sus antepasados con dientes», dice el paleontólogo Carlos Mauricio Peredo, de la Universidad George Mason y el Museo Nacional de Historia Natural de Estados Unidos.

Él y sus colaboradores han bautizado a la nueva especie como 'Maiabalaena nesbittae', madre ballena de Nesbitt. El nombre hace referencia a su situación en el árbol genealógico de las ballenas barbadas y rinde homenaje a la paleontóloga Elizabeth Nesbitt, conservadora del Museo Burke de la Universidad de Washington. El animal, de unos cinco metros de longitud, vivió hace unos 33 millones de años, en el límite entre el Eoceno y el Oligoceno. Los restos recuperados hasta el momento son un cráneo casi completo, con los huesos del oído y ambas mandíbulas, una cabeza de húmero y un radio. Los investigadores han liberado ahora los fósiles de la roca en la que estaban embutidos y los han explorado mediante tomografía computarizada, lo que ha revelado su estructura interna y la excepcionalidad de 'Maiabalaena'.

Estructura anatómica única

«Cuando hablamos de la evolución de las ballenas, los libros de texto tienden a centrarse en sus estadios iniciales, cuando fueron de la tierra al mar. 'Maiabalaena' muestra que la segunda fase de la evolución de las ballenas es importante para la evolución a gran escala. Por primera vez, ahora podemos precisar el origen de la alimentación por filtración, que es una de las principales innovaciones en la historia de las ballenas», afirma Peredo. Las grandes ballenas actuales usan las barbas, láminas flexibles de queratina –de lo que están hechas nuestras uñas–, para filtrar millones de litros de agua cada día y atrapar a sus diminutas presas.

El paleontólogo Carlos Mauricio Peredo con el fósil de 'Maiabalaena nesbittae'
El paleontólogo Carlos Mauricio Peredo con el fósil de 'Maiabalaena nesbittae' / Institución Smithsoniana

Las barbas son una de las estructuras más enigmáticas de los mamíferos, dicen los investigadores. Ningún otro animal tiene una estructura anatómica «remotamente parecida». Su composición química hace que muy raramente se preserve, así que los paleontólogos deducen su presencia o no a partir de otras estructuras anatómicas. Que 'Maiabalaena' carecía de dientes saltaba a la vista, pero fue la tomografía computarizada la que descartó las barbas. Su mandíbula superior era delgada y estrecha, inadecuada para aguantarlas.

«Una ballena actual tiene un gran techo ancho y grueso en la boca para la sujeción de las barbas. 'Maiabalaena' no. Podemos decir de manera concluyente que no tenía dientes ni barbas», sentencia Peredo. Sin tener con qué masticar ni filtrar, la madre ballena de Nesbitt se alimentaba por succión. Las uniones de los músculos en los huesos de la garganta indican que probablemente tenía mejillas fuertes y lengua retráctil, lo que le permitiría succionar agua y capturar peces y pequeños calamares, explican los autores. La capacidad de succión haría de los dientes, cuyo desarrollo requiere mucha energía, algo innecesario para esta ballena. El hallazgo implica, en última instancia, que la aparición evolutiva de las barbas fue independiente de la pérdida de los dientes, que ocurrió millones de años antes.

Hoy en día, también hay cetáceos que ni muerden ni filtran, como el cachalote, que solo tiene dientes en la mandíbula inferior, y el narval, cuyo único diente es un colmillo retorcido de hasta dos metros que algunos comerciantes vendían en la Europa medieval como cuerno de uniconio.

 

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