Nagore Robles y Nash: «Apareció una bolita blanca que andaba hacia mí»

Nagore y Nash, retratados la semana pasada durante un paseo por Madrid./Elvira Megías
Nagore y Nash, retratados la semana pasada durante un paseo por Madrid. / Elvira Megías

Su primer perro fue Chester, un mastín leonés. «Me lo regalaron de pequeña, por mi cumpleaños. Pero vivíamos en un piso de 50 metros cuadrados y mis padres, que habían pensado poco en ello, decidieron dárselo a un aldeano conocido de mi padre. Aquel día se nos rompió el corazón a mi hermana y a mí»

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Ahora ya va para adolescente y posa en la foto con admirable seriedad, pero, cuando Nash llegó a la vida de Nagore Robles, era una criatura diminuta e irresistible. El cachorrito fue un regalo de su pareja, la periodista y escritora Sandra Barneda: «Yo llevaba una temporada baja de ánimo y, al regresar de un viaje con una amiga, mi chica me dijo que tenía listo mi regalo de cumpleaños. Me llevaron con los ojos tapados a casa de unos amigos y, cuando todos me miraban con actitud muy rara, apareció una bolita blanca que andaba hacia mí. Me arrodillé llorando y gritando 'es mío, es mío'». Sus amigas ya lo habían bautizado y todo: el perro se llama así en homenaje a John Nash, el matemático experto en teoría de juegos que inspiró la película 'Una mente maravillosa', aunque en realidad ahí se esconde una rara carambola y lo de Nash va por su dueña: «En invierno suelo jugar con unas amigas al continental. No es que yo sea muy buena, pero ellas... El caso es que casi siempre les ganaba, así que me pusieron de mote Nash».

En la historia 'mascotera' de Nagore ya había otros dos perros que llegaron como regalos. Al primero, Chester, lo sigue evocando con un pellizco de tristeza: era un mastín leonés que pronto se hizo demasiado grande para el pisito familiar de Basauri. Mucho tiempo más tarde, cuando tenía 24 años, un amigo empeñado en conquistarla -«sin éxito», puntualiza- le regaló a Enzo, un cachorro de bichón maltés: «Me negué a quedarme con él, pero, después de pasar juntos un fin de semana, supe que éramos inseparables. ¡Fue amor a primera vista!». Cuando entró a la casa de 'Gran Hermano', dejó a Enzo con sus padres y el encanto del perrito se cobró una nueva víctima: «Mi aita me suplicó que no me lo llevara. Y yo sabía que Enzo estaría mejor con él: me dijo que se lo llevaría cada fin de semana al Gorbea, como hacía conmigo de pequeña, así que supe que su amistad era irrompible».

La pareja más graciosa

Nash ha irrumpido en la casa como un torbellino, con esa capacidad pasmosa de los cachorros para conseguir que todo gire a su alrededor, pero antes de nada tuvo que ganarse a Sr. James, el gato que Sandra se encontró hace años en el Empordà. Por suerte, hubo química y la relación funcionó de inmediato, igual que ocurrió en su momento con la aparición de Nagore: «¡Son la pareja de animales más graciosa que he visto jamás! -se ríe-. James es un gato cariñoso, sociable y con una actitud muy perruna: te llama, se enfada si pasas la noche fuera y obedece si le regañas, aunque solo después de rechistar. Los dos juegan continuamente, corren por toda la casa y se entienden a la perfección, aunque a veces James se agota y, de manera muy inteligente, se sube a los muebles y pasa del perro».

Los seres humanos, en cambio, no parecen cansarse nunca del pequeño Nash y sus monerías. En estos meses de convivencia, Nagore ha atesorado mil recuerdos: cuando lo duchó con ella e intentaba beberse toda el agua que caía, cuando se lo llevó a hacer 'paddle surf' y también, ay, aquella vez que ella tenía un gripazo y se le ocurrió subirlo a la cama para que le hiciese compañía: «A las dos de la madrugada decidió hacerse pis sobre el nórdico, las sábanas, el colchón... Ahí estaba yo, a las tantas, poniendo lavadoras». Todas las mañanas, Nash se acerca a la cama con su peluche, Silvestre, para obtener la primera ración de mimos de la jornada: «Yo no recordaba lo duro que es el día a día con un cachorrito: te imponen muchísimas obligaciones, pero las recompensas son infinitamente mayores. Salen a recibirte, de esa forma incomparable, y los esfuerzos ya no significan nada».

Nash

Raza:
Jack Russell.
Edad:
7 meses.
Peso:
siete kilos y medio.
Carácter:
rebelde, enérgico, sociable y dominante. «Como buen escorpio», añade Nagore.
¿Alguna manía?
«Las pelotas grandes son su perdición. Y la mía, porque, si da con una, no vuelve».

 

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