EL PISCOLABIS

Adiós al hombre de los errores

Jean Laplace, en su estudio. /
Jean Laplace, en su estudio.

Jean Laplace, el creador de las viñetas que obligaban al lector de los periódicos a buscar aquello que su pluma había alterado, ha fallecido a los 84 años en Francia

JON URIARTE

Ha muerto a los 84 años en Annecy, una localidad al este de Francia. A poca gente le sonará su nombre. Jean Laplace. Yo lo desconocía. Pero le conocía. Toda persona que haya abierto un periódico alguna vez, sabía de su obra y entretenimiento. Porque ese era su oficio. Entretener. Laplace era el hombre de los 'Ocho errores'. Esas dos viñetas al final de los periódicos que obligaban al lector a buscar aquello que su pluma había alterado, a veces de forma evidente y otras de manera sutil. Por eso, sin ser de nuestro barrio, era parte de nuestro día a día. Y hoy, los periódicos de aquí y de allá, porque publicó por todo el mundo, lloran tinta negra en su honor.

Laplace nació en 1934, vivió su infancia en aquella Francia ocupada por los nazis y creció en la posguerra. Quizá por ello pasó los ratos vacíos de su incipiente existencia dibujando en todo papel que caía en sus manos. No fue raro por tanto que acabara formándose como diseñador industrial. Pero su destino era otro. Y llegó 1966. Ese año, dio el salto definitivo en su carrera. Llevaba tiempo dibujando escenas cómicas. Pero en ese instante decidió convertir sus bromas en rompecabezas, al crear el 'Juego de los ocho errores'. No era una gran novedad, porque estaba inspirado en los juegos de las 7 diferencias. Pero él aportaba algo más. Humor. Y se convirtió en un éxito.

Por estos lares llegó una década más tarde y ya no se marchó. Me refiero a sus viñetas. Porque seguía dibujando desde Francia. Y eso que algunos le imaginaban belga. Pero no. Su primer personaje fue el de un vaquero sentado en una valla y haciendo calceta. Quizá lo recuerden. Porque además fue muy repetido. Si lo encuentran en el futuro fíjense en la chimenea. Encontrarán el primer error. Y en el monte del fondo...Bueno no sigo que la gracia está en buscarlos y encontrarlos de manera individual. Una actividad que permitía dejar pasar el tiempo, mientras el café se enfriaba. A veces era tal la concentración que alcanzaba una temperatura tan tibia que había que pedir otro. Es lo que tiene sumergirse en una de esas viñetas.

Empezar la jornada por el final

De hecho hay quien comienza a leer el periódico por detrás y por este punto. Como si fuera la mejor forma de empezar la jornada. O de cerrarla. Porque hay lectores matutinos, vespertinos y hasta nocturnos. Hay quien lee de cabo a rabo el diario y deja, como si se tratara de un soñado postre, las páginas de entretenimiento para el final. Bien lo sabemos los lectores de EL CORREO. Sobre todo con 'Don Celes' de Olmo que fue la primera incursión en ese papel que leían los mayores y llamaban periódico. Sus aventuras y, sobre todo, desventuras, siguen siendo el génesis para mucha gente. De hecho, he visto a quien, antes de colocarlo bajo el brazo para regresar a casa o a un lugar tranquilo para leerlo, echa un vistazo a la última página para saludar al hombre de los tres pelos . Y luego, con más tranquilidad, dejarse llevar por las páginas del entretenimiento. Lo que me recuerda a cierta historia.

En un tiempo lejano en el que me ganaba las alubias tras una barra, recibía a diario la visita de un cliente muy especial. Era pequeño como un sello y viejo como un papiro. Entraba por la puerta y se dirigía hacia la zona en la que dejábamos EL CORREO para quien quisiera leerlo. Lo abría sin pronunciar palabra, miraba las esquelas y proclamaba en voz alta y clara-No salgo tampoco hoy, así que para celebrarlo...pon un vino-. Y acto seguido, veía a Don Celes y luego, sacaba un bolígrafo con más años que una estalactita y buscaba los famosos errores. El universo de Laplace.

Hablo en presente, porque no hace falta ser adivino para tener claro que se ha ido, pero su vaquero y el resto de sus chistes y personajes permanecerán con nosotros para siempre. Al menos hasta que se publique la última edición del último periódico en papel. O más allá. Puede que el mundo digital quiera adoptar su obra. No sería raro. Hay cosas que son atemporales. Además, hay para elegir. Su legado cuenta con más de 19.000 dibujos. Comprenden toda una vida. La que compartió con nosotros, sin necesidad de conocernos. Le bastó con dos viñetas, ocho errores y un vaquero que nos daba los buenos días. Ese que, al ser preguntado Laplace por su nombre respondió con la sencillez propia de quien no se da importancia-Yo le llamo pequeño hombrecillo ingénuo de grandes ojos soñadores-.

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