La acusación asegura que Ana Julia dejó agonizar al pequeño Gabriel durante una hora

Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del niño Gabriel Cruz, en la sala de vistas de la Audiencia provincial de Almería junto a sus abogados. / I.A.

El letrado señala que «las pruebas no demuestran que fuera un plan preconcebido» y duda del arrepentimiento de la sospechosa

CECILIA CUERDOAlmería

La primera sesión del juicio por la muerte de Gabriel Cruz en la localidad almeriense de Níjar dejó a las claras este lunes que las estrategias jurídicas pasan por mostrar la intencionalidad o no de Ana Julia Quezada, acusada de un asesinato que ella achaca a un accidente. Y que las partes no tendrán reparo en subrayar los detalles más escabrosos para lograr el favor de un jurado popular mayoritariamente femenino: siete mujeres y dos hombres. Mientras para la defensa las pruebas «no demuestran» que hubiera esa premeditación -apela a lo «chapucero» de continuar al lado de la familia mientras se le seguía buscando-, la acusación que ejercen los padres se centró en el sufrimiento que infligió a su hijo, ya que estuvo agonizando entre 45 y 90 minutos. «No tuvo opción de salir con vida», resaltó el fiscal. «No cabe mayor maldad», zanjó la acusación.

Este martes será cuando Quezada relate lo ocurrido en la finca de Rodalquilar aquella aciaga tarde del 27 febrero de 2018, poco antes de que declaren como testigos, y a puerta cerrada, los familiares directos de Gabriel. Una acusada que llegó a la Audiencia provincial de Almería antes de las nueve de la mañana con un aspecto muy diferente al mostrado los días de búsqueda del pequeño, tanto físico como en su vestimenta. Y que rompió a llorar durante la hora y media de sesión, en la que continuamente negó con la cabeza y con murmullos las afirmaciones de la acusación.

«La tesis de que el niño se ha muerto resulta inaceptable», sentenció el letrado Francisco Torres, quien incluso apuntó a dos posibles móviles. Uno, los celos sobre el menor, ya que era un «estorbo» en la relación de Quezada con Ángel Cruz. Y otro económico, en alusión a los comentarios que ella habría realizado sobre un posible reparto de propiedades inmobiliarias de la familia. «Estuvo cerca de una hora con posibilidad de salvarse, y alguien no rematadamente malo como la acusada hubiera llamado a los servicios de emergencias» aseveró el abogado antes de desgranar un relato terrorífico de su actuación en el que no escatimó detalles sobre la agonía que, supuestamente, le causó al pequeño y sus verdaderas intenciones al ocultar el cuerpo.

«Falta de escrúpulos brutal»

«Le apalea, le golpea, le ve agonizando y lo asfixia», aseveró, tratando de rebatir que, si su pretensión era solo acallarle tapándole la boca, como argumentó la defensa, «no le da la somanta de palos que le dio durante una hora». «¿Y quién se pone a pintar una puerta después de matar a alguien?», reflexionó, para ilustrar «la falta de escrúpulos brutal» de Quezada cuando «dormía a diario con el padre del niño que había matado, o animaba a diario a todo el mundo».

Es más, el letrado cuestionó el arrepentimiento de Quezada recordando una de las frases más duras que la investigación policial descubrió durante la grabación. «Qué arrepentimiento cabe si dijo, 'os voy a dar 'pescaíto' por mis cojones'». Todo ello con el objetivo de apuntalar la versión del asesinato con alevosía para una condena por prisión permanente revisable. Y apoyado por el fiscal, que considera que Quezada actuó «de forma consciente y a sangre fría».

La defensa de Quezada sabe que será muy difícil romper la imagen de perversidad que pesa en el imaginario colectivo. Por eso trató de convencer al jurado de que ciña su valoración a las pruebas presentadas, más allá de impresiones. «Justicia no es venganza», lanzó el letrado. Y el relato que configuran las pruebas, insistió Esteban Hernández -Thiel, demuestran que no hubo un plan preconcebido». «Su conducta no fue la más afortunada, sí, pero el ser humano cuando hace el mal por desgracia y por naturaleza tiende a ocultarlo».

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