«75.000 desdichados mueren al año con dolor y el Gobierno les ofrece la eutanasia»

Marcos Gómez Sancho, el jueves en el máster de Cuidados Paliativos de Medicina. /Pedro Urresti
Marcos Gómez Sancho, el jueves en el máster de Cuidados Paliativos de Medicina. / Pedro Urresti

Marcos Gómez Sancho, el introductor de los servicios paliativos en España, se muestra muy crítico con el sistema sanitario

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Una hernia discal que se complicó cambió para siempre la vida del joven anestesista Marcos Gómez Sancho (Segovia, 1948). Después de cuatro años debatiéndose entre el dolor y la vida, decidió cambiar de rumbo a su actividad profesional y se convirtió en el introductor en España de los cuidados paliativos. Cuatro décadas después, gracias a aquella larga enfermedad, 75.000 españoles fallecen cada año en condiciones dignas desde el punto de vista físico, emocional, familiar y espiritual. No es oro, sin embargo, todo lo que reluce. «Otros 75.000 desdichados mueren con sufrimiento y el Gobierno sólo les ofrece como alternativa la eutanasia», se lamenta Gómez Sancho. Presidente de honor de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos y coordinador de la estrategia en Canarias , esta semana ha visitado Bilbao para hablar sobre 'Los últimos días de vida' en un acto enmarcado en el 50 aniversario de la Facultad de Medicina y Enfermería de la UPV/EHU.

- ¿Cómo son esos últimos días?

- Varía mucho si el paciente puede morir en su casa o si le llevan a morir a un hospital. No es lo mismo irse en un sitio frío, con normas estrictamente carcelarias, que hacerlo rodeado de tu gente, disfrutando.

- Usted se ha sentido morir...

- Sí. Tuve algo tan simple como una hernia discal, con la mala fortuna de que se me infectó en el quirófano. Me obligó a permanecer tres años en la cama, de los que seis meses los pasé en el hospital.

- ¿Cómo lo vivió?

- Las primeras semanas, con un dolor terrorífico, por el daño medular... un dolor muy resistente a la medicación. Cuando terminé decidí reorientar mi vida. Aprendemos de las crisis. Cuando no pasa nada, se suceden los días y los años de una manera absolutamente cadencial.

- ¿Qué le llevó a cambiar su trayectoria de forma tan radical?

- Fue un golpe muy grande. En aquella época, estaba sólo, en la cama de un hospital público. Me trataron muy bien, en una habitación individual y me permitían fumar. Sin tabaco no hubiera soportado aquel dolor. Leí mucho y, sobre todo, escuché música. A Mahler, Brucker, Bach... De mi desgracia, decenas de miles de enfermos han muerto de una manera más decente, con dignidad y en paz; y muchos profesionales han aprendido a atenderles.

- ¿Ahora ya están bien atendidos nuestros moribundos?

- La mitad sí, pero hay otros tantos que necesitan cuidados paliativos y no los reciben. Cada año, 75.000 españoles mueren en condiciones inhumanas, con un sufrimiento intenso, porque nadie se ha ocupado de ellos. Esta es la gran tragedia.

«Se cambian cromos»

- ¿Qué pasa con la ley de Paliativos, que está otra vez atascada?

- Esta vez, hace un año que tendría que estar lista. Como los políticos se cambian cromos, no sé qué chanchullo tienen en este momento, qué votos se tienen que comprar o a qué precio. Por eso, denunciamos la pasividad y negligencia de los partidos, que después de varias legislaturas han sido incapaces de aprobar una ley para atender adecuadamente a los enfermos.

- Igual regulan antes la eutanasia...

- Me parece un escándalo de una magnitud escalofriante. Es una vergüenza que a esos 75.000 desdichados la única opción que se les ofrezca sea la eutanasia.

- ¿Usted nunca deseó la muerte?

- No. Hay otro asunto importante.

- Dígame.

- Cada día mueren unas 100 personas en España esperando la ayuda a la dependencia. Hay enfermos con muchos problemas económicos, porque en el hospital todo es gratis, pero en casa no siempre. Me llama la atención que el PSOE garantice que la eutanasia se aplicará en un tiempo máximo de 32 días. ¿Por qué no se dan tanta prisa para dar a los enfermos la ayuda a la que tienen derecho? Me parece una obscenidad.

- ¿Es más barato?

- Que haya que elegir entre una opción gratis y otra costosa me parece un escándalo, una perversidad absoluta. Da mucho miedo la eutanasia gratis en una situación de crisis y restricción de recursos.

- ¿Se teme lo peor?

- ¡Usted dirá! Me llama la atención que se venda como algo progresista y estar en su contra sea reaccionario. ¡Pues no! Lo progresista es que un viejito enfermo esté atendido en su casa por una enfermera, que le vaya todas las tardes con las medicinas, le cuide la boca y le haga un tacto rectal para verificar un fecaloma (obstrucción). Eso es progresista. Y matarlo, reaccionario.