Solos de trompeta muy acompañados

Los toques de Retreta en la Diputación Foral de Álava./
Los toques de Retreta en la Diputación Foral de Álava.

Cientos de alaveses se dan cita en las plazas de la Provincia y de España para arrancar la fiesta con la tradicional Retreta

JORGE BARBÓ

Si hubiera que describirle la situación al foráneo, habría que empezar con unos señores vestidos con un atuendo muy parecido al de aquellas sotas que pintó el bueno de Heraclio Fournier para la baraja. Hinchan muchísimo los mofletes, a lo Louis Armstrong, cogen aire y lo sueltan a poquitos, deslizando sus dedos ágiles por las llaves de las trompetas para entonar algo parecido a una melodía marcial ante una multitud expectante. Y poco más. Pero ni la descripción más precisa, ni la foto con más píxeles conseguirían transmitir la emoción contenida que se respira en la Retreta, el acto en el que cientos de alaveses se dan cita para tararear, todos juntos, la sinfonía local que anuncia el día más grande de Álava.

A punto estuvo el tiempo -tan caprichoso él por estos lares, por estas fechas- de jugarle una treta a la Retreta. Sin embargo, un frío sol se acabó imponiendo al descafeinado amago de nevada de la mañana y a la lluvia que salpicó, calando lo justo, por la tarde. Con todo, los vaivenes del termómetro no consiguieron amilanar al personal, que no se terminó de decidir por el outfit adecuado para la ocasión. Abrigos invernales, chubasqueros y chamarras convivían entre la multitud. «Hijo, es que ya no sabes ni qué ponerte con estos días tan locos», resoplaba la pizpireta Eloisa Morales, que optó por el socorrido atuendo tipo cebolla. «Llevo camiseta, jersey, rebequita -qué palabra ésta, que sólo de escucharla ya abriga-, chaquetón y bufanda». «Y no me sobra nada», abundó. En efecto, el mercurio no se animó a subir más allá de los seis grados (cayó a los cuatro cuando se entonaba el último toque, a las 22.00 horas), en un ambiente gélido que el gentío supo caldear con sus ganas de fiesta.

«Y ahora, un vinito», animó Isabel López a sus amigos tras el segundo toque de Retreta en la plaza de España. «Es que me muero de frío», se excusó la mujer, acompañada de Maite Portugal y Rafa Zalama, que ensalzó, muy solemne él, «el orgullo de ser alavés que significa un día como hoy». «Es que es muy emocionante», remachó, viniéndose un poquito arriba, ya antes de los vinos. Como ellos, las cuadrillas no lo tuvieron nada fácil para hacerse un hueco en las barras de la zona, del Morro Fino al Deportivo, que a esas horas emitían en sus pantallas la tonadilla vasca, sin emoción ni goles, que se estaba interpretando al mismo tiempo en Mendizorroza. «Yo creo que se ha notado mucho el partido del Alavés contra el Eibar, otros años viene muchísima más gente», calculaba, a ojo de buen cubero y blanco en mano, Ángel Mendizábal.

Al tuntún

Mucho más concurrida y bastante más animada estaba la plaza de la Provincia. Ya antes de las 21.00 horas, cuando los atabaleros y los trompeteros le empezaron a zumbar al tuntún, familias enteras aguardaban a los solemnes solos que habían de llegar desde la balconada del Palacio foral. «¿Que cómo se llama la canción? ¡Pues el tra-tra-trantran!», resolvió Iker Arróniz, que animó a su vástago, el pequeño Oier, a cantar la letra de la sinfonía local. «Suena el tun, tun y con él la trompeta...», se arrancó el pequeño, que entonó, con lengua de trapo y de carrerilla, la pieza que compusieron al alimón Luis Arámburu y Venancio del Val.

La tradición sigue la misma partitura, sin desafinar y con idénticas notas cadenciosas, de cierto aire marcial, desde 1929. Cuentan que entonces se entonó la Retreta que alertaba del cierre de las murallas y el personal siguió a lo suyo, un poco como cuando en la oficina suena la alarma de incendios, la gente ni se inmuta y sólo Hernández, el de contabilidad, sale a la carrera con archivadores llenos de balances, como si se avecinara el apocalipsis. Sin jinetes, pero con trompetas, el acto sirve ahora de preludio, a sorbitos, cada quince minutos, de esa tonadilla de pura farra que se derrama por las calles de la ciudad para honrar al Santo. A tragos de bendita devoción. Anoche, con el hielo justo.

Entre toque de queda y toque, los de la Academia Municipal de Folklore se encargaron de hilvanar la fiesta para que no le saltaran las costuras. Lo hicieron a puntadas de canciones populares en euskera, del Katalintxu al sortziko de San Prudencio, muy aplaudidas por el público familiar congregado frente al Ayuntamiento. En la plaza de la Provincia, hicieron lo propio los de Algara, con sus dantzas, y los de la Gasteiz Big Band, que le pusieron swing a la tardición. Pues sí. Hasta el de fuera, hasta el foráneo, se marcha de allí, al último toque, con la piel de gallina. ¿Será por el frío?

 

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