PP y Vox se enzarzan en una espiral de reproches tras el fracaso en Murcia y con Madrid en el aire

García Egea, el jueves, junto a López Miras en la sesión de investidura de Murcia. /Marcial Guillén / EFE
García Egea, el jueves, junto a López Miras en la sesión de investidura de Murcia. / Marcial Guillén / EFE

El partido de Abascal revela que su líder se reunió con Casado al tiempo que Espinosa de los Monteros se veía con Ciudadanos

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Ni la movilización de las cúpulas nacionales de PP, Ciudadanos y Vox sirvió el jueves para salvar la investidura del conservador Fernando López Miras en Murcia ni el paso de las horas contribuyó a disipar la desconfianza que se ha instalado entre las fuerzas de la derecha. En un clima enrarecido, el partido de Santiago Abascal reveló hoy que contactos hubo y al más alto nivel en las horas previas a la votación frustrada, que su presidente se reunió buena parte de la tarde con el jefe de filas de los populares, Pablo Casado, y que su portavoz parlamentario, Iván Espinosa de los Monteros, fue el encargado de tender puentes con los liberales. Pero nada dio resultado.

Los tres partidos de la derecha volvieron a poner este viernes de relieve sus dificultades para entenderse cuando aún tienen pendiente la negociación del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Y en la resaca de la sesión de investidura de Murcia sus versiones de lo ocurrido 24 horas antes no terminaron de encajar.

Ciudadanos insistió en que su secretario general, José Manuel Villegas, trasladó en privado a Espinosa de los Monteros lo mismo que había aclarado en público: que no se negociaría un acuerdo de gobierno a tres bandas. Desde Vox, sin embargo, interpretaron que se dejaba una puerta abierta, aunque para el futuro.

Ese encuentro tuvo lugar la tarde del jueves. Y a esa hora el PP ya intentaba allanar el terreno con la dirección nacional de Vox para que pasaran por alto sus tensiones con Ciudadanos. Minutos antes de la votación en el Parlamento regional, el número dos de Casado, Teodoro García Egea, creyó tener la investidura resuelta. Se había comprometido con el partido de Santiago Abascal a respetar un documento de diez puntos.

El texto incluía, entre otras cuestiones, la libertad de los padres para elegir centro educativo y para impedir que los niños participen en actividades sin consentimiento parental, una bajada de impuestos, el fomento de la natalidad, la revisión de la política de creación de centros para menores inmigrantes no acompañados o el impulso de un pacto nacional del agua. A cambio, Vox se abstendría en el pleno, suficiente para superar el trámite. Y poco antes de la sesión, tras una conversación con la cúpula nacional, García Egea concluyó que el conflicto estaba salvado, aunque la ecuación no terminara de incluir a Ciudadanos.

No fue así. Los diputados de Abascal volvieron a tumbar la elección de López Miras y, aunque culparon al núcleo duro de Albert Rivera del fracaso, Vox y el PP se enzarzaron en horas de reproches mutuos.

Guerra abierta

A juicio de García Egea, la «ultraderechita cobarde», como calificó a sus socios, no respetó el acuerdo bilateral alcanzado. Pero Espinosa de los Monteros replicó ayer al secretario general del PP que nunca hubo un «documento firmado». Fuentes de Vox negaron incluso que llegaran a garantizar a los populares por teléfono el desbloqueo.

Las fricciones fueron en aumento. «Cada vez más difícil –publicó Abascal en Twitter–. Al cordón sanitario francés que impone Ciudadanos se unen ahora los embustes del PP y su jauría mediática. ¿Cómo llegar a un acuerdo con unos que no quieren hablar y otro que mienten sistemáticamente?». El líder del Vox intentó atajar también la tesis del PP sobre que la incomunicación dentro de su organización fue lo que dio al traste con la operación. Cerró filas con Iván Espinosa de los Monteros y apostilló: «Somos un equipo».

No es la primera vez que PP y Vox viven una crisis. Arrastran, de hecho, los recelos que surgieron en las conversaciones para el Ayuntamiento de Madrid, donde los de Abascal terminaron por renunciar a cargos. El vicesecretario de Organización de los populares, Javier Maroto, lamentó hoy la «inmadurez política» de los «nuevos partidos». Una referencia velada tanto a los de Abascal como a Ciudadanos.

Fueron los liberales los que redujeron el jueves por la mañana la cita entre PP, Ciudadanos y Vox en Cartagena a una reunión para «tomar café». Eso enervó a los de Abascal, que aún sostienen que la negociación en Murcia estaba dando resultados y que se avanzaba en un documento conjunto. Tampoco ese extremo lo suscriben todos.

Aznar añora el bipartidismo

El expresidente del Gobierno José María Aznar cargó este viernes contra la «nueva política» porque, justificó, no ha traído «regeneración» sino una fragmentación que no se traduce en acuerdos y lleva a más «radicalismo» en el ámbito de los partidos. El exlíder del Partido Popular opinó en la clausura del curso de verano de la fundación FAES en San Lorenzo de El Escorial que esta situación beneficia al «nacionalismo radicalizado», que cuenta a día de hoy con «la coyuntura más favorable para tener un poder de decisión sin precedentes». Y añadió que «en Cataluña no está en juego la independencia sino la existencia de una sociedad libre y democrática».

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