«Volvería destinado a Alsasua. Allí hay muy buena gente»

Óscar Arenas, en el cuartel de Monzón. /Manuel Molines
Óscar Arenas, en el cuartel de Monzón. / Manuel Molines

«Fue eterno, los golpes no cesaban, pero nunca cambiarán mi vocación a puñetazos y patadas», afirma el oficial

ARTURO CHECAMonzón

Óscar Arenas (Puçol, 1992) tiene ADN de Guardia Civil. Hijo del Cuerpo, oficial desde los 18 años, cuatro cuarteles en tres años y una vocación grabada a fuego. Él es el teniente agredido en Alsasua. Por primera vez habla en una entrevista y da la cara. «Ahora soy el teniente de Alfafar (su próximo destino), como antes lo fui de Monzón. Siento como mía cada tierra».

– Justo dos años después de la agresión, ¿cómo se encuentra?

– Al cien por cien. Sin secuelas físicas ni psíquicas. El cirujano hizo un trabajo único, porque igual un milímetro arriba o abajo, los tornillos que llevo en un tobillo me hubieran inutilizado la pierna. La operación salió genial y el postoperatorio lo trabajé mucho, con el inestimable apoyo de un preparador físico de Valencia, Miguel Maeso. Gracias a él no me quedé cojo. Ahora sigo con la misma ilusión y ganas de siempre, igual que cuando salí de la academia.

– ¿Qué recuerda de la agresión?

– Recuerdo que el sargento y su pareja habían llegado a Alsasua hacía apenas dos semanas. Fuimos a cenar al bar de mi pareja. Había buen ambiente y decidimos ir al Koxka, que lo frecuentaban amigos de Mari José, y yo ya había ido alguna vez. Allí se empezó a liar. Comenzaron a pegarnos y nuestra única preocupación era salir del bar, pero fuera había preparada una encerrona mayor. Recibí muchísimos golpes. Estaba aturdido y sangraba por la boca. No pude mantenerme en pie y caí al suelo, indefenso. Yo decía que se marcharan e intentaba llamar para que enviaran refuerzos y la ambulancia. Después recuerdo ya estar en el hospital, acompañado de Mari José. Vino el sargento, con golpes y la ropa hecha jirones. Y empezaron visitas de mandos de Madrid, compañeros… No faltaron paisanos de Alsasua.

– ¿Llegó a sentir miedo por su vida?

– Sí. Cuando estaba tan aturdido noté que iba a perder el sentido. Estaba en el suelo, con el tobillo partido y sangrando por la boca. Te das cuenta de que estás en una situación muy complicada, más cuando vi que me iba a quedar inconsciente y ya no sabía qué iba a pasar. Fue eterno, porque los golpes no cesaban.

– ¿Qué reacciones del entorno le dolieron y le reconfortaron?

– Los paisanos de Alsasua que me conocían no me han fallado. Muchos me han defendido, y eso con el ambiente de allí, puede complicarte mucho la vida. Pero lo hicieron porque me conocen bien, y eso me hace sentir orgulloso. He seguido viéndome con ellos, he continuado yendo a Alsasua, les invito a vinos, ellos me invitan a mí… No se ha roto nada. Yo sé cómo son ellos y ellos cómo soy yo. Tengo 26 años y llegué allí con la idea de tratar a la gente como en Valencia. No hay ciudadanos de primera ni de segunda. Trato a la gente de la misma manera esté donde esté, tengan las ideas que tengan, incluso si esas van en contra de las mías.

– Pese a todo ha vuelto a Alsasua y conserva amigos…

– Hay gente a la que tengo que llamar obligatoriamente si paso por Alsasua, no puedo dejar de hacerlo, porque pasamos allí muy buenos ratos. He vuelto varias veces y me he encontrado muy bien. Hablando con vecinos y preguntándome cómo estaba. Al pueblo de Alsasua, para nada le guardo rencor. Al contrario, me queda la espinita de haberme tenido que ir de allí de esta manera, sin un relevo como toca y con los planes a medias. Volvería destinado sin importarme a Alsasua o a Navarra.

– ¿Cómo lo llevó su familia?

– Sufriendo mucho. Mi padre es guardia civil y sabe lo que hay, igual que mi madre. Saben lo que puede pasar. Es un oficio con riesgo. Yo me expuse a él y me ocurrió.

– ¿Se le pasó por la cabeza renunciar a ser guardia civil?

– No. Jamás (Se ríe). Jamás, jamás. Si no tuviera el uniforme, volvería a intentar entrar en el cuerpo. Mi trabajo es mi hobby y ojalá dure mucho y pueda estar en sitios en los que ayudar a la gente. Es la ilusión de mi vida. Amo lo que hago pese a todo y nunca cambiarán mi vocación, mucho menos a golpes y puñetazos. Se me puede convencer de muchas formas pero a golpes nunca. Si hubiera podido continuar en Alsasua, que no me hubiera importado, no habría cambiado nada por lo que pasó.

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