Urkullu pide a Torra un acuerdo con Sánchez y el president hace un alegato por la independencia

Urkullu y Torra, durante su comparencia en Ajuria Enea/Igor Aizpuru
Urkullu y Torra, durante su comparencia en Ajuria Enea / Igor Aizpuru

El lehendakari insta a su interlocutor a «aprovechar» la actual mayoría parlamentaria en Madrid para buscar «un cauce de solución política» con el Estado

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Dos burbujas distintas. O dos «pantallas», como le gusta decir al president. La esperada 'cumbre' Urkullu-Torra en Ajuria Enea y la posterior comparecencia conjunta en Lehendakaritza, en medio de una nunca vista expectación mediática, ha servido para poner en evidencia que, políticamente, el lehendakari y el president de la Generalitat orbitan en galaxias diferentes. Aunque ambos se han esforzado en subrayar los lazos que históricamente han unido al nacionalismo institucional vasco con el catalán, ha quedado patente que, mientras Urkullu insiste en impulsar un acuerdo del PDeCAT y ERC con Pedro Sánchez que permita alargar la legislatura y frene un posible auge del centroderecha, Torra se mantiene en una huida hacia delante sin destino final conocido y en la defensa pura y dura de la independencia. El encuentro institucional, aunque cordial, no ha servido para nada más que para escenificar que los «puentes» entre Cataluña y Euskadi continúan tendidos. No desde luego para enhebrar una estrategia común, ni mucho menos para que el president haya interiorizado los planteamientos moderados y posibilistas de su interlocutor, como le ha pedido, por ejemplo, el PSC.

El lehendakari ha planteado a Torra durante el almuerzo de trabajo que ambos han compartido –y así lo ha anunciado después en público– la conveniencia de «aprovechar» la actual mayoría parlamentaria que suma Pedro Sánchez en el Congreso con Podemos y las fuerzas nacionalistas vascas y catalanas, la misma que hizo triunfar su moción de censura y derribó a Mariano Rajoy, para articular un «cauce de solución política» entre Cataluña y el Estado «si es que existe verdadera voluntad de acuerdo». El lehendakari, que siempre se ha mostrado partidario de huir de la vía unilateral, ha insistido ante su invitado, con quien se veía cara a cara por primera vez, en que aún no es tarde para transitar una «vía de distensión y de diálogo político e institucional» que, a su entender, La Moncloa y la Generalitat siguen defendiendo «por separado». Una vía, alentada por Esquerra pero no por el tándem Torra-Puigdemont, en la que Urkullu siempre ha creído y ha defendido en privado ante sus contactos en Cataluña, pero que comenzó a resquebrajarse con la negativa de los catalanes a sostener a Sánchez pese a que la Abogacía del Estado renunció a acusar de rebelión a los dirigentes del 'procés'.

En esa línea, Torra no se ha movido un ápice de sus posiciones más duras, junto a un Urkullu que le ha escuchado con gesto impertérrito. No sorprendido, porque en Ajuria Enea no se esperaban novedades de calado de una cita que, en todo caso, ha servido para zanjar, al menos de cara a la galería, la fría relación que hasta ahora han mantenido ambos Gobiernos, sobre todo, a raíz del portazo que Puigdemont dio a los intentos de mediación del lehendakari para evitar la aplicación del 155. Torra ha arrancado recordando cómo el lehendakari Agirre solía decir que «la causa de la libertad del pueblo vasco es la causa de la libertad del pueblo catalán» y ha prometido cercanía aunque «los ritmos de nuestros pueblos» sean evidentemente distintos.

Consejo de ministros

Eso sí, el president ha dejado claro que no está por la labor de explorar el camino sugerido por Urkullu y que su único empeño es «resolver cómo ejercemos los catalanes el derecho de autoderminación» y cumplir así el mandato de la «mayoría absoluta» de la Cámara catalana, una idea en la que ha hecho especial hincapié. Aunque ha insistido en que el independentismo catalán siempre ha enarbolado «la bandera del diálogo» y «no la vamos a dejar nunca», ha hecho oídos sordos a los llamamientos de Urkullu, convencido de que la apelación a la distensión debe dirigirse, sobre todo, a un Gobierno español que sigue respondiendo con «represión» y cárcel.

Para empezar, ha desdeñado la iniciativa del presidente del Gobierno de convocar a su consejo de ministros en Barcelona el próximo 21 de diciembre. Para el president, más que para un encuentro posterior con Sánchez, el viaje debería aprovecharse para convocar una cumbre bilateral, de igual a igual, entre ambos Ejecutivos en pleno. Pero también ha advertido de que la nueva reforma del Estatuto catalán que el Gobierno del PSOE ofrece es una «pantalla pasada». No solo ha subrayado que a los catalanes ya solo les vale votar en un referéndum – «votar no es delito, el delito es que te peguen cuando estás votando», ha apostillado– sino que ha aprovechado además para hacer un alegato personal en favor de la independencia de Cataluña. Según ha dicho, su defensa de la secesión «no va de banderas ni de himnos» sino de construir un «mejor país», que, a su juicio, ganaría, por ejemplo, en la calidad de servicios sociales como la sanidad, la educación o las becas de estudios y garantizaría en mejores condiciones «las pensiones de nuestros mayores». Por eso, ha pedido un debate «maduro» sobre «si nos conviene continuar en el Estado español o ser un Estado independiente».

Con ese panorama, el lehendakari ha eludido aclarar si se siente «frustrado» por semejante diálogo de sordos. Tampoco ha aclarado si le ha trasladado personalmente a Torra sus advertencias sobre el riesgo de «fractura social» que entraña enrocarse en un órdago independentista unilateral. A esas preguntas ha respondido con una defensa del «ejercicio» del derecho de autodeterminación «de manera legal y pactada», al estilo del acuerdo alcanzado en su día entre Escocia y el Reino Unido, y ha recordado que el problema no es demandar más autogobierno sino cómo se plantea esa exigencia. Por su parte, Urkullu ha demandado el cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika y ha subrayado que en Euskadi «somos conscientes de nuestra realidad plural».

El libro de Kirmen Uribe sobre el pueblo vasco y una historia del palacio de la Generalitat

CARLOS BENITO

Con dos minutos de antelación sobre el horario previsto ha llegado Quim Torra a Ajuria Enea, donde ha mantenido una reunión con el lehendakari. Iñigo Urkullu ha recibido al president de Cataluña en la escalinata del palacio y después han pasado ambos a una salita interior, donde han intercambiado los obsequios de rigor. El lehendakari ha entregado al president el libro de Kirmen Uribe «en cuatro idiomas» sobre el pueblo vasco, además de algo de «material divulgativo» sobre Euskadi. El regalo que Torra traía desde Barcelona era «un poco más pesado», según ha indicado con humor: se trataba de una voluminosa historia en dos tomos del palacio de la Generalitat. «Tener una sede de Gobierno durante 600 años en el mismo sitio es para nosotros un orgullo», ha comentado.

 

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