Urkullu y Ortuzar asumen que su minoría dificultará la gestión de gobierno en un año electoral

Urkullu y Ortuzar charlan antes de entrar a la reunión que han mantenido con el grupo jeltzale. /Blanca Saenz de Castillo
Urkullu y Ortuzar charlan antes de entrar a la reunión que han mantenido con el grupo jeltzale. / Blanca Saenz de Castillo

El líder del EBB relega el «reto» de lograr un acuerdo sobre el nuevo estatus al verano de 2019

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

El Gobierno vasco y el PNV asumen que vienen curvas en este otoño político y que los baches durarán, como mínimo, hasta las elecciones municipales y forales de la próxima primavera. La reunión que, como en cada arranque del curso parlamentario, han mantenido esta mañana el líder del EBB y el lehendakari con el grupo jeltzale en la Cámara de Vitoria ha dejado claro que tanto Andoni Ortuzar como Iñigo Urkullu son conscientes de que la situación de minoría del Gabinete complicará la gestión de gobierno en un clima ya de precampaña en Euskadi. En puertas de cruzar el ecuador de la legislatura y con el viento a favor hasta ahora de la estabilidad política y económica y del repunte en la recaudación de impuestos, los jeltzales se preparan para un brusco cambio de rasante. «Entramos en una segunda parte de la legislatura que no será cómoda por las elecciones del mes de mayo», ha asumido el lehendakari ante los parlamentarios de su partido, «determinado» en todo caso a hacer frente a los «obstáculos» con la receta del diálogo y el acuerdo.

Los jeltzales han preferido colocarse la venda antes que la herida y avisar de que se avecinan «tiempos complicados» para la acción política. El acuerdo con el PSE no está en peligro pero, a un escaño de la mayoría absoluta, no es suficiente para garantizar la tranquilidad del Ejecutivo en los próximos meses. Pendientes de la suerte de Pedro Sánchez y al albur de los movimientos de las fuerzas soberanistas catalanas –un final abrupto de la legislatura española provocaría un dolor de cabeza añadido al PNV al 'españolizar' la campaña–, Urkullu y Ortuzar han admitido tanto a puerta cerrada como en una nota hecha pública a posteriori por el PNV que el clima político «se enrarecerá» y traerá «dificultades». Y no solo en el principal reto que afronta el Ejecutivo de Urkullu este curso político, la aprobación de los Presupuestos para 2019, sino también en la gestión de asuntos «sectoriales» claves para la acción de gobierno, como la reforma de la RGI.

En ese nuevo escenario de zozobra que se avecina, la intención de Urkullu y Ortuzar es aplicar una política de resistencia –el lehendakari ha apelado a la «paciencia democrática», al sentido común y a la cautela– e insistir en la mano tendida para alcanzar acuerdos entre diferentes. «Es tiempo de diálogo, negociación y espíritu constructivo», ha subrayado el jefe del Ejecutivo vasco. En ese tablero, el PNV quiere orillar el espinoso debate del autogobierno hasta después de la cita electoral, un propósito al que ayudan los ocho meses de plazo que la ponencia de Autogobierno ha dado a la comisión de expertos para tener listo un borrador de texto articulado de Estatuto. Ortuzar ha insistido en la «vocación» que mantiene el PNV de lograr un «acuerdo amplio» para reformar la Carta de Gernika, pero ha aclarado que «el reto llegará» ya en puertas del verano de 2019. En definitiva, que el PNV no quiere desgastarse en el debate sobre el nuevo estatus –atrapado entre las bases soberanistas acordadas con EH Bildu y su deseo de alcanzar consensos transversales– hasta pasada ya la cita con las urnas.

Ortuzar ha insistido en que el PNV pondrá «toda su determinación política» en lograr que se aprueben las Cuentas vascas, aunque ha subrayado que no sería ningún «drama» tener que prorrogarlas. En ese sentido, ha desconfiado de que los ofrecimientos de EH Bildu para alcanzar un acuerdo sean sinceros y ha recordado que suele guiarse en este terreno por cuestiones «tácticas y estratégicas» y que debería además sacudirse la presión de «actores que quieren anular su autonomía» e impedir acuerdos con el PNV, en referencia a ELA. El presidente del PNV ha presupuesto también «ánimo de revancha» en las filas del PP. «Es posible que nos quieran devolver el daño que supuestamente les hemos infligido en Madrid al apoyar la moción de censura de Mariano Rajoy», ha admitido.

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