Urkullu insiste en buscar un pacto «plural» mientras Egibar defiende el acuerdo entre abertzales

El lehendakari, Iñigo Urkullu, y varios de sus consejeros se dirigen al Parlamento al inicio del pleno de política general. /Igor Aizpuru
El lehendakari, Iñigo Urkullu, y varios de sus consejeros se dirigen al Parlamento al inicio del pleno de política general. / Igor Aizpuru

El Parlamento vasco escucha dos voces muy distintas en el seno del PNV sobre la reforma del Estatuto

DAVID GUADILLA

Habían pasado nueve horas desde el inicio de un debate que discurría por cauces normales y dos desde que Joseba Egibar había tomado la palabra para ensalzar, una vez más, el acuerdo firmado entre el PNV y EH Bildu para la reforma del Estatuto. Eran alrededor de las 18.30 horas y todo cambió cuando el lehendakari tomó la palabra en su turno de réplica. Ante la atenta mirada de todos los parlamentarios, incluido el portavoz jeltzale, afirmó de forma rotunda que un acuerdo sustentando solo en los votos de jeltzales y de la coalición soberanista «como lehendakari, y como lehendakari nacionalista, sería un fracaso absoluto».

Fue el punto culminante a un pleno de política general en el que se escenificaron de forma clara las diferentes versiones que ofrece el PNV a la hora de abordar la reforma del Estatuto. No es la primera vez que Urkullu y Egibar muestran en público, sino sus desavenencias, al menos sí sus diferentes matices a la hora de analizar cómo debe construirse una nueva relación con el Estado y qué aliados debe buscar el PNV. Pero pocas veces como ayer. De manera tan rotunda, en un marco tan solemne y en un espacio tan corto de tiempo. Por momentos parecían pertenecer a partidos diferentes. Los dos apelaron de forma constante al diálogo y a la posibilidad se «ensanchar» los acuerdos. Pero mientras Urkullu lo planteaba como una necesidad, Egibar lo hacía como una mera posibilidad que sería positiva para reforzar la mayoría. «No son tonos diferentes. Son músicas enfrentadas», afirmó Lander Martínez.

Las letras leídas por Urkullu y Egibar iban por caminos separados. El lehendakari aseguraba que «el acuerdo sobre autogobierno debe ser necesariamente plural» y «fruto de un pacto que represente y refleje los fundamentos esenciales de la pluralidad vasca». «Un pacto entre vascos diferentes tiene alcance estratégico y debe ser viable jurídica y políticamente. Tiene que ser un proyecto para ser negociado y aprobado en las Cortes Generales», zanjaba el lehendakari.

Las palabras resonaron en el Parlamento. No tanto por ser novedosas, sino porque se pronunciaban apenas una hora después de que Egibar hubiese puesto el foco en otras cuestiones. Porque para el portavoz jeltzale, lo de la «pluralidad» no deja de ser una «excusa» para avanzar en el autogobierno y en la capacidad de decisión del pueblo vasco, como lo fue el «terrorismo» cuando existía ETA.

En su intervención, Egibar insistió en las virtudes del documento suscrito con Bildu y en su validez «democrática» debido a los 46 escaños que suman los jeltzales y la coalición soberanista. El problema de ese texto es que cuenta con el rechazo expreso de Elkarrekin Podemos, socialistas y populares. Y sin el aval de estas tres formaciones cualquier reforma estatutaria está abocada al fracaso en el Congreso. Una reedición del plan Ibarretxe en 2005.

Urkullu, en todo caso, no abandonó sus reivindicaciones soberanistas. Consideró «importante» que el Parlamento de Vitoria se pronuncie «con el máximo acuerdo posible» sobre el «derecho de los vascos a ser consultados, sobre la opción de la independencia o sobre cualquier otra». «Siempre, eso sí, que se haya trabajado también cuál es el objetivo de la consulta».

Pero aquí también hubo matices. Porque mientras Urkullu apostaba por «proceder de forma pactada a las reformas constitucionales pertinentes para ofrecer un cauce legal a la voluntad mayoritariamente expresada» por la sociedad vasca, Egibar recalcaba que lo que «libre y democráticamente apruebe el Parlamento debe ser aceptado por los poderes del Estado».

«Nuestro desafío, el de todos y el de los nacionalistas que tenemos un compromiso con la patria, es defender ese pluralismo como elemento diferenciador, no como una patología a eliminar mediante la uniformización», afirmó Urkullu desde el estrado.

«No se deje atrapar»

Egibar, por su parte, tendía la mano al resto de grupos para que se sumasen al acuerdo suscrito con EH Bildu, pero con una oferta imposible. Básicamente, porque insistía en el «carácter democrático» de unas bases que populares, socialistas y Podemos consideran inviables.

La dualidad fue tan evidente que los grupos de la oposición la aprovecharon para intentar destacar las contradicciones jeltzales. «Le pido que salga del laberinto. No se deje atrapar por esas cosas que hace su grupo parlamentario», le espetó Alfonso Alonso. Mendia destacó la apuesta del PSE por los acuerdos «plurales», pero también se dirigió a Egibar para decirle que «es evidente» que el PNV y los socialistas tienen «proyectos de futuro muy diferentes». Lander Martínez fue aún más contundente y afirmó que las intervenciones de Urkullu y Egibar se parecieron «lo que una castaña a un huevo». «Señor lehendakari, toda su oferta de diálogo la acaba de dinamitar una vez más, y van ya unos cuantos meses, el señor Egibar», apuntó el líder de Podemos.

La izquierda abertzale, hasta ese momento cómoda con las intervenciones de Egibar, se revolvió en sus asientos. «¿Cuál es la alternativa? No sabemos si tendrá recorrido, pero tenemos que intentarlo», afirmó Maddalen Iriarte.

¿Cómo se llegó a este punto en una sesión que como el propio Urkullu admitió arrancó de forma «previsible»? El lehendakari aprovechó la sesión matinal para vender su gestión. En el ecuador del mandato y con un horizonte complicado ante la falta de apoyos parlamentarios, el jefe del Ejecutivo había lanzado un discurso que no gustó demasiado a sus socios del Gobierno, el PSE, al insistir en «la bilateralidad y la confederalidad» cobijada este año bajo el concepto de «democracia plurinacional». A esas horas, solo EH Bildu veía «cosas interesantes» en la intervención de Urkullu. Pero luego intervino Egibar y el lehendakari viró.

 

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