la trompetilla de sabin etxea

El PNV es consciente de que muchos de los pensionistas que se han echado a la calle le votan y no quiere riesgos

Andoni Ortuzar en Sabin Etxea./Fernando Gómez
Andoni Ortuzar en Sabin Etxea. / Fernando Gómez
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

La trompetilla, algunos de ustedes aún la recordarán siquiera del cine, era un utensilio con forma de pequeño cuerno hueco que usaban antaño quienes tenían dificultades de audición. El artilugio se acercaba al oído y de esa manera se percibían mejor los sonidos. Con el paso de los años, aquel instrumento cayó en desuso y dejó paso a los modernos audífonos, mucho más discretos y eficaces.

Desconozco si entre los burukides que integran el EBB del PNV hay alguno con problemas de oído. Los conozco con achaques pero creo que ninguno es sordo. Sea como fuere, lo que el PNV de Andoni Ortuzar vuelve a demostrar es que, con ayuda técnica o sin ella, sigue siendo una máquina de poder perfectamente engrasada que escucha, analiza y, en la medida de lo posible, intenta atender, o que se atiendan, las demandas de sus seguros y/o potenciales votantes.

Hace semanas que pensionistas y jubilados decidieron salir a la calle tras recibir la cartita anual de autobombo de la ministra Fátima Báñez comunicándoles que su pensión subiría... otro 0,25%. Por cierto, cartita que el PNV estaría encantado de que más pronto que tarde en Euskadi lleve la rúbrica del lehendakari, previo traspaso de la gestión del régimen económico de la Seguridad Social sin ruptura de la caja única.

Después de años de empobrecimiento, de sostener con sus modestas pensiones a miles de jóvenes expulsados del mercado laboral y/o desahuciados de sus casas por las políticas de austeridad contra la crisis aplicadas por el Gobierno Rajor, la minisubida fue la gota que colmó el vaso.

Ha habido protestas por toda España. Pero si en algún lugar han tenido una respuesta especialmente amplia ha sido en el País Vasco. De manera singular en Bilbao. A muy pocos metros de donde se alza Sabin Etxea, el 'sancta santorum' jeltzale.

Consciente, al fin, de que el grueso de esos cabreados-as son votantes suyos, Rajoy el PP prometieron 'in extremis' subidas un poco más generosas para quienes menos ganan. Sólo si lograba sacar adelante los Presupuestos del Estado para 2018, y eso depende del voto del PNV.

Pero no sólo los conservadores han movido ficha. Ortuzar, Urkullu y compañía han visto cómo de semana en semana arreciaban las críticas de los mayores contra su partido. ¿La causa? Los pensionistas no entendían que condicionasen su apoyo a las Cuentas sólo a que termine la suspensión de la autonomía catalana y no tuvieran en cuenta su exigencia de que las pensiones se incrementen otra vez de acuerdo al IPC.

La trompetilla de Sabin Etxea ha vuelto a funcionar. Y es que si en España los pensionistas votan mayoritariamente, de momento al menos, PP, como antes votaron PSOE, en Euskadi el grueso de ellos se decanta por el PNV. Así que, Rajoy va a tener que persuadir a Montoro para que abra la cartera y las pensiones suban otro poco más para que los de Ortuzar puedan colgarse esa medalla. Incremento que no podrá limitarse a las prestaciones más bajas, sino extenderse a todas, ya que el País Vasco es la comunidad donde pensionistas y jubilados perciben la pensión más elevada: 1.161 y 1.335 euros mensuales.

Jugada política maestra, si le sale. Y en toda España. Para cerrar la boca a C's.