Tormenta de ideas

Rivera se escora a pesar de la máxima de que solo gobierna quien conquista el centro

Albert Rivera/EFE
Albert Rivera / EFE
Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

De ser favoritos en las encuestas y la gran esperanza blanca del centro derecha a proyectar la imagen de un partido noqueado, desconcertado y, lo que es peor, obligado a bascular hacia los extremos para intentar sacar la cabeza. Ciudadanos es, posiblemente, la sigla más perjudicada por el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez, a la espera de conocer el desenlace de la pelea por el liderazgo del PP, que se anuncia tumultuaria y cruenta. La formación de Albert Rivera ha visto cómo, al desaparecer de escena (o al menos esquinarse) los enemigos externos –básicamente, Mariano Rajoy y Carles Puigdemont–, han quedado peligrosamente al descubierto sus carencias y/o sus incoherencias.

La naranja mecánica funcionaba como un artefacto bien engrasado mientras navegaba a favor del viento y engordaba su bolsa de potenciales votantes al mismo ritmo que se sucedían los órdagos del soberanismo catalán frente a una gestión 'soft' del 155 por parte de PP y PSOE y los escándalos de corrupción en las filas populares. Pero el escenario ha dado la vuelta. Puigdemont está temporalmente desaparecido tras haberse impuesto el pragmatismo de ERC y PDeCAT y a Rajoy le ha sustituido un Sánchez capaz de capitalizar la ilusión por el cambio, por ahora. Hasta que se consumó el vuelco, Ciudadanos crecía, cómodo en su papel de dique de contención del independentismo, sin apenas hacer nada.

Pero cuando deben tomar decisiones de peso, los liberales (la familia política a la que se acogieron tras abjurar de la socialdemocracia) titubean. No es un problema nuevo. Ya se evidenció, por ejemplo, cuando se posicionaron en contra de la huelga feminista del 8-M y se recolocaron a toda prisa tras comprobar su arrollador éxito. Tanto que sus líderes fueron abucheados en las manifestaciones. Casualidad o no, Ciudadanos vio caer en cuatro puntos el respaldo femenino a sus siglas en la siguiente oleada de sondeos. Su voto, además de eminentemente masculino, también parecía circunstancial y sujeto en exceso a los vaivenes políticos.

La llegada de Sánchez no ha hecho sino acentuar esa sensación. Ciudadanos reaccionó, en principio, convertida en estatua de sal, paralizada por la sorpresa. Pero casi ha sido peor cuando ha puesto en marcha su fábrica de ideas, que algunos ven influida por la FAES aznarista. El 'himnazo' de Marta Sánchez, la reforma electoral para dejar fuera a los nacionalistas del Congreso –que, paradójicamente, beneficiaría al bipartidismo tradicional– y la propuesta de convertir el Valle de los Caídos en un cementerio militar patriótico como el de Arlington (Virginia) demuestran que Ciudadanos se escora, busca en los márgenes, a pesar de esa vieja máxima que dice que en España solo gobierna quien logra conquistar el centro. La tormenta de ideas lleva camino de convertirse, con el riesgo correspondiente, en un tornado sin orden ni concierto.

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