Sutura imprescindible

Varias personas en el colegio electoral de la Plaza de la Universidad de Barcelona. /EFE
Varias personas en el colegio electoral de la Plaza de la Universidad de Barcelona. / EFE
Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

La altísima participación electoral, cifrada en torno al 82%, constituye el primer hecho relevante a resaltar. Con independencia de la discrepancia inicial habida sobre la legitimidad de la autoridad convocante, está claro que tanto las formaciones políticas como la ciudadanía han entendido que estos comicios eran relevantes para dejar constancia de la voluntad real de los catalanes sobre su futuro político.

Los resultados de la votación constituyen la expresión de la voluntad popular; consecuencia del ejercicio del derecho a decidir entre las distintas ofertas que se le han presentado tras un proceso político francamente controvertido. Los resultados confirman una realidad que debe ser considerada como incontrovertida e incuestionable: Cataluña es una sociedad abierta, plural, donde ningún proyecto político, sea de la naturaleza que sea, puede arrogarse la representación del conjunto.

Resultados

Esta es una realidad que el nacionalismo y especialmente el independentismo rupturista deben aceptar necesariamente para que su proyecto político pueda superar el canon democrático. Pero también es un reto para el unionismo, en tanto en cuanto debe admitir y asumir en términos políticos y morales que perfectamente se puede ser demócrata y defender la independencia de Cataluña como futuro mejor para los ciudadanos de Cataluña. Ello significa aceptar que tanto la secesión como la unión de Cataluña con España se constituyen como objetivos lícitos en términos democráticos.

La secesión unilateral no tiene legitimación política ni electoral, pero tampoco la tiene la unión a España como modelo de pertenencia incuestionable e indiscutible, pues de esta forma se convierte en mera imposición. Ambos objetivos, la independencia y la unión, se configuran como modelos de cohesión de voluntades no del conjunto de la sociedad sino de una parte de la misma. Dicho de otra manera, son al mismo tiempo proyectos de cohesión y de división. El reto es configurar un modelo común de convivencia y pertenencia, donde los elementos de división o confrontación no se prohíban sino que tengan su cauce legal de expresión y materialización cuando así lo decida la ciudadanía en ejercicio de su soberanía.

Los resultados electorales informan de la articulación electoral de Cataluña en dos mitades, independentistas e unionistas, con una referencia inequívoca, en una parte, en torno a Ciudadanos y, en la otra, en el binomio Junts per Catalunya-ERC, que consigue mantenerse y reforzar sus posiciones contra todo pronóstico, con la sorpresa de los excelentes resultados obtenidos por Puigdemont. El problema político persiste. Las vías de resolución han de reinventarse, pues tanto la DUI como el 155 han fracasado. Las dos mitades de Cataluña necesitan de una imprescindible sutura. Puigdemont ha conseguido salir airoso de la quema y el proceso penal en marcha puede quedar condicionado por su probable investidura como president. Rajoy lo tiene peor. Estos resultados de Cataluña probablemente aceleren nuevos comicios en España. La situación de Puigdemont es muy delicada, pero muchos que desde ciertos medios lo habían enterrado deberían sentir vergüenza por haber vendido como realidad lo que no era más que deseo particular.

 

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