La sangría autonómica condiciona el futuro de Podemos

Pablo Iglesias, al asumir ante la prensa el mal resultado de Podemos en las elecciones./Efe
Pablo Iglesias, al asumir ante la prensa el mal resultado de Podemos en las elecciones. / Efe

El batacazo electoral del 26-M abre la puerta a escenarios inéditos en la formación morada y cuestiona el liderazgo de Pablo Iglesias

DAVID GUADILLA

De verse con capacidad para pedir ministerios a intentar contener una sangría. Pablo Iglesias ha pasado en un mes de vender como un relativo éxito el retroceso que sufrió en las generales del 28 de abril a reconocer el sonoro batacazo del 26-M. Lo peor de la derrota en las municipales y autonómicas de hace una semana no es tanto la bajada de votos, que también, sino la sensación de desintegración que vive el partido apenas cinco años después de su fundación. Las costuras se han roto, además, por la parte más sensible: el poder autonómico.

La debacle que ha sufrido el partido en la mayoría de las comunidades ha hecho que muchos dirigentes regionales y cargos locales hayan cargado contra Iglesias como el responsable de todos los males. No pasa de ser un ejemplo anecdótico, pero lo sucedido en Denia es un ejemplo gráfico de cómo está la situación. En una rueda de prensa, el cabeza de lista en el municipio afirmó el pasado martes: «Estimado Pablo Iglesias 'coletas'. Denia iba muy bien porque estábamos subiendo y no se te ocurre otra genial idea que hacer un mitin y hablar de Amancio Ortega».

Hay quien no ve otra salida que la convocatoria de una nueva asamblea –un Vistalegre III– y la salida de su líder fundador. Se habla de un próximo Consejo Ciudadano en el que muchos quieren saldar cuentas con Iglesias y reforzar su perfil propio. Se mira a Cádiz, donde José María González, «Kichi», ha rozado la mayoría absoluta.

Sin embargo, el escenario que se abre ahora, sin elecciones a corto plazo, es lo que puede evitar decisiones traumáticas en los próximos meses. La primera interrogante a resolver es si al final Podemos entrará en el Gobierno. En el partido morado admiten que los resultados de hace siete días han debilitado de forma notable esa opción. Formar parte del Ejecutivo se veía como una manera de «vender gestión», de tener repercusión mediática. Ahora el paradigma ha cambiado. Muchos en Podemos esperan que Pedro Sánchez termine pactando con Ciudadanos, lo que les permitiría recuperar la bandera de la izquierda.

Pero más allá de ese debate estratégico, el primer objetivo del partido morado es detener una hemorragia autonómica de la que se salva la federación vasca. A pesar del retroceso que ha vivido en las elecciones del domingo, las perdidas son asumibles. Quizás hay dos diferencias que explican por qué el hundimiento que Podemos sufrió en otras comunidades no se propagó a Euskadi: los conflictos internos no han alcanzado la categoría catastrófica de otras regiones y la coalición con IU y Equo ha funcionado sin fisuras. Lo que no ha ocurrido en otras autonomías. Algunos ejemplos.

Madrid

El caso de la capital y la comunidad es el mejor ejemplo de la capacidad histórica de la izquierda para pegarse un tiro en el pie. Durante meses ha trasladado una imagen de desunión, de luchas cainitas y de que detrás de todo sólo había ambiciones personales. Resultado: una alcaldesa con tirón como Manuela Carmena y un candidato a presidente autonómico con buena imagen como Ángel Gabilondo han sido superados por la suma de las tres derechas.

Castilla y León

Fue el desplome más contundente. De diez parlamentarios a uno. En el otro lado de la balanza, el PSOE subió nueve. De tercera fuerza a la irrelevancia. El batacazo, de todas formas, se veía venir. En abril, Unidas Podemos tampoco sacó ningún diputado por esta comunidad.

Castilla La Mancha

Quizás la pérdida más simbólica. De dos diputados ha pasado a desaparecer del Parlamento autonómico. Dos actas que eran claves porque dieron el Gobierno a Emiliano García-Page e hicieron vicepresidente de la Junta al líder territorial de Podemos, José Molina. La crisis ha provocado la dimisión de la dirección regional.

Asturias, Cantabria y Navarra

Las tres representan de forma clara cómo la división interna se paga en las urnas. En Asturias se ha pasado de nueve a cuatro diputados. En Cantabria ha desaparecido, lo cual tampoco es de extrañar después de una sucesión de dislates: acusaciones de acoso laboral, creación de una gestora, intervención de la dirección nacional, expulsión de dos de los tres parlamentarios durante la pasada legislatura... En Navarra, con una formación partida en dos, de siete actas se ha bajado a dos.

Aragón

En 2015 no estuvo muy lejos de sobrepasar al PSOE. Frente a los 18 parlamentarios socialistas, Podemos sacó 14. El pasado domingo, cinco y el PSOE 24. Nacho Escartín, líder regional, ya ha anunciado su intención de convocar un consejo ciudadano autonómico y alejarse de la marca nacional.