Sánchez rompe con el independentismo catalán y se sitúa al borde de las elecciones

Portavoz. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, compareció ayer tras el Consejo de Ministros en La Moncloa./e. p.
Portavoz. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, compareció ayer tras el Consejo de Ministros en La Moncloa. / e. p.

El Gobierno tira la toalla tras toparse con el veto del PDeCAT y ERC a los Presupuestos

PAULA DE LAS HERAS

El Gobierno se rinde. Un día después de que el PDeCAT anunciara que, como Esquerra, registraría una enmienda a la totalidad contra los Presupuestos y a las pocas horas de que hiciera efectiva esa amenaza, la vicepresidenta, Carmen Calvo, compareció en La Moncloa para comunicar que no seguirá haciendo concesiones al secesionismo. «Lo hemos intentado», dijo. La sensación ayer en el Ejecutivo era de auténtica derrota. Salvo sorpresa de último minuto, el próximo miércoles la legislatura quedará sentenciada a muerte. Las Cuentas públicas no verán la luz y Pedro Sánchez se verá obligado a convocar elecciones tarde (para octubre) o temprano (para el 26 de mayo).

Ni el hecho de haber aceptado abrir un diálogo político sobre el futuro de Cataluña conducido por un «relator» externo, ni el haber accedido a que ese diálogo se lleve a cabo fuera del Parlament, ni estar dispuestos, en contra de lo que siempre planteó Sánchez, a que esa mesa de partidos fuera de ámbito nacional bastaron para que la antigua Convergencia renunciara a presentar su texto contra el proyecto gubernamental ni para que ERC retirara el suya. Así que, en algún momento entre el jueves por la noche y el viernes por la mañana, el jefe del Ejecutivo, hasta entonces dispuesto a resistir las críticas de dentro y fuera de su partido (manifestación incluida), dijo basta.

En el PSOE eran muchos los que defendían desde hacía tiempo que a estas alturas sería mejor renunciar a aprobar los Presupuestos. «Que los secesionistas los veten -decía el pasado lunes un veterano parlamentario-; tendremos más o menos la misma capacidad de acción que con los prorrogados, rompemos gran parte del discurso entreguista de la oposición y no sufrimos la presión diaria durante el juicio por lo que hacemos o no hacemos a pocos meses de las elecciones europeas, autonómicas y municipales». Por eso a muchos les sorprendió que, tras avisar Esquerra de su decisión, el martes el Ejecutivo se descolgara con que aceptaba una figura de pseudomediación que hasta entonces había rechazado.

La sensación en Moncloa era de auténtica derrota, de que la legislatura ha quedado sentenciada

Lo que esperaban, entre otros, la gran mayoría de los barones del partido, que en apenas tres meses se las verán con las urnas, era que Sánchez hiciera lo que hizo ayer a través de Calvo: romper con el secesionismo y dejar claro que nunca había estado dispuesto a negociar la soberanía nacional. La vicepresidenta -que hasta el jueves por la tarde había estado negociando con el 'número dos' de la Generalitat, Pere Aragonès y la consejera de Presidencia, Elsa Artadi, y que se había emplazado a seguir haciéndolo ayer- argumentó que ya no había nada que hacer porque el Govern no aceptaba el «marco» propuesto y que se empeñaba en plantear una consulta sobre la independencia. «Un referéndum de autodeterminación que no es aceptable nunca para un Gobierno como el nuestro», dijo.

En las filas del PSOE admiten que se trata de un argumento 'comodín', un botón que Sánchez podía haber pulsado en cualquier momento según sus intereses. Y no sólo porque fuera de sobra conocido que los independentistas no se apearían de partida de esa exigencia sino porque, en la propuesta que la propia 'número dos' del Ejecutivo hizo pública tras el Consejo de Ministros, se decía de manera expresa que cada parte en el diálogo podría plantear sus iniciativas de «resolución y proyecto político» sobre el futuro de Cataluña «con total libertad».

La razón esgrimida por Calvo, en todo caso, fue recibida con alivio por algunos de los presidentes autonómicos que esta semana mostraron su malestar porque se hubiera aceptado entrar en el marco conceptual del independentismo con la idea del «relator» («¿Con qué país se equiparan, con Burkina Faso?», cuestionó el miércoles el exvicepresidente Alfonso Guerra poniendo voz a muchos de ellos). Ahora temen que el volantazo no llegue a tiempo como para revertir toda la «erosión» causada. Pero lo agradecen. «Es mejor así, sin duda -dice uno de los barones con más peso en el partido-.

La gran duda ahora es si hará coincidir las generales con las del 26 de mayo o las aplazará a octubre

La duda del 'superdomingo'

La gran duda ahora en el partido es si Sánchez hará coincidir o no las elecciones generales con las del 26 de mayo. La fecha tope para hacerlo es el 2 de abril y tanto en el partido como en el Gobierno hay opiniones para todos los gustos. Los favorables a esta opción argumentan que la ventaja de los 'viejos' partidos sobre los 'nuevos' es que tienen mucha más estructura local y que será más fácil movilizarse de arriba a abajo de una sola tacada.

Los más contrarios a un 'superdomingo' son los propios candidatos de los gobiernos autonómicos porque creen que la cita puede acabar convirtiéndose en un plebiscito sobre Sánchez y que solos tienen más opciones de hablar de cuestiones que movilizan a su electorado. Pero también en la dirección del PSOE hay quien esgrime que juntar los comicios es quemar todas las naves de golpe, ayudar a formaciones como Podemos y Ciudadanos que, en otras circunstancias, moverían menos voto rural o de pequeñas ciudades.

El presidente intervendrá hoy en Barakaldo

La respuesta de Pedro Sánchez a lo sucedido ayer se producirá esta misma mañana en Barakaldo. El presidente del Gobierno participará en el BEC en un mitin organizado con bastante antelación -este periódico lo desveló el lunes- y que, en principio, tenía como objetivo central reforzar la candidatura de Alfredo Retortillo a la alcaldía de la localidad fabril. Sin embargo, el acto, en el que también tomarán parte los líderes del PSE vasco y vizcaíno, Idoia Mendia y Mikel Torres, ha quedado condicionado por la tormenta desatada ayer tras la ruptura de las negociaciones entre el Gobierno central y el catalán.

Sánchez ya realizó una pequeña intervención en Estrasburgo este pasado jueves, pero para alabar las bondades de la Justicia española en vísperas de juicio del 'procés'. El discurso de Barakaldo se producirá en un contexto muy diferente. Cuando el soberanismo ha colocado la legislatura al borde de su extinción y más cerca del adelanto electoral, y en víspesras de la manifestación convocada para mañana en Madrid por PP, Ciudadanos y Vox.