Realidad y buenismo

Por más que el Gobierno Sánchez evite echar más leña al fuego, Torra y los suyos insisten en llevar a Cataluña al precipicio

Realidad y buenismo
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

No es cuestión de optimismo o pesimismo, sino de realidad o irrealidad. Si tu equipo acumula derrota tras derrota, es 'farolillo rojo' y la competición enfila la recta final lo lógico es empezar a pensar que el descenso es más que una posibilidad.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, insistió ayer en que jamás autorizará el referéndum de autodeterminación que exigen los soberanistas -minoritarios en las urnas, con el 47,5% de los votos, aunque con mayoría en el Parlament-. Pero reiteró que sigue abierto a negociar un nuevo Estatut que sustituya al actual, podado por el Tribunal Constitucional tras el recurso del PP. Ese texto se sometería a la consideración de los ciudadanos en las urnas.

También el ministro de Fomento y responsable de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, se apuntó a intentar enfriar caldera catalana. «Claro que al Gobierno y al PSOE nos preocupa que aumente la tensión con motivo de la Diada y del aniversario del referéndum del 1 de octubre. Por eso no vamos a generar más tensión con nuevas amenazas o advertencias», dijo.

Es evidente que el buenismo no va a apaciguar la situación a orillas del Mediterráneo. Pero combinado con una adecuada dosis de firmeza -como la advertencia que lanzó el presidente hace apenas unos días a los secesionistas si vuelven a saltarse la ley- tampoco parece la peor de las recetas en estos momentos.

El president Quim Torra, tiene previsto destapar esta tarde su hoja de ruta para los próximos meses, que es lo mismo que decir la del sector más radical del independentismo. Veremos hasta dónde llega y el grado de concreción. Lo avanzado a 'La Vanguardia' y ayer a TV3 no invita precisamente al optimismo.

El president vicario del huido Puigdemont sigue sin asumir dos cuestiones clave en este asunto, sin las cuales es imposible pensar que sea posible reencauzar el gravísimo conflicto catalán. La primera, como decía al principio de este artículo, que los independentistas son minoritariso en las urnas por más que el sistema electoral les otorgue la mayoría parlamentaria. La segunda, que si los principales líderes del fallido 'procés' se hallan en prisión o huidos para sustraerse a la acción de la Justicia no es por hacer política, sino por hacerla saltándose la ley a la torera.

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) sí asume de alguna forma la primera de estas realidades desde el momento en que viene repitiendo desde las elecciones que lo prioritario en este momento debe ser aumentar la base social que apoya la secesión. En cambio, Torra y Puigdemont, la vanguardia más radical del movimiento, soslayan semejante 'detalle' e insisten -ayer volvió a hacerlo el president- en seguir con la la república catalana hasta convertirla en una realidad jurídicopolítica.

La pregunta, de momento sin respuesta, es cómo. Y es que si el Parlament -curiosamente cerrado por los 'indepes' para que no se visualicen sus desavenencias- vuelve a desbordar la legalidad, Gobierno y Justicia se verían obligados a volver a intervenir.

Más preocupante aún resulta la insistencia de Torra en que no aceptarán una eventual condena del Supremo a los líderes del 'procés' en el juicio que aún se retrasará varios meses por los recursos. Si tal advertencia se llevara hasta sus últimas consecuencias la situación se tornaría muy muy peligrosa.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos