Pulso catalán

Puigdemont alienta el bloqueo institucional al reivindicarse como el único «candidato posible» de un independentismo fracturado

El presidente del Parlament, Roger Torrent./Reuters
El presidente del Parlament, Roger Torrent. / Reuters
EL CORREO

El aplazamiento del pleno de investidura por parte del presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, reflejó ayer una acelerada fractura en el seno del independentismo. Un desencuentro que pivota sobre la candidatura de Carles Puigdemont. Pero que no solo enfrenta al todavía candidato a la Generalitat y a ERC. La tensión vivida a las puertas de la Cámara -tras una decisión del máximo responsable del Legislativo criticada sin sordina por Junts per Catalunya, la ANC y la CUP- fue una advertencia sobre los excesos rupturistas y sus eventuales efectos. El diputado republicano Joan Tardá subrayó que su formación trata de «cuadrar el círculo» al intentar que Cataluña se dote de Gobierno y que esté encabezado por Puigdemont, con Oriol Junqueras de 'número dos'. Pero el orden de los factores no es el mismo para Junts per Catalunya, la marca con la que el expresident se presentó a las urnas, ni para el PdeCAT, su partido. Los seguidores de Puigdemont priorizan que éste sea repuesto al frente de la Generalitat y supeditan la gobernabilidad a la premisa 'legitimista' en que fundamentan su proyecto. Por el contrario, Esquerra se muestra dispuesta a 'sacrificar' al expresident con tal de recuperar el poder para el independentismo. Las manifiestas divergencias de ayer -con Puigdemont eludiendo responder a cinco llamadas telefónicas de Torrent- evidencian el pulso entre los herederos de Convergència y sus socios de ERC por liderar las filas del secesionismo. Lejos de llevar a una u otra corriente a buscar soluciones al margen del independentismo, las desavenencias en su seno le han conducido hasta ahora a un mayor ensimismamiento rupturista. La negociación interna en el universo nacionalista agudiza su carácter excluyente porque incrementa el olvido de que la otra mitad de Cataluña piensa distinto. Y también que esa otra mitad se ve obligada a asistir a pugnas domésticas entre quienes aspiran a la gestación de una república propia que ningunea a los no secesionistas. El mensaje con el que Puigdemont quiso despedir una jornada tan marcada por su presencia a distancia -«no hay ningún otro candidato posible ni otra combinación aritmética posible»- invita a pensar en un bloqueo institucional que, por pura obstinación 'legitimista', puede hacerse incorregible para un independentismo trufado de acusaciones de traición.

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