¿Qué se puede hacer con el dinero que van a costar las nuevas elecciones del 10-N?

¿Qué se puede hacer con el dinero que van a costar las nuevas elecciones del 10-N?
E. C.

Comprar aceleradores lineales para tratar el cáncer, ayudar a millones de niños con problemas de desnutrición, salvar pueblos abandonados, hacer kilómetros de la Y vasca... 140 millones dan para mucho

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Antes de que el Rey terminara hoy la ronda de contactos con las fuerzas políticas y despejara la incógnita de una nueva cita con las urnas, ya olía a elecciones. Los ciudadanos ya se temían que el próximo 10 de noviembre iban a tener que volver a pasar por sus colegios electorales, como si hubiesen caído en un bucle del espacio-tiempo. Con esta ya serán tres las llamadas a las urnas en menos de siete meses, con todo lo que ello implica: de nuevo los buzones repletos de propaganda, otra campaña calentita, más debates televisivos, mítines, el temor a que a uno le toque mesa... Para la mayoría de los 36,8 millones de personas llamadas a votar, la denominada 'fiesta de la democracia', no va a suponer ninguna alegría. ¡Ya van muchas 'fiestas'!

Además, no va a salir gratis. Repetir las generales costaría, previsiblemente, cerca de 140 millones de euros -casi tres euros por habitante-, que es lo que se gastó el Estado en la cita electoral del pasado 28 de abril, según el presupuesto del Ministerio del Interior. ¿En qué se va tanto millón? La maquinaria de la democracia no funciona sola. En las anteriores generales, más de 55 millones se gastaron en personal necesario para que todo saliese adelante (entre otras cosas, el que está en los centros de votación) y sin contratiempos (agentes de policía) y otros doce se destinaron a gastos de logística (preparar papeletas, urnas, cabinas), por ejemplo. Asimismo, Correos se llevó una partida de 48 millones. Si nada cambia, ese gasto volverá a repetirse. Y no es una partida desdeñable: he aquí algunos ejemplos de cuántas cosas se pueden hacer con esos 138 millones.

Pensiones, salarios mínimos y ayudas

Con lo que nos va a costar el 10-N se le puede pagar el salario mínimo de un mes a 153.000 personas, o se podrían haber abonado las pensiones de todos los huérfanos de España durante el mes pasado. Para los recién llegados a este mundo tan electoral, esta partida también vendría bien. Con ella se podría dar una ayuda extra de 373 euros a cada niño nacido en España el año pasado (fueron 369.302) y también 92 euros para que millón y medio de estudiantes universitarios viesen aligerado el gasto en matrículas y libros al inicio del curso. ¿Qué más se puede hacer con 138 millones? Bueno, pues, por ejemplo, dar un complemento de 45 euros -en plan 'cesta de Navidad'- a los más de tres millones de parados que hay actualmente en el país.

Mejoras en Sanidad

Cuando se calcula lo que podría mejorar la Sanidad con el gasto destinado a unas segundas elecciones generales, lo cierto es que la punzada de indignación aumenta. Con el dinero que se va a invertir en la nueva cita con las urnas se pueden comprar unos 46 aceleradores lineales para tratar a miles de personas con cáncer. También se puede atender a 1.500 bebés prematuros en estado grave. O realizar un transplante de médula ósea -una de las operaciones más caras de la Seguridad Social- a unos 965 enfermos, uno cardiaco-pulmonar a más de 1.400 o de riñón a más de 2.000. Eso, por enumerar algunas de las intervenciones más costosas. Y si nos trasladamos a países en vías de desarrollo, según estimaciones de Médicos Sin Fronteras, con cuatro euros al año se podría tratar con leche terapéutica a un niño con desnutrición severa, así que, con lo que costarían las próximas generales, los pequeños beneficiados serían 34 millones. Son cifras que marean y que dan mucho que pensar.

Salvar pueblos abandonados

La partida millonaria del 10-N también serviría, ahora que los políticos se llenan la boca con eso de 'la España vacía', para comprar centenares de pueblos abandonados (y en venta) para darles una nueva vida y hasta inmuebles deshabitados que languidecen en el mundo rural, como pazos, castillos... Hay aldeas, por ejemplo en Lugo, que cuestan unos 150.000 euros. Se estima que en toda España hay más de 3.000 pequeños pueblos que han quedado deshabitados.

Infraestructuras y servicios de aquí al lado

El coste de unas nuevas elecciones generales supone la cuarta parte del presupuesto general de Bilbao (562 millones) para este año. Es decir, la capital vizcaína podría 'funcionar' durante tres meses con esta partida. Además, sería posible construir seis modernas termibuses como la que se está ejecutando ahora mismo en Garellano (aunque creemos que con una será suficiente, no vayamos a llevar el bilbainismo al extremo). Con esos 138 millones -casi la mitad de lo que costó la Línea 3 del metro- se pueden hacer más de cinco kilómetros de la Y vasca, ya que se estima que cada kilómetro del TAV por Euskadi cuesta unos 26 millones.

Unas cuantas extravagancias

En el cálculo que uno realiza con todo lo que puede hacerse con lo que cuestan unas nuevas elecciones generales se tiende a pensar en destinar ese dinero a fines elevados y no a frivolidades o caprichos caros. Aunque, si se opta por ello, con más de 130 millones puedes hacer unas cuantas cosas exóticas, como dar una vuelta alrededor de la Luna con el viaje que ofrece la empresa Space Adventure. También puedes llevarte a casa alguna obra maestra del arte, como 'El Grito' de Munch -vendido por 119 millones-, y comprarte con lo que sobra una buena mansión en consonancia con el cuadro, como la que la estrella de la NBA LeBron James se compró en Los Ángeles por 20 millones de euros.

Millonadas para los partidos

Los partidos -sí, esas organizaciones que a día de hoy no han sido capaces de llegar a un acuerdo para formar Gobierno- también se llevan una buena millonada para gastos de sus campañas, ya que perciben a posteriori una cantidad según sus resultados, a razón de más de 21.000 euros por escaño conseguido en el Congreso y el Senado. Este montante no está incluido en la factura de 138 millones que se precisa para poner en marcha la maquinaria electoral.