Así fue la primera redada contra ETA

La banda terrorista fue prácticamente desmantelada en 1961 por un atentado fallido y lleno de errores

Imagen de material antidisturbios de la Policía en los años 70./
Imagen de material antidisturbios de la Policía en los años 70.
ÓSCAR B. DE OTÁLORA

La primera redada contra ETA tuvo lugar en 1961 y en ella fue prácticamente desmantelada la organización terrorista. Esta operación policial se produjo después de que la banda hubiera intentado atentar contra un grupo de excombatientes vascos que acudían a San Sebastián para celebrar el alzamiento de Franco contra la República. Fueron tantas las meteduras de pata de la recién nacida ETA que a las fuerzas de seguridad de la época no les costó acabar con la mayoría de los militantes de la banda. Sin embargo, la fuga a Francia de algunos terroristas permitió a la banda sobrevivir a ese primer golpe. Este momento ha sido analizado por el historiador y responsable de Investigación del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Gaizka Fernández Soldevilla, en un ensayo publicado por la revista especializada 'Quadernos de Criminología'.

El atentado

El atentado de ETA que provocó la primera redada contra ETA de la historia tuvo lugar el 18 de julio de 1961 y pretendía ser un ataque a los combatientes vascos que habían participado en la Guerra Civil en el bando franquista. Ese día tenían una cita en en San Sebastián, donde se celebraba una concentración para recordar el 25 aniversario del 'alzamiento', el día en el que, en 1936, se inició el golpe militar contra la República.

Tres miembros de la recién nacida ETA -Rafael Albisu, Manuel Laspiur y David López- decidieron hacer descarrilar el tren que llevaba a los antiguos milicianos vascos a la capital donostiarra. Para ello, quitaron 18 tirafondos de la vía férrea y aflojaron otros 16 en el tramo situado a la salida del túnel de Aiete. Aproximadamente, desplazaron las vías unos cuatro centímetros. Esta acción la realizaron entre las siete y las diez y media de la mañana.

El sabotaje fue un fracaso. El tráfico por ferrocarril funcionó con normalidad y ningún tren se salió de la vía. A las seis y media de la tarde, sin embargo, un empleado de la Compañía de Ferrocarriles Vascongados descubrió los daños y se cortó la circulación para reparar los desperfectos.

Los daños costaron un total de 671 pesetas de la época (150 euros actuales).Los miembros de la banda intentaron también quemar las banderas rojigualdas que ese día engalanaban edificios e instituciones de la capital guipuzcoana. A las tres y media de la tarde consiguieron quemar dos enseñas: una que colgaba en las cercanías del hotel Londres y otra situada en el balcón del Colegio Oficial de Agentes Comerciales de Gipuzkoa. Lo intentaron con una tercera situada en una sociedad de caza y pesca pero no consiguieron que ardiera.

Imagen del sumario sobre el atentado de San Sebastián en el que se valoran los daños sufridos en la vía ferrea.
Imagen del sumario sobre el atentado de San Sebastián en el que se valoran los daños sufridos en la vía ferrea.

La reacción policial

A la Policía no le costó dar con los autores de los hechos. En las cercanías del Colegio de Agentes Comerciales un testigo había visto a uno de los autores del ataque, que se había desplazado hasta esa calle en su propia moto, una 'Lambretta'. Esta persona se había fijado en la matrícula del vehículo y le facilitó la numeración a las fuerzas de seguridad. El etarra era Félix Arrieta. Según contaría más tarde la propia banda en uno de sus escritos, otro etarra se había comprometido a conseguir otro motocicleta robada pero se le olvidó y se fue de txikiteo. Ese mismo día, al filo de la medianoche, Arrieta era arrestado por miembros de la Brigada de Investigación Social. No solo la matrícula de su 'Lambretta' le situaba en el lugar donde se había quemado una bandera. El activista presentaba quemaduras de segundo grado en su mano derecha.

A raíz de esta detención los agentes consiguieron datos de otras treinta personas que militaban en ETA. Se trataba de la primera vez que las fuerzas de seguridad oían hablar de esta organización. Hasta ese momento, todos sus esfuerzos estaban orientado a perseguir al Partido Comunista. La organización terrorista ahora disuelto no fue considerada una amenaza. Como recuerda el historiador Gaizka Fernández Soldevilla, «difícilmente se podía considerar una amenaza a un grupo cuyo arsenal consistía en propaganda, revistas como 'Zutik' o 'Irrintzi' y tres llaves inglesas de gran tamaño, utilizadas para sacar los tirafondos de las vías».

La fuga

En la operación que desencadenó la Brigada de Investigación Social fueron arrestadas una treintena de personas. Uno de ellos fue Rafael Albisu, quien pudo ser detenido cuando viajaba en tren en Irún. Con el tiempo su hijo, Mikel Albisu, se convertiría en el máximo jefe de ETA hasta que fue detenido en 2004 en Francia. Su compañera, Marisol Iparagirre, Anboto, -también presa- fue una de las voces que anunció el fin de la banda en mayo de este año. Los arrestados fueron juzgados el 28 de octubre de 1961 y condenados a penas que iban desde los veinte años de prisión a los cinco. También se les obligó a pagar el coste de las banderas quemadas y los daños en la vía férrea.

Sin embargo, otros miembros de la banda no pudieron ser localizados por la Policía. David López Dorronsoro, uno de los dirigentes de la primera asamblea de la banda consigue cruzar la frontera con su propia documentación y se esconde en suelo francés. A él le seguirán otros miembros que en el futuro dirigirán la organización terrorista como Julen Madariaga o Juan José Etxabe. El propio Madariaga, en un documento interno de la banda, reconocerá que la recién nacida ETA había quedado prácticamente desmantelada en Gipuzkoa. En Bizkaia, «la desbandada fue general, hasta el punto de reducirse toda la militancia a dos miembros en la Margen Izquierda y a otros dos en la Margen Derecha». ETA, a partir de ese momento, comienza a preparar su base en el País Vascofrancés. Allí contacta con miembros del PNV y con el Gobierno vasco en el exilio. Desde el primer momento se producen diferencias entre los jóvenes y la vieja guardia nacionalista.

Imagen tomada en el lugar donde fue asesinado José Antoio Pardines horas después del crimen.
Imagen tomada en el lugar donde fue asesinado José Antoio Pardines horas después del crimen.

La escalada de violencia

En ese momento ETA era una organización que ya había probado la violencia y que comenzaba a teorizar con la necesidad de llevar a cabo asesinatos.El primer atentado había tenido lugar en otoño de 1959 cuando colocó unos explosivos caseros junto al Gobierno Civil de Vitoria, la comisaría de Policía de Bilbao y el diario 'Alerta' en Santander. Las explosiones no causaron víctimas ni la banda las reivindicó. Las fuerzas de seguridad atribuyeron de forma errónea estos sabotajes a las juventudes del PNV, Egi.

A partir de la acción fallida contra el ferrocarril en San Sebastián en la banda se agudizará el debate sobre la necesidad de cometer atentados mortales. No obstante, todavía tardarían siete años en cometer su primer asesinato. El 7 de junio de 1968 falleció el guardia civil José Antonio Pardines, cuando el terrorista Txabi Etxebarrieta le tiroteó por la espalda. En agosto de ese año, la banda lleva a cabo el asesinato del inspector de policía Melitón Manzanas. La escalada criminal de ETA a partir de ese momento costó la vida a más de 800 personas.

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