El primer gesto del ministro Marlaska: llama a un huérfano de ETA

A la izquierda, José Miguel Cedillo. A la derecha, Fernando Grande Marlaska./EFE
A la izquierda, José Miguel Cedillo. A la derecha, Fernando Grande Marlaska. / EFE

El ministro del Interior telefonea al hijo de un policía asesinado en 1982 que reclama su reconocimiento como víctima del terrorismo

DAVID GUADILLA

«Ha sido increíble. Me he hartado a llorar. Ha hecho más por nosotros en unos días que todos sus antecesores en años». José Miguel Cedillo recibió a las 9.30 horas de ayer una llamada que su familia llevaba esperando mucho tiempo. Desde que su padre, Antonio, policía nacional, fuese asesinado a tiros en Rentería en 1982. Al otro lado del teléfono, el nuevo ministro del Interior. Y con buenas noticias. Fernando Grande Marlaska le trasladó que está dispuesto a estudiar una de las principales reclamaciones de José Miguel: el reconocimiento de los huérfanos de ETA como víctimas del terrorismo.

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La legislación actual establece que los hijos de quienes fallecieron en atentado solo percibirán una pensión hasta los 24 años. «Pero yo socialmente no he podido vivir. He recibido tratamiento psicológico y psiquiátrico desde que tengo 4 años. Y eso está acreditado. Durante seis años no pude salir a la calle porque tenía agorafobia; ahora me han detectado una enfermedad autoinmune... Y todos los médicos me dicen que tiene que ver con lo que sucedió entonces», relata José Miguel, que contaba con solo 3 años cuando la banda asesinó a su padre. «Ha sido horroroso».

Contra un muro

Hasta la fecha se había encontrado con un muro. «Lo único que me ponían eran excusas. Lo que venían a decir es que el Estado no podría asumir ese gasto, que abríamos la puerta para que mucha gente reclamase una indemnización». Mantuvo una reunión con Jorge Fernández Díaz que no condujo a nada. «Zoido ni se dignó a recibirnos. Y eso que mi madre estuvo acampada a la puerta del Ministerio varios días». José Miguel tenía la sensación de que palabras como «dignidad y justicia quedaban muy bien en los papeles» pero que luego no se concretaban.

Pero ahora parece que las cosas han cambiado. «Que con toda la vorágine de su nombramiento me haya llamado es ya un detalle». La conversación apenas duró veinte minutos. «Tampoco quería abrumarle. Me vale con lo que ha hecho». A partir de ahora se han dado un tiempo. «Creo que lo mejor es que tenga margen para que haga su trabajo. Lo único que le he pedido es que encuentre un hueco en su agenda para que podamos tener una reunión. Quiero conocerle, aunque solo sea para darle un abrazo».

 

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