Iglesias aplaza el choque con Espinar hasta el Consejo Ciudadano del sábado

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias (d), junto al secretario de organización del partido, Pablo Echenique (c), y la Secretaria de Participación Ciudadana Estatal ,Noelia Vera- / EFE

El exdirigente de Podemos se alinea con el sector que exige responsabilidades a la dirección por la debacle electoral

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

La dirección de Podemos mantiene una calma absoluta que roza el ninguneo tras el llamamiento de Ramón Espinar a renovar a fondo el partido, incluidos sus cargos, en un Vistalegre 3.

El exsecretario general en la comunidad de Madrid, uno de los más estrechos colaboradores de Pablo Iglesias en el pasado, ha regresado de su retiro para denunciar que «Podemos está roto», que el partido «se encamina a ocupar un papel testimonial» o que «todas las organizaciones políticas sufren mutaciones con el paso del tiempo, pero Podemos ha sufrido amputaciones en muy poco tiempo». Pese a la andanada, Iglesias y su círculo más próximo -Irene Montero, Pablo Echenique o Rafa Mayoral- guardaron este lunes silencio. El de Espinar era un movimiento previsto que no ha causado sorpresa, señalan fuentes del partido.

La única en tomar la palabra este lunes fue la portavoz Noelia Vera. La diputada por Cádiz recalcó que, «como un militante más», Espinar «ha dejado claras sus intenciones y bienvenidas sean». Sí reprochó que, una vez más, haya miembros de Podemos que aireen sus diferencias en los medios de comunicación. Esta es una de las principales causas a las que la ejecutiva achaca su retroceso electoral y, por eso, es justo en lo que no quiere caer Iglesias antes del Consejo Ciudadano fijado para el próximo sábado, en el que el secretario general hará frente a los barones del partido que le responsabilizan de los pésimos resultados en esta maratón electoral. Ello a pesar de que Iglesias sumó en las generales un 14,3% de los votos frente a la media del 6,8% de los candidatos autonómicos.

La oposición a Iglesias se articula en torno a dos polos. En el primero, estaría dirigentes territoriales como el aragonés Nacho Escartín y el manchego José García Molina, este último aliado con Espinar. El segundo frente es el de la organización andaluza, para la que su líder, la anticapitalista Teresa Rodríguez, exige plena autonomía después de que su región fuera la que mejor ha resistido la caída electoral. Lo que no parece es que a unos y otros les una un proyecto común para el partido más allá del rechazo que ahora mantienen al lider del partido.

Regreso tras cuatro meses

Espinar regresa a la actualidad política cuatro meses después de abandonar todos sus cargos. En un hecho inusual en Podemos, llegó a compaginar un escaño en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, la portavocía en el Senado, y la secretaría general madrileña. Fue en este último cargo en el que tuvo que compartir el mando en plaza con Íñigo Errejón, designado por Iglesias candidato a la Presidencia regional como premio de consolación tras su derrota en Vistalegre 2.

Los problemas comenzaron ya con la confección de las listas e Iglesias tuvo que poner orden. «No voy a admitir ni media tontería», advirtió el secretario general. Pero lo que estaba por venir no era ninguna tontería. Mientras que Espinar negociaba la confluencia con Izquierda Unida de cara al 26-M, Errejón hacia lo propio a sus espaldas con Manuela Carmena.

El pasado enero todo saltó por los aires. Errejón anunció su marcha a Más Madrid, una «traición» que aún escuece, y mucho, en la dirección nacional. Espinar, que no había ni de lejos visto la maniobra, dimitió de todos sus cargos y abandonó la política tras lanzar una llamada a la unidad de la izquierda, incluso a costa de pactar con Errejón. Hay quien sostiene en Podemos que si se marchó, además de por el gol encajado, fue por no tener que verse las caras nunca más con el exnúmero dos del partido. Una cosa es unidad y otra compartir proyecto con el enemigo más íntimo.

Espinar no ha aclarado si aspirará a liderar el partido en caso de que Iglesias convoque el Vistalegre 3 que éste reclama. Su candidatura no causa temor en la dirección, que se muestra segura de que no tendría ninguna posibilidad de superar a Iglesias o Montero a la hora de consultar a la militancia.

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