El patriotismo español no casa en la UE

Pedro Sánchez y Pablo Casado/E. C.
Pedro Sánchez y Pablo Casado / E. C.

Sánchez y Casado coinciden hoy en Bruselas echándose en cara que primen los intereses de partido al del país, algo que el PSOE practicó con Rajoy

Adolfo Lorente
ADOLFO LORENTE

Patriota, primera acepción: «Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien». Si a esta palabra le sumas el apellido español, el cóctel tiene su aquél. La batalla campal que se sufre en Madrid desde la moción de censura se trasladará hoy a Bruselas, el kilómetro cero, donde coincidirán el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del PP, Pablo Casado. Tan cerca y tan lejos. Sánchez, entre otras cosas, defenderá su europeísmo en sendas entrevistas personales con los presidentes del Consejo y la Comisión, Donald Tusk y Jean-Claude Juncker. El líder de la oposición, por su parte, se reunirá con sus colegas del PP europeo y se entrevistará a solas con Angela Merkel para advertirle de que el proyecto de Presupuesto pactado entre Sánchez y Podemos es «la base de una nueva recesión». Fue anunciar su viaje a Bruselas y el PSOE salir en tromba echándole en cara su «falta de patriotismo».

Primer matiz. Casado viaja a Bruselas como Sánchez lo hacía cuando había cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE y Mariano Rajoy era el que se hacía la foto oficial en el Consejo Europeo. Entonces, se reunía como líder de la oposición con sus colegas socialdemócratas de la UE. Ahora, lo sigue haciendo en calidad de inquilino de La Moncloa. Por cierto, lo mismo que hace Albert Rivera con sus colegas liberales. En otras palabras, que Sánchez hace de Rajoy y Casado hace de Sánchez.

Una vez ubicados en Bruselas, la polémica surge por el relato de unos y otros. El patriotismo, ya saben. El PP español está presionando sobremanera en la UE para criticar las formas del Gobierno en lo referido a los presupuestos. Su jefe de filas en la Eurocámara, Esteban González Pons, está haciendo de ariete en esta ofensiva censurando la vulneración legal de los objetivos de déficit. Y claro, los socialistas han montado en cólera. Vuelve a repetirse la historia. Sí, vuelve, pero a la inversa.

«Lo de España es chocante. Llama la atención como se anteponen antes los intereses personales y partidistas que los de todo un país. Sobre todo en la UE, un club donde es complicadísimo tocar poder por la fuerte competencia que hay. Es algo que sorprende y que no ocurre en ningún otro Estado miembro», confiesan fuentes comunitarias. La marca España también es esto.

De Guindos y el BCE

Porque lo que está ocurriendo ahora con Pablo Casado no deja de ser la continuación de que lo ocurrió con Rajoy de presidente. Los socialistas, lejos de esta cacareado patriotismo, hicieron todo lo posible para torpedear el nombramiento de Miguel Arias Cañete como comisario europeo en 2014. No lo lograron porque había un gran pacto a nivel europeo entre el PP y los socialdemócratas para que Juncker fuese presidente de la Comisión y el socialista Martin Schulz lo fuera de la Eurocámara. Un pacto, por cierto, que el PSOE no avaló en la Eurocámara para denigrar la figura de Jean-Claude Juncker, la misma que ahora encumbra Sánchez.

En el último caso de patriotismo se vivió con la elección de Luis de Guindos como vicepresidente del Banco Central Europeo. El entonces ministro de Economía recibió el aval de sus colegas del Eurogrupo, sobre todo del socialismo portugués, pero el PSOE desde Madrid intentó, de nuevo, torpedear el nombramiento. Al final se apostó por una «abstención crítica», pero las órdenes de Sánchez incomodaron y mucho y bastantes de sus eurodiputados, como confesaron en su día en conversaciones privadas.

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