A Pablo Casado le vale todo

El aspirante más conservador a líder del PP recibe el apoyo directode Cospedal, el indirecto de Aznar y se tapa con Franco

Pablo Casado./EFE
Pablo Casado. / EFE
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Si dos y dos sumaran cuatro también en política, Pablo Casado, el aspirante al liderazgo del PP situado más a la derecha, estaría a estas horas preparando el discurso que deberá pronunciar el próximo fin de semana quien sea elegido nuevo presidente del principal partido del centroderecha español. Pero la historia nos enseña que casi nunca es así de sencillo.

El joven exvicesecretario general de Comunicación conservador, el mismo que hace pocos días abogaba por segunda vez en poco tiempo por ilegalizar a los partidos independentistas y que sostenía que el euskera es una lengua ajena a la Comunidad Foral de Navarra, recibió ayer dos respaldos de envergadura a su candidatura. Ambos, además, ciertamente significativos.

El primero, directo, esperado, el de la exsecretaria general María Dolores de Cospedal, a la que los militantes apearon de la carrera por el trono popular en las primarias que se celebraron el pasado día 5. Poco después le llegaba el apoyo, en este caso indirecto, del exlíder del partido y expresidente del Gobierno José María Aznar.

La exvicepresidenta del Gobierno Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, ganó las Primarias a Casado por apenas 1.500 votos, sólo un 2,7% de los sufragios emitidos. Como Cospedal y los tres candidatos menores se han decantado ya por el joven exvicesecretario general de Comunicación y entre todos sumaron más de 16.500 votos, cualquiera podría pensar que tiene la victoria al alcance de su mano. Es posible, pero de momento prácticamente nadie se atreve a aventurar un pronóstico definitivo y todo apunta a que la pugna no se decantará hasta la votación final de los compromisarios.

La carrera electoral no está sirviendo para que los aspirantes desgranen grandes ideas de futuro. Sí da la sensación de estar escorando al partido hacia la derecha. Y, sobre todo, de estar agudizando la división y agriando las tensiones.

Ocurrió en el PNV cuando Urkullu y Ortuzar batieron al soberanista Egibar, que se presentaba con el aval de Xabier Arzalluz. Pasó en el congreso de Valencia del PP cuando Rajoy se impuso a los críticos de Esperanza Aguirre, que contaban con el aval de Aznar. Y ha sucedido cada vez que ha habido primarias en el PSOE donde, por cierto, ser el aspirante del 'aparato' ha sido hasta ahora sinónimo de derrota: Almunia perdió con Borrell, Bono con Rodríguez Zapatero, y tanto Eduardo Madina como Susana Díaz con Pedro Sánchez.

Además del cruce dialéctico que ha seguido a la negatriva final de Santamaría a debatir con Casado, el detonante del principal enfrentamiento entre los aspirantes ha sido la difusión el fin de semana de un vídeo contra tres de los grandes apoyos de la exvicepresidenta: Javier Arenas, Celia Villalobos y Cristóbal Montoro.

El montaje anónimo, titulado 'Cuéntame cómo váis a renovaros', ha embarrado todavía más la carrera. Ayer Casado se limitó a decir que los compromisarios también han recibido vídeos difamatorios contra él, que no han trascendido.

Por cierto que el aspirante evidenció con hechos cómo pretende volver a captar a esos sectores de derecha extrema que se han alejado del PP y han buscado cobijo en Vox y/o en Ciudadanos. Preguntado por la presencia el domingo en el Valle de los Caídos de ultraderechistas que mostraban brazo en alto y con banderas preconstitucionales su rechazo a la exhumación de los restos de Franco, Casado abogó por «mirar al futuro sin revisionismos ni comisiones de la verdad. Sin volver a enfrentar a las dos españas», dijo. «Yo -zanjó- no gastaría un euro en desenterrar a Franco». Sin duda, ilustrativo.

 

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