Los orígenes jeltzales de Miquel

Los orígenes jeltzales de Miquel

ALBERTO SURIO

La elección de Miquel Iceta como presidente del Senado –si se confirma–no solo constituye un guiño a Cataluña, al PSC y a los nacionalistas periféricos. Podría ser un primer movimiento político de alcance en la legislatura. Pero a la vez plantea un pulso con ERC, que amenaza con no votarle en el Parlament. El proceso arranca desde luego con serias lagunas formales. Si sale adelante la propuesta, presidirá la Cámara alta, que debería encarnar mejor una pluralidad territorial que sigue siendo una asignatura pendiente. La misma Cámara que fue la encargada de tramitar la aplicación del artículo 155. El líder del PSC viene de una familia ligada al nacionalismo vasco. Su padre, de Bilbao, era un vendedor de máquinas de escribir jeltzale, a su vez el hijo de un represaliado franquista, también nacionalista vasco, un ingeniero que fue a la cárcel por responsabilidades de guerra, que fue encarcelado y murió de tuberculosis. «Como no sabía si elegir entre el nacionalismo vasco o el catalán, me hice socialista», suele bromear el líder del PSC. Iñaki Anasagasti reaccionaba ayer encantado con la noticia. «Iceta es inteligente y será más activo que Javier Rojo en el tema autonómico», destacó. Un elogio revelador.

Militante de las Juventudes Socialistas de Catalunya desde 1978, procedente del PSP de Tierno Galván, Iceta es uno de los abanderados del discurso territorial federalista más atrevido en el PSOE, al que no le duelen prendas en admitir la realidad plurinacional de España, y al que se le ha encasillado siempre con una 'tercera vía' proclive a buscar una solución al conflicto de Cataluña sin romper la Constitución. Un nuevo pacto de autogobierno que revise el actual estatu quo pero que evite la ruptura del marco jurídico y transite por una reforma ambiciosa. En el cajón de su mesa, aparcadas porque no cuentan con el aval de su partido, figuran algunas reflexiones suyas sobre el modelo de Claridad de Quebec. Quizá por eso mismo se ha convertido en una de las bestias negras para la derecha, sin bien internamente en el PSC Iceta no formó parte en su día de la corriente más catalanista sino la más proclive al entendimiento con el PSOE. En la pugna frente al PSOE más jacobino, Iceta representa al alma federalista. Iceta considera el socialismo como la pasión de su vida. «Yo a mi partido no le dejo tirado», confesó cuando el PSC obtuvo el peor resultado de su historia y se vio devorado por el achique de espacios. Ahora, recupera posiciones en el cinturón de Barcelona. Hábil y brillante, Sánchez quiere colocar a uno de sus peones más atrevidos al frente del Senado. Pero no está claro el desenlace. La legislatura empieza con emociones fuertes.