el nuevo estatuto, camino del naufragio

La insistencia del PNV en mantener posiciones abertzales de máximos y en alinearse junto a EH Bildu en la ponencia parlamentaria de autogobierno lleva a las fuerzas no nacionalistas a temer que los trabajos acaben en fracaso

el nuevo estatuto, camino del naufragio
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Oficialmente nadie está dispuesto a ser el primero en arrojar la toalla en público. Aún no se ha alcanzado el ecuador de la legislatura vasca y, por tanto, nada puede darse todavía por definitivo.

Sin embargo, la impresión más extendida entre los partidos no nacionalistas con representación en el Parlamento vasco, que son minoría en la Cámara, es que los trabajos para dotar a Euskadi de un nuevo Estatuto que sustituya al de Gernika llevan camino de terminar sin acuerdo. O si lo prefieren, en fracaso.

Todas las miradas se dirigen al PNV que encabezan Andoni Ortuzar y el lehendakari, Iñigo Urkullu. Los peneuvistas se situaron desde el primer momento en posiciones abertzales de máximos en la ponencia parlamentaria de autogobierno, enarbolando la bandera del denominado derecho a decidir; es decir, de que se reconozca el derecho del País Vasco a separarse del resto de España, que de eso y no de otra cosa es de lo que hablamos.

Y de ahí no se han movido. Para obvia satisfacción de la izquierda abertzale que lideran Arnaldo Otegi y Arkaitz Rodríguez, y preocupación de otras formaciones.

De entrada, el resto de los grupos optaron por acoger con prudencia las posiciones del primer partido vasco. Pero pasan las semanas y los jeltzales, lejos de modular sus planteamientos, insisten en usar la ponencia parlamentaria para plantear, con plena legitimidad, algunos de sus postulados más abertzales.

PNV y EH Bildu proponen un esquema de relación de igual a igual con el Estado. Un modelo de corte confederal en el que Euskadi tendría estructuras similares a las de cualquier nación con los tres poderes tradicionales: un ejecutivo (Gobierno vasco), el legislativo (Parlamento autónomo) y, además, el judicial, con un Consejo General del Poder Judicial Vasco.

Ni los de Ortuzar ni los de Otegi olvidan el sueño político de todo nacionalista de lograr algún día una entidad política que agrupe a la actual comunidad autónoma vasca, al viejo reyno de Navarra y al País Vasco francés. Ambos coinciden en respetar la libre decisión de los habitantes de cada ámbito territorial.

Pero, mientras llega ese momento, PNV y EH Bildu no están por permanecer de brazos cruzados. Abogan por que los gobiernos de Vitoria (que preside Urkullu), Pamplona (la nacionalista Uxue Barkos) y la recién nacida Mancomunidad de Iparralde (que preside Jean René Etchegaray) den a luz una Eurorregión vasca, como otras que existen en la Unión Europea, según el documento que se discutirá la semana que viene en la ponencia.

El simple enunciado de este tipo de planteamiento suele provocar sarpullidos en las formaciones no nacionalistas navarras: de UPN al PP, pasando por los socialistas del PSN o Ciudadanos. Esta ocasión no ha sido diferente y el primer partido navarro, los foralistas de UPN que lidera Javier Esparza, llevan a semanas acusando a los gabinetes de Urkullu y Barkos de buscar la anexión del viejo reyno al País Vasco.

La fase decisiva

Los trabajos de la ponencia llegarán a su fin en esta primera fase con el verano. Tras las vacaciones, todos los documentos alumbrados por los partidos con los acuerdos y los desacuerdos se pondrán en manos de un grupo de expertos que elaborará un primer anteproyecto de Estatuto. El texto y las enmiendas de los grupos volverán a discutirse en el Parlamento.

PNV y EH Bildu tienen votos suficientes para sacar adelante un texto en solitario. Pero no cumpliría el requisito de transversalidad del que siempre habla el lehendakari y se estrellaría en el Congreso, como le ocurrió en su día al exlehendakari Juan José Ibarretxe.

Cuando arranque esta última fase del debate será el momento de comprobar si el PNV modula o no sus posiciones actuales. La convicción más extendida entre sus adversarios es que tanto Sabin Etxea como Ajuria Enea han llegado a la conclusión de que el mapa político en Madrid no es el más indicado para lograr avances significativos en materia de autogobierno ni parece que vaya a serlo a corto plazo. Por tanto lo más conveniente a sus intereses sería mantener el doble discurso actual. Con un PNV instalado en posiciones abertzales de máximos para contentar a su parroquia más nacionalista y no perder apoyos en ese flanco con EH Bildu. Y un lehendakari instalado en el pragmatismo para satisfacer al electorado peneuvista más moderado, limítrofe con el PP y con los socialistas.

En semejante esquema encaja el apoyo peneuvista a la gran cadena humana por el derecho a decidir que tuvo lugar el pasado domingo. Apoyo del que se desmarcaron Urkullu y su Gobierno en un doble sentido: no acudiendo físicamente al acto y luego restándole importancia política en los horas siguientes.

Que el electorado acepte o no semejante juego al PNV -que tanto enfada a EH Bildu, al PP y hasta a sus socios del PSE- se verá en las municipales y forales de mayo de 2019. En esa misma fecha Navarra celebrará también autonómicas y se comprobará igualmente si el primer Gobierno nacionalista de su historia logra el plácet ciudadano o si UPN y PSN le devuelven de nuevo a la oposición.

 

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