El miedo a la recentralización consolida el rol del PNV como voto refugio

Andoni Ortuzar./EFE
Andoni Ortuzar. / EFE

Los sociólogos creen que su triunfo el 28-A se basó en su imagen de «buen gestor» y en aparecer como la mejor defensa ante los que ponían en cuestión el autogobierno

DAVID GUADILLA

Fue como un 'tsunami' que llegó en oleadas diferentes. Creció el 20 de febrero, cuando el Senado aprobó una moción impulsada por el PP para rechazar el catálogo de transferencias pactado entre los Gobiernos central y vasco.Se alimentó con vídeos como el que lanzó Ciudadanos con la frase «Agur 'cuponazo'». Y se desarrolló con propuestas a favor de la devolución de competencias al Estado y otras más radicales lanzadas por Vox sobre la eliminación de las autonomías. Se creó una sensación de miedo, de que el autogobierno estaba en peligro, y los vascos salieron «en masa a votar», en palabras de Narciso Michavila, presidente de GAD3. Y puestos a elegir, lo hicieron al PNV, que se llevó el 31% de los votos y cosechó casi 400.000 papeletas. Lo nunca visto.

La formación jeltzale volvió a convertirse en un «refugio» para los que veían peligrar el 'hecho diferencial vasco'. La participación este pasado domingo en Euskadi respecto a 2016 creció siete puntos. Los mismos que subió el respaldo al PNV. El PSE y EH Bildu también se beneficiaron de ese viento que se generó para frenar la «recentralización», pero no a los niveles del PNV.

Desde hace tiempo, sobre todo tras la salida de Juan José Ibarretxe, Sabin Etxea parece haber encontrado una pócima mágica en lo político. Un cargo de la formación lo explica de manera clara. «Somos un partido de centro derecha que parece de izquierdas». «Es lo que llamo la 'vía Urkullu'. Una formación que habla con tranquilidad con el Estado, que no rompe nada, que alcanza acuerdos y que defiende a las clases medias. Y no hay que olvidar que la clase media es la mayoría de la sociedad vasca», explica Ander Gurrutxaga.

El sociólogo recuerda otra clave para entender el fenómeno del PNV. En su opinión, pensar que todos sus votantes son nacionalistas propiamente dicho es un error. Los abertzales son «la base», el colectivo sobre el que se sustenta la formación. Los cimientos que construyen el edificio. Pero a ellos se añade otro grupo muy importante que no le apoya por su discurso identitario, sino por otras cuestiones. «Por su imagen de solvencia, de buen gestor, como una inversión sin demasiado riesgo», añade.

Esa fotografía de partido «responsable» es la que le ha hecho ser el que más se ha beneficiado de la alta participación. En el resto de España fue el PSOE el que pescó casi todo el voto 'antiderecha'. El apoyo a los socialistas en Extremadura llegó al 38%, en Andalucía al 34%... Pero aquí funcionaron claves añadidas. «La fuerte polarización de la campaña en dos bloques ideológicos de izquierda a derecha y los mensajes sobre el cuestionamiento del Concierto o el papel de la Ertzaintza han provocado que en Euskadi se haya activado un voto de defensa del autogobierno», apunta María Silvestre, directora del Deustobarómetro.

«Las periferias»

De hecho, la socióloga subraya que las formaciones más conservadoras «han extremado mucho su discurso» y han «forzado la polarización». Los mismos partidos que han cuestionado la actual ley de aborto y las políticas de igualdad, que han agitado los «peligros» de la inmigración irregular y que han peleado entre ellos por hacerse con la bandera de la derecha han sido los que más han cuestionado el actual régimen autonómico. Y eso ha tenido una derivada. «Aunque hablábamos de izquierdas y derechas, en realidad el eje de la campaña se centraba, en parte, en la propia configuración del Estado español», apunta Silvestre.

En Sabin Etxea creen que es un fenómeno similar al que se vivió en 2001 con Ibarretxe y Mayor Oreja

Ese miedo se percibe a la hora de medir los datos por provincias, subraya el profesor de Sociología de la UPV JonatanGarcía. Donde la participación creció de forma más significativa el 28-A fue en Gipuzkoa, al elevarse más de ocho puntos respecto a 2016. En Bizkaia rondó el 7%. En Álava, el territorio que siempre se mueve más en clave nacional y donde el impacto del discurso identitario es más relativo, la subida no llegó al 4%. Pero el ganador volvió a ser el PNV, algo que tampoco había ocurrido con anterioridad.

En las filas jeltzales reconocen que para encontrar un antecedente similar habría que remontarse a las autonómicas de 2001. Fue una de las campañas más polarizadas de la historia de Euskadi. Con Ibarretxe como candidato del PNV y Jaime Mayor Oreja al frente del PP y Nicolás Redondo Terreros, del PSE. Ciudadanos que no votaban nacionalista y que incluso no compartían ni de lejos las políticas soberanistas del por aquel entonces lehendakari acabaron por introducir en la urna la papeleta del PNV, que iba coaligado con EA. Ibarretxe llegó a los 600.000 votos. En gran medida, muchos vascos vieron en la llegada de Mayor Oreja un riesgo para el autogobierno.

En realidad, la reacción para evitar esa posible recentralización tampoco ha sido exclusivamente vasca. Esa respuesta de la «periferia» se ha visto en otras partes, subraya JonatanGarcía: Coalición Canaria ha doblado su representación, el PRC tendrá por primera vez un diputado, Coalición por Melilla estuvo a punto de lograrlo... «Han conseguido convencer a sus votantes de que son los más indicados para llevar al centro sus demandas».