Made in Urkullu

Iñigo Urkullu tras su intervención de esta mañana./Igor Aizpuru
Iñigo Urkullu tras su intervención de esta mañana. / Igor Aizpuru

El lehendakari ha acuñado conceptos como la «nación foral» y la «democracia plurinacional»

ANTONIO SANTOS

El lehendakari, Iñigo Urkullu, suele aprovechar su primera intervención en el pleno de política general para dejar alguna perla con la que 'alegrar' la mañana a los periodistas y centrar las conversaciones del resto de parlamentarios. Suelen ser conceptos, o 'palabros' como ahora dicen los jóvenes, dignos de aparecer en una tesis doctoral. Todos ellos siempre vinculados con el encaje de Euskadi y Cataluña en España.

Democracia plurinacional (2018)

En la sesión de este jueves, el dirigente nacionalista ha acuñado el término «democracia plurinacional» para advertir de la necesidad de reconocer a las diferentes nacionalidades que componen España. Y ha abogado porque el Gobierno central asuma «la personalidad política del pueblo vasco». Algo similar ocurrió en los debates de 2017 y 2015 (el de 2016 no se celebró porque la Cámara de Vitoria estaba disuelta para celebrar elecciones a finales de septiembre).

Estado confederal (2017)

El año pasado el jefe del Ejecutivo propuso constituir un «Estado confederal» para que Euskadi y Cataluña pudieran sentirse a gusto. Su propuesta se desmarcaba claramente de la vía catalana de ruptura que abanderaba entonces Carles Puigdemont, ahora huido en Bélgica. En ese Estado confederal que proponía a Mariano Rajoy debían tener cabida las «consultas legales y pactadas» para resolver el «laberinto territorial».

Nación foral (2015)

Más innovador fue el lehendakari hace tres años, cuando sorprendió a todos con el término «nación foral» para separarse del discurso independentista de Artur Mas (desde que Urkullu llegara a la Lehendakaritza en diciembre de 2012 ha visto cómo el bastón de mando de la Generalitat ha estado en las manos de tres dirigentes diferentes). Aquella «nación foral» incidía ya en la apuesta del PNV por reforzar el autogobierno de los vascos. Aludía con esa nomenclatura efectista a la necesidad de reformar el Estatuto sobre la base de los derechos históricos amparados y reconocidos en la Carta de Gernika y en la Constitución. Todo ello para «ensanchar y blindar», se dijo entonces, las competencias vascas. Era el inicio de una apuesta impregnada de «filosofía pactista y posibilismo» frente al desafío independentista catalán.

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