El lehendakari advierte a los jóvenes del «riesgo de retroceso» a los años violentos
Víctimas de ETA, GAL, ultraderecha y de la tortura celebran juntas en Vitoria el Día de la Memoria
El lehendakari reflexionó este lunes, durante la celebración del Día de la Memoria en Vitoria, sobre las «heridas de la violencia no cerradas en nuestro país» y advirtió del «riesgo de retroceso, que existe y sigue estando ahí». Imanol Pradales subrayó que «tenemos que transmitir a los jóvenes, a quienes no conocieron los tiempos oscuros de nuestro país, el mensaje de que la violencia no tiene cabida en nuestra sociedad y que sólo aporta un sufrimiento infinito». Fue casi un aviso para navegantes: «La democracia y los derechos humanos no están asegurados y debemos aprender del pasado para no repetir errores».
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El discurso caló hondo en el auditorio del Palacio Europa, que estuvo repleto de autoridades. Desde los vicelehendakaris Ibone Bengoetxea y Mikel Torres y casi todos los consejeros, a la presidenta del Parlamento vasco, Bakartxo Tejeria; la alcaldesa de Vitoria, Maider Etxebarria; o Ramiro González, diputado general de Álava, entre otros muchos. No faltaron los líderes de PNV y PSE, Aitor Esteban y Eneko Andueza -sentados juntos en el auditorio- e incluso se dejó ver en la sala algún histórico de la izquierda abertzale, como Tasio Erkizia. No hubo una delegación del PP, partido que considera que al mezclarse diferentes violencias se «diluye» la de ETA. También asistieron víctimas de todas las sensibilidades. Del terrorismo de ETA, de los GAL y de grupos de extrema derecha, junto a quienes sufrieron la violencia policial ilícita o la tortura. Asimismo, estuvieron representantes de numerosas asociaciones, plataformas y fundaciones de damnificados.
«Las profundas huellas de la guerra, la dictadura, el terrorismo, la persecución y la tortura siguen vivas», aseguró Pradales, quien confesó que lo ha podido comprobar «personalmente en las conversaciones que he mantenido con las víctimas, tanto en público como en privado». A su juicio, «está en nuestras manos aprender de la historia y cerrar el camino a la violencia y la intolerancia».
Este mensaje dirigido a los jóvenes cobra especial relevancia tras los últimos brotes violentos. Hace apenas dos semanas el campus de la Universidad de Navarra en Pamplona se convirtió en el escenario de lanzamiento de piedras y botellas en una convocatoria de GKS (Gazte Koordinadora Sozialista) contra el agitador Vito Quiles. Unos incidentes que se saldaron con dos detenidos y al menos cinco heridos, entre ellos cuatro agentes y un periodista. No era el primer choque de este tipo. A mediados de octubre, en Vitoria, radicales de izquierda y de Falange se enfrentaron en Vitoria y superaron a la Policía. Hubo 40 heridos y una veintena de arrestados. La presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez, calificó esos hechos como «muestras de un gravísimo problema de radicalización».
En el escenario del Palacio Europa, la directora de Derechos Humanos y Atención a Víctimas, Ainhoa Zugasti, condujo un coloquio diverso. Participó Maixabel Lasa, la viuda del gobernador civil de Gipuzkoa Juan Mari Jauregi que fue asesinado por ETA en el año 2000. «Yo no soy una víctima, lo es mi marido, que se ha perdido todo lo que hemos podido vivir mi hija y yo en estos años», apuntó. También contó su experiencia como directora de Víctimas entre 2001 y 2012.
«Infierno personal»
A su lado se sentó Amelia Machimbarrena, nieta del coronel de infantería Diego Fernández Montes, asesinado por ETA en diciembre de 1978. Representaba, en palabras de Zugasti, «a los militares y policías asesinados en la Transición, unas víctimas especialmente invisibilizadas». Agradeció la placa colocada en Vitoria en memoria de su padre y narró algunas experiencias personales. También celebró que «se arrope» a las víctimas y que «el sufrimiento padecido por ellas no se olvide» y abogó por que el dolor de uno mismo no impida ver el de otros.
Mostró su solidaridad con Ixone Fernández, que agradeció «ser la primera víctima de tortura que ha sido invitada a este acto» y que recalcó que «estar aquí me permite reconocerme como víctima y ver que era verdad mi verdad, no un relato de manual, sino mi infierno personal».
«Volvemos a ver intentos de polarización. Esfuerzos por separar y monopolizar el dolor de unas víctimas para deslegitimar y negar a todas las demás. Por eso es tan importante un día como el de hoy», destacó María Jesús San José. La consejera de Justicia y Derechos Humanos insistió en la importancia de recordar «lo que ha ocurrido y lo que, jamás, debe volver a ocurrir» y pidió que «las víctimas de la violencia no lo sean, también, del olvido». En opinión de la mandataria socialista, «su testimonio ha de ser una llamada de atención a la juventud sobre el dolor y sufrimiento que genera el odio y el señalamiento del diferente como si se tratase de un enemigo».
El acto se cerró con un cóctel en el que algunas víctimas expresaron su recelo por el hecho de que se reúnan «violencias tan diferentes en la misma mesa, aunque se deba reconocer a todas».