'Josu Ternera', el símbolo de la historia de ETA

Josu Urrutikoetxea, conducido a la cárcel tras tomar posesión somo concejal de EH en Miraballes en 1999.

Urrutikoetxea vivía desde hace años al margen de la estructura de la banda y fuera de sus aparatos

FLORENCIO DOMÍNGUEZ

El próximo 31 de octubre se cumplirán 51 años de la primera acción de José Antonio Urrutikoetxea, 'Josu Ternera', como miembro de ETA: la realización de pintadas en los cementerios de Basauri, Llodio y otras localidades cercanas la víspera de la festividad de Todos los Santos. En las pintadas, con Ternera intervino también José Miguel Beñaran, 'Argala'. Los dos acababan de ingresar en la banda y los dos acabaron siendo importantes dirigentes del grupo terrorista.

Más de medio siglo después, 'Ternera' era el único militante que quedaba en la clandestinidad de aquella generación. Ha sido número uno de la organización, jefe del 'aparato político' y representante oficial de ETA en sus negociaciones con el Gobierno español. Sin embargo, los servicios de Información, tanto españoles como franceses, coinciden en destacar que desde hace años está fuera de las estructuras de ETA. Durante la fase de los preparativos de las conversaciones con el Gobierno entre 2005 y 2007, Urrutikoetxea estuvo en estrecho contacto con el 'aparato político' de ETA como lo acredita la aparición de sus huellas en los mismos pisos usados por los entonces integrantes de esa estructura. Pero ni siquiera formaba parte de la dirección de ETA cuando se sentaba frente a frente con Jesús Eguiguren y la prueba es que a mitad de las conversaciones, la cúpula etarra lo sustituyó por Javier López Peña, 'Thierry', que sí formaba parte de la dirección de la banda.

'Josu Ternera' era entonces un símbolo, el representante genuino de la historia de ETA desde que comenzó el camino de la violencia. Era un símbolo hacia el interior del grupo terrorista y de su entorno y lo era también hacia el exterior. Y lo sigue siendo.

El anuncio del abandono del terrorismo y la declaración de Aiete, en octubre de 2011, se suponía que iba a estar acompañado de la apertura de un nuevo proceso de negociación en Oslo. ETA envió a dos de sus dirigentes, Iratxe Sorzabal y David Pla, a esperar a los enviados que nunca llegaron del Ejecutivo español. Pero no estuvieron solos. El Gobierno noruego exigió la presencia de 'Josu Ternera' y ETA no tuvo más remedio que aceptar que la tercera silla la ocupara el veterano exdirigente. Las autoridades noruegas, seguramente, creían que una figura simbólica de trascendencia histórica como Urrutikoetxea daría más solidez a una representación formada por dirigentes bisoños recién llegados a la cúpula de la banda y sin demasiada ascendencia sobre sus propios compañeros.

Ternera estuvo en Oslo, al igual que Pla y Sorzabal, hasta que el 18 de febrero de 2013 fueron expulsados del país nórdico. A partir de entonces volvió a sumergirse en la clandestinidad particular en la que ha vivido todos estos años, fuera de las estructuras de la organización terrorista, de sus circuitos y de sus conexiones. Sin duda, esa forma de vivir ha contribuido a reforzar su seguridad al permanecer al margen de la actividad orgánica de los miembros de ETA tan controlada por los cuerpos de seguridad.

El veterano dirigente etarra ha echado mano de amigos y contactos particulares, ajenos a las redes habituales la banda, cuando ha necesitado conseguir algún refugio o ponerse a salvo. No es muy distinto lo que ha hecho en los últimos años su hijo Egoitz, detenido en 2015 a las afueras de París. En su refugio de Saint Dennis, el hijo de 'Ternera' se había servido del apoyo de una amiga de su mujer que ya le había ayudado en ocasiones anteriores. Conexiones personales, al margen de los aparatos etarras.

Vivir al margen de ETA, con sus propios recursos, ha permitido a 'Josu Ternera' mantenerse en libertad. La mejor prueba es que ninguno de quienes estaban en la dirección de la banda terrorista cuando se desarrollaron las conversaciones con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero está actualmente en la calle. Todos fueron detenidos, igual que todos los que les sucedieron. Sólo Urrutikoetxea seguía libre, aunque ya estuvo a punto de ser arrestado en dos ocasiones. La primera fue en 2011 en la región francesa de Saboya donde tanto 'Ternera' como su hijo fueron localizados por los servicios de Información galos. Los dos lograron entonces eludir el arresto y ganar unos años más. La segunda, en julio de 2013, en la localidad de Durban Sur Arize, un municipio del departamento de Ariege, en las estribaciones de los Pirineos, de apenas 200 habitantes. El veterano miembro de ETA vivía allí desde hacía años con su pareja. Apenas tres meses antes acaban de tener un hijo.

La última fuga fue causada porque 'Ternera' madrugó más que los policías. Los agentes fueron a detenerlo a primera hora de la mañana como prevé la legislación francesa, pero el veterano etarra se había levantado horas antes y había salido de la casa sin que se advirtiera el movimiento de Urrutikoetxea. Estos episodios han contribuido a que se difundiera la creencia, incluso en sectores de la izquierda abertzale, de que no había intención política de capturar al histórico dirigente etarra.