El día que Franco apagó la tele
Los días de luto tras la muerte del dictador fueron sufridos por la pequeña pantalla
Mucho hablar del 20 N de 1975 pero nada de los tres días de pantalla en luto. No pongan esa cara. Para un crío de ... 9 años fue un mazazo saber que esas jornadas sin cole suponían que la tele, cuando no emitía marchas militares, se fuera a negro. De haber sido verano o vacaciones la cosa habría cambiado. Pillabas el balón y a la calle. Pero estábamos en invierno. Y de los de antes. Cuando llovía menos de golpe, pero más continuado. Zapatos o katiuskas y un buen chambergo. O el famoso tabardo. Aunque siempre había momentos para la televisión. Sobre todo los sábados. Aquel 22 de 1975 también lo fue. El jueves había muerto el tipo del bigotito. Patxi, le llamaban algunos con retranca. Y los niños notábamos una cierta mezcla de alivio e incertidumbre en los adultos. Qué pasará. Esa era la máxima. Pero a esa edad el futuro alcanza a qué voy a merendar y qué dan por la tele. Por eso nos indignó que Franco la apagara.
Fue con carácter retroactivo. Tras su muerte, como digo y recordarán, hubo días de luto donde nadie tenía claro qué hacer, salvo la pequeña pantalla que anuló su programación. El jueves, día de su muerte, tenía un pase. Pero lo del viernes y el sábado era inaceptable. Suponía eliminar esos ratos que formaban parte del tiempo de ocio. 'Un, dos tres' había hecho parón meses antes y aún no existían 'Los Ángeles de Charlie', ni 'Starsky y Hutch'. Pero los fines de semana tenían citas ineludibles. Como Kojak. Antes del señor de la Lotería el calvo más famoso, con permiso de Yul Brynner, era Telly Savalas. Su chupa-chups hizo historia en la televisión y más tarde en las carameleras. No fue para tanto, pero tenía su aquél, 'El Hombre de los 6 millones de dólares'. Impresionaba. Tras un accidente donde perdió el ojo izquierdo, el brazo derecho y las dos piernas logró ser algo así como un súper héroe gracias al proyecto Biónica. El sereno de nuestro barrio era cojo, manco y tuerto. Siempre pensé que podría haber sido el perfecto candidato. Pero no vivía en la tele. También era tuerto el padre de 'Vicky el Vikingo'. Halvar tenía un hijo con más cabeza que cuernos en el casco. Sus aventuras fueron cita obligada. Pero lo mismo nos emocionábamos con Tejure y Snorre que mirábamos, con ojos de niño aspirante a hombre, a 'La mujer policía'. Que uno era chavalito pero no tonto y tenía claro que Angie Dickinson era una mujer de bandera. Y encima pillaba a los malos.
Tampoco vimos aquél viernes 'El Hombre y la Tierra'. Y eso sí que fue dramático. Estábamos enganchados a las vicisitudes del buitre leonado, el lirón careto y el lobo ibérico. Saber que una ardilla habitaba en una tronca hueca me cambió la vida. No exagero. Hay frases de Félix Rodríguez de la Fuente que todavía repito de carrerilla. Y lo mismo sucede con entrevistas, personajes y escenas de 'Directísimo'. El paisano José María Iñigo fue un genio avanzado a su tiempo. De aquellos programas deberían aprender quienes creen que han inventado la tele. Pero pasemos al sábado. Aquél 22 de noviembre de 1975, echamos de menos 'La Guagua'. Con su Torrebruno cantando a tigres y leones. Dicen que la primera entrega fue un lunes. Servidor lo recuerda los sábados por la mañana. Lo que sí cambió de hora, y pasó de la tarde del sábado a la mañana, fue el concurso 'Torneo' donde dos colegios se enfrentaban, evocando a su predecesor 'Cesta y puntos'. Nada de eso hubo aquél día. Tampoco los dibujos de 'Yogui y Bubu' o 'La Pantera Rosa' que soltaban a media tarde. Pero, sobre todo, echamos de menos a Gabi, Fofó, Miliki y Fofito con su «Gran circo de TVE». Eso sí que era luto riguroso.
El domingo anularon la emisión del primer programa de 'Gente Joven'. Decidieron pasarlo al siguiente fin de semana. Tampoco emitieron 'La casa de la pradera'. Familia tan empalagosa como hipnótica. Odiaba a Laura Ingalls. No se puede ser tan resabiada. Lo que sí hubo fue un telediario, más en blanco y negro de lo habitual. Y para cuando nos dimos cuenta ya era lunes y tocaba regresar al cole. Han pasado 50 años, pero no puedo olvidar que nos privaron de la tele durante aquellos largos y aburridos días. Ya sé que hay temas más importantes sobre aquellos días. Pero cuando escucho a cierta gente diciendo que con Franco se vivía mejor, antes me irritaba. Ahora pienso que llevan algo de razón. Porque por entonces tenía 9 años, no trabajaba ni tenía responsabilidades. Así que, en ese aspecto, estaba mejor que ahora. Igual se refieren a eso. Lo único que me preocupaba era qué daban por la tele. Y era feliz. Por eso, ahora que lo pienso, Franco me jodió aquel fin de semana.
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