Tercera sesión del juicio

El jefe de la Ertzaintza señala a uno de los mandos procesados por el 'caso Cabacas'

Aldekoa, junto a la consejera Estefanía Beltrán de Heredia. /E. C.
Aldekoa, junto a la consejera Estefanía Beltrán de Heredia. / E. C.

Jorge Aldekoa afirma que el 3.389 era el responsable del sector y que debía decidir «qué hacer y no hacer» en el callejón

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

La responsabilidad era del oficial 3.389. Esta es la esencia de la declaración que el actual jefe de la Ertzaintza, Jorge Aldekoa, ha realizado este miércoles en la Audiencia Provincial, donde se juzga a seis agentes por el homicidio de Iñigo Cabacas en abril de 2012 por «imprudencia grave profesional». Aldekoa, que en aquella época era el 'nagusi' de la comisaría de Bilbao, ha puesto así el foco en uno de los agentes procesados por la muerte del joven aficionado del Athletic. Lo ha hecho porque, según ha dicho, el 3.389 era el ertzaina con más galones en el sector en el que se produjo la carga mortal con pelotas de goma. «Tenía el mando sobre las furgonetas». Debía decidir «qué hacer y no hacer», ha enfatizado. Es decir, debía decidir si cargar o no contra el callejón.

La declaración de Aldekoa ha sido la que más expectación ha generado de la tercera sesión del juicio del 'caso Cabacas' que se está celebrando en Bilbao. Han vuelto a pasar por el juzgado una decena de testigos, todos ellos convocados por la acusación particular que representa a los padres de Iñigo. El jefe de la Ertzaintza se ha sentado frente al micrófono en octavo lugar. Y no ha dudado en señalar a este oficial, hoy retirado, como el responsable directo del sector 1 durante el dispositivo de seguridad que se organizó para el partido entre el Athletic y el Schalke 04 y, por tanto, como el mando que debía tomar las decisiones sobre el terreno.

Aldekoa ha cuestionado de esta manera la versión que el propio 3.389 dio al tribunal el pasado lunes. Este mando intermedio aseguró en su declaración que él en realidad sólo tenía influencia directa sobre los ertzainas de su furgoneta, la número 12. También dijo que no salió del vehículo cuando llegaron al callejón de María Díaz de Haro –a donde habían sido movilizados para atender a un herido en una pelea– porque recibieron el impacto de una serie de objetos y prefería recabar «datos» antes que «salir como locos» hacia los atacantes. Es más, no dudó en afirmar que ya en el lugar no tuvo la sensación de que los incidentes por los que les habían movilizado siguiesen en activo. De hecho, subrayó que él se habría marchado de allí en cuanto llegó con el vehículo policial y cuestionó que el jefe de operaciones de la comisaría (conocido como Ugarteko) hubiese decidido mandar «gente uniformada a la herriko». Un lugar en el que si ven «llegar a los «cipayos y tienen un botellín» te lo van a «tirar», dijo. A su juicio, se trató de una decisión «incorrecta» a no ser –deslizó– que se buscara una «sarracina».

Sin coincidencias

Lo único de su declaración en la que coincidió Aldekoa fue en que, después de tantos años disparando proyectiles de goma, «nadie sabía que las pelotas mataban». Por lo demás, cuestionó abiertamente su versión. Algo importante si se tiene en cuenta que, además de tratar de probar quién efectuó el disparó que dejó herido de muerte a Cabacas, lo que también se dirime en esta vista oral es quién tiene la responsabilidad de la carga con pelotas de goma en el callejón. Ya sea por acción o dejación de funciones. Sólo uno de los tres mandos procesados ha admitido que dio la orden de disparar porque, según declaró, era absolutamente necesario.

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